Las palabras son de paja. Sólo el aliento que las pronuncia puede o no incendiarlas, hacerlas algo vivo. La verdad es la condición de la palabra viva
—¿Estabas, pues, tan triste el día de las 43 veces? El Principito no respondió. Antoine de Saint-Exupèry
miércoles, 30 de diciembre de 2015
Kotodama
martes, 29 de diciembre de 2015
Me vence el cansancio. Me acuesto fotofóbica, queriendo huír de no sé dónde. Por alguna razón que no alcanzo a precisar, lloro antes de irme en sueños.
Entonces lo veo: el bosque a cuyos pies duermo esta ahi, es el mismo. La misma es también esta noche. Pero yo, que estoy en la cama, estoy descalza en el borde del bosque, dándole la espalda a la Yo que duerme en la cabaña, enfrentando la espesa oscuridad del bosque, esperando. Esperando algo, no se qué -la Yo que duerme lo ignora -, pero esperando. En unos momentos asoma desde la sombra, lento, fluído, el refucilo leve de la espuma. Despacio, musical, mansamente, las olas van acariciando los arboles en la oscuridad, hasta que me mojan los pies en ese saludo nuestro que el mar y yo recreamos desde siempre. Miro mis pies mojados.
Sospecho que la Yo que duerme sonríe en sueños
lunes, 28 de diciembre de 2015
El otro tigre
La ultima -de hace un ratito, mientras tomaba mate tejiendo prácticamente oscuras- era sobre la realidad.
Yo no tengo ni idea del tema, asique discutir con vos cuando no estás la convierte en una discusión interesante, porque de otro modo seguramente me destrozarías muy académica y fácilmente, y a mi me interesa más jugar.
Yo me reía, malvada y soberbia como me permito ser a veces, de tu necesidad de explicaciones, de que lo que es coincida con lo real, con lo coherente, lo comprensible. Mi risa estaba muy justificada, por otro lado: todo tu planteamiento me lo inventaba yo, de modo que tu necesidad de realidad era en si misma una negación de su raíz, casi un oxímoron: un ser imaginario que exige realidades. La cosa, como ves, resulta muy divertida.
Con todo, me dedico a refutarte, a vilipendiar alegremente tu maciza búsqueda de sentido, de entendimiento, de racionalidad en lo que me pasa con vos. Entonces te digo, mientras se me escapa un punto del tejido y suena la guitarra lenta y cae la nieve, que eso es una tonteria. (Sí, un argumento irrefutable, el mío. Son las ventajas de inventar discusiones privadas: no necesito ser brillante, ni siquiera medianamente inteligente, ni tener siquiera argumentos.) Es una tontería, porque mi padre. ("Ahi está!: mi padre!") Mi padre murió en un segundo (prefiero creerlo así, siempre que puedo). En un segundo y ya no está, ni antes ni después. Y paso mucho tiempo imaginando qué hacia, qué sentía, qué haría ahora, qué hubiéramos hecho si hubiera venido, qué no haremos, cuándo y dónde me faltará mas notoriamente; recreando sus gestos, adivinando sus secretos, recordando su voz o sus manos o un modo que tenía de mirarme.
Mi padre, que ya no está, está todo el tiempo. Mi padre que ya no está en esta realidad como un ser vivo. Mi padre que ya no hace ni ama ni anda ni sueña ni se duele ni imagina ni espera nada. Mi padre.
Y entonces yo te digo: si a través de pensarlo lo hago entrar en mi realidad...si a fuerza de imaginarlo y de recordarlo y de suponerlo, algo suyo (o algo que quedara de su presencia en uno o en muchos tiempos; algo decantado ) se vuelve real a través mío...por qué no podría ser real todo lo que a mi se me ocurra imaginar o suponer sobre vos?. Quién te pensás que sos para venir a negarle a mi imaginación, a mi delirio, a mi locura su carácter de demiurgo?. Por qué, si puedo hacerlo volver en mi recuerdo (los recuerdos son reales?no me lo digas, no quiero saber), no voy a poder inventarte a vos, no voy a poder sentir lo que se siente al acariciarte o sonreír secretamente ante la imagen de tibia intimidad que me embarga al vernos sentados charlando?. Por qué no puedo hacer un mundo e imaginar sus muchas aristas de decantar la sensación que me produjo un gesto mínimo que hayas hecho, o la forma de tu antebrazo o la sombra de tu barbilla, o incluso el modo en que pronunciás una palabra o el tono de tu voz? . Decime, a ver?
Vos, convenientemente, te quedás callado y sonreís de ese modo en que lo hacés cuando mentís y querés evidenciarlo.
Yo sonrío también, torpemente triunfal, y sigo tejiendo mientras la nieve y la noche que ya cayó y vos que estás quién sabe dónde sin saber siquiera que estas acá y acabo de ganarte una discusión brillantemente ridícula y falaz
Tejer una bufanda blanca a la luz de la nieve, de la primera nevada en una cabaña en el bosque, un dia de diciembre. Parar, sorber el té, mirar lentamente cómo los copos resbalan despacio por el cristal, empañando el pino
Viento como nunca antes. Viento.
Viento en el que abro los brazos y la sonrisa. Viento encima de las rocas y dentro de la habitación de madera; viento que dobla los arboles y hace aletear a mi bufanda de colores. Viento entre el brezo y los pinos ibéricos. Viento que hace fluir las nubes que atravieso mientras ando por un camino de tierra, empapada de niebla.
Viento como nunca antes que me hace pensar de pronto en el dragón blanco que me trajo hasta aquí, ese en que vi convertido el avión al despegar, feliz, asombrada, en medio de un viento que -recuerdo - me quitaba del pecho la costumbres, lo "mío " que volaba hacia atrás como hojas de otoño a fuerza de la fricción del aire que el dragón trepidaba mientras me acercaba a él con cada segundo. Viento que me atravesaba, como éste
Viento como cierre, como simetría, y también como inauguración, tal vez, de otro vuelos
domingo, 27 de diciembre de 2015
Nada que pretenda ser humano puede ser siempre de la misma manera y acertar cada vez
Una diana en un bote en un río
Un hombre que desde la orilla repite el mismo tiro una y otra vez: misma distancia, misma fuerza, mismo recorrido
Pero la diana se mueve, a fuerza del río
Imperceptible, suavemente, no importa,
pero se mueve
Acertará nuestro hombre, sin duda
Alguna o varias veces
(El reloj descompuesto de Pappini debería venir aquí a reclamar derechos de autor, pero da igual)
Pero si lo que quiere es acertar muchas,
debe cambiar
Porque cambia el objetivo
debe cambiar el modo de llegar
Nadie es, nadie puede ser, nadie debe ser
Siempre justo
Siempre cruel
Siempre bueno
Siempre noble
Siempre ruin
Siempre valiente
Siempre brillante
Siempre imbécil
Siempre cobarde
Nadie puede,
nadie debe,
nadie lo es
si es hombre
viernes, 25 de diciembre de 2015
Fénix
Sólo entonces. Sólo cuando la Vida se te meta adentro, te de vuelta, te destroce, te rompa, te lacere. Sólo cuando te ahogue irremediablemente y la desesperación no haga más que hundirte cada vez más con cada movimiento que pretendía salvarte. Sólo entonces vas a saber que nada hay que puedas decidir realmente mas que dejarte ir; soltar amarras.
Existe la emoción (el poder centrifugo de la Vida, el agujero negro, la fuerza gravitacional: el poderoso centro, Alfa y Omega) y es querer controlarla lo que te desquicia, lo que te rompe, lo que separa la finísima capa del sentido de todas las cosas que existen.
No hay bien y no hay mal. Sólo está lo que existe y lo que no; y sólo dejando que lo que es sea, más allá de nosotros y nuestras máscaras, respiraremos realmente; nos habitará la vida que nos rompe.
Pero es que así y sólo así. Sólo decidiendo morir, renacemos.
jueves, 24 de diciembre de 2015
martes, 22 de diciembre de 2015
Qué tremenda victoria
me parece a veces
haberte entregado mi fragilidad
-haber puesto en tus manos
desnuda(s)
ese cristal finísimo de mi escencia mas cruda;
haberte dado la posibilidad
de que me rompas
confiando en que no lo harías -
aunque no hayas sabido qué hacer
con élla
Qué grande me siento
cuando me reconozco
tan pequeña
A veces me pregunto qué partes de la tierra y del tiempo en que nací se revelan en mi. Sería otra mi cintura, la forma en que muevo las manos, la dirección de mi mirada si hubiera crecido en otro lugar?. Hubiera sido distinto mi modo de andar, el resoplido del hastío, la cadencia de mis silencios?. Qué ángulo formaría mi mentón al quedarse mirando a la nada mientras busco una palabra?.
Está la llanura inmensa y un algo en el aire, la tierra roja y la negra; hay sangre y gente que mata por aburrimiento, hay un mascar pasto como silencio y la costumbre de la soledad y las letras como lanzas y hay además una violencia incontenible que se vierte en la pasión de muchas formas. Está el tajo que nos funda y el lúpulo y la tierra helada; esta el yaguareté acechando en el verde oscuro y el agua imposible y hay además tierra cuarteada y salinas que abren la piel y los labios. Hay crudeza y el continuo nacimiento de la desesperanza y su correspondiente, resignado resistir. La lágrima de la mano que se estira para pedir y el asco y la burbuja incorruptible del que no sabe ni quiere saber, del que no mira nunca realmente el espejo.
Hay máscaras, mil máscaras que transfigura el tiempo (una y la misma, pienso a veces, hecha de barro demiúrgico que un dios borracho no termina nunca de definir y rompe una otra vez -se duerme encima, la hace pedazos sin querer; se angustia, luego ríe - y escupe y amasa de nuevo y somos figuras que el aire reseca y resquebraja, como en el Popol Vuh); en realidad no existimos, somos el entresueño de la fiebre del hombre de "Las ruinas circulares" de Borges; el fuego no nos quema y sin embargo nos nace: somos el fuego. Somos la fiebre y la destrucción y la pureza y la ceniza que abona la tierra.
Todo eso, digo yo, se me ve en las manos?algo en mis lunares lo revela?tiene mi modo de torcer apenas la boca, cruzar las piernas, dormir boca abajo, sentir en el pecho un sol a punto de implosionar algo que ver con todo ese tiempo y esa historia, esa sensación de que el aire contiene una sustancia, un componente que se respira sin darse cuenta y que se nos mete como la rabia o el oxígeno en las venas?
En la puerta del bar, en la madrugada glacial, fumamos. Me pregunta qué hago acá, cómo aparezco en la puerta del bar, en la madrugada glacial, fumando, en este pueblo perdido de Galicia
-Me enamoré- le digo después de unos segundos de silencio, preguntándome lo mismo.- Luego, me separé. Y ahora estoy aquí, con vos, a la deriva, viendo cómo se desenvuelve todo, viendo hacia dónde...-
Me sonríe francamente y me dice con ternura "ay, me gustas mucho". Nos abrazamos. Hace cinco minutos que la conozco y las dos sabemos que no nos vamos a ver más, que en unos días vuelve a Irlanda y yo sabe dios dónde . Se ilumina cuando habla de un chico de allí con el que trabaja; nos muestra vídeos y dice que está muy enamorada, que es brutalmente inteligente y lo admira mucho. Cada tres palabras dice "Patrick"y nos cuenta que no nos escuchamos, que a Patrick nadie lo escucha, que ese es el problema y no el autismo.
Hay un puente intangible pero certero entre su mirada y la mia, tal vez de la sorpresa, de la prístina alegría de la palabra sin más, del goce del momento y la celebración de ser ésto que se es en este punto exacto del camino.
"Yo sabia que esta iba a ser una buena noche", me dice. Yo no lo sabía, pero es de esas cosas que me da igual ignorar.
sábado, 19 de diciembre de 2015
Llego y me subo a la roca de encima de todas. Escalo con dificultad, pero llego y el espectáculo todavía dura: delgadas, larguísimas, las nubes son lenguas de fuego, oro líquido. Nadie en la cuesta, ni en ningún lado. Sólo yo y el atardecer, despeinados.
Casi me lamento de no haber cogido la cámara en la carrera porque es tan hermoso que lo tienen que ver los que no están, pero entonces me pongo a pensar en esa necesidad tan actual de "compartirlo" todo, de todo llevarlo hacia afuera, hacia el otro, como si sólo atestiguado de esa manera tuviera valor; como si el valor fuera dado por la mirada del otro que nos mira mirar y no por aquello que miramos. Antes de ponerme a discutir conmigo, con atino, me llamo a silencio, me digo que no me haga perder el tiempo, y disfruto.
Entonces veo, girando un poco la cabeza, un macizo de nubes de un gris violáceo que se mueven, casi apisonadas unas contra otras, sobre la linea apenas curva de la montaña de al lado, erizada de pinos. Hay viento, mucho viento, que las hace moverse muy rápido, y me sorprende que sin embargo el macizo no muestre fisura alguna; me asombra su casi fluir, su voluntad de muro aéreo. "Si una bandada de pájaros quisiera pasarlas, se estrellaria contra ellas"
El río de oro sobre el río de tinieblas; en medio, un celeste rabioso. Sólo ella desentona: esponjosa, impolutamente blanca, se yergue por encima de las nubes que ya empiezan a teñirse de rojo. No puedo dejar de mirarla. Los bordes, perfectamente definidos hace apenas unos segundos, empiezan a borrarse. Se estira lento, el viento la lame, la deshace lentamente. Se desgaja, se deshilacha inevitablemente ; el celeste empieza a verse a través de sus heridas. El río violeta y el río ya decididamente rojo siguen fluyendo compactos, pero ella no se inmuta: apenas algunos tonos de sombras le rozan los párpados en el camino, y unos segundos después el viento furioso la despedaza, la borra por siempre, la difumina con hambre voraz, la disuelve en su seno y se la lleva lejos, lejos, donde nunca más ella, donde nunca más.
De pronto me asalta la curiosa idea de que me estas olvidando, papá.
No el ojo ni la cosa vista, sin la mirada
No el pulmón ni el aire, sino la respiración
No la piel propia ni la ajena, sino el contacto
No las cuerdas vocales ni las palabras, sino la voz
No el oído ni el sonido, sino la vibración
No yo ni el otro, sino lo que Es
viernes, 18 de diciembre de 2015
Los libros han sido, siempre, medios para conocer a los Hombres. Todos me han dicho cosas, buscadas o no, sobre ellos. Sobre mi.
Es curioso pensar que me he pasado la vida leyendo manuales de instrucciones escritos por las cosas mismas.
No se por qué la gente habla de distracción cuando habla de lectura: pocas cosas se me ocurren más serias, más cabales, más comprometidas e incluso más peligrosas que leer. Porque no se puede "desleer". Porque las letras son conjuros sagrados que se pronuncian en silencio y descorren velos invisibles que ya no pueden volver a su lugar. Todo, incluso lo mas nimio, revela algo. Incluso para los incautos, pienso. Sucede que nunca sabemos bien qué. No somos capaces de preveer de dónde vendrá la mordida de la serpiente que nos envuelve lenta, circularmente.
Las cosas que dicen los libros -en tanto son cosas que se dicen con palabras- son pasadizos que se extienden oscuros en la oscuridad más absoluta: existen, tienen límites palpables, establecidos; llevan a algún lugar, pero nunca sabemos realmente dónde.
Sin embargo los libros en tanto objetos tienen algo que me resulta fascinante: no se si hay otras "cosas" que representan de manera tan acotada en su manifestación física, tan clara ese proceso de transformación, ese camino de ida. Los libros son íconos exactos, resumen, un algo palpable, material, físico, limitado, que encierra en si mismo el latido vital de las cosas que allí no caben. Es tonto decirlo, lo sé, pero no puedo evitar pensar que un libro es como una palabra, en ese sentido.
Me asalta todo ésto cuando termino un libro que leo buscando a alguien. Un libro que, tal vez por todo ésto -o como causa, no lo sé- recorrí buscándolo, como un secreto, como si cada frase o idea o giro fuera un pasadizo oculto hacia su modo de ver y mirar y estar; como si pudiera desentrañar algo suyo, como si pudiera acercarme a él sin que lo sepa.
Y de pronto me di cuenta de que eso me ha sucedido tantas veces, con tantas personas...
Resulta que busco personas, en los libros, siempre: a veces, personas que conozco; otras, personas por conocer (porque ya lo decía Pascal: "La curiosidad no es más que vanidad. En la mayoría de los casos, sólo queremos saber algo para hablar de ello."; y en mi caso particular, esto es tristemente cierto).
No deja de resultarme asombroso, en un punto, elegir consciente o inconscientemente este medio, hacer ese rodeo casi patético, de tan enrevesado. Pienso de pronto en Russell y aquello de "Deja de intentar escribir y en cambio intenta no escribir. Sal al mundo, hazte pirata, rey en Borneo u obrero en la Rusia soviética; búscate una existencia en que la satisfacción de necesidades físicas elementales ocupe todas tus energías. (...) Creo que, al cabo de unos años de vivir así, el ex intelectual encontrará que, a pesar de sus esfuerzos, ya no puede contener el afán de escribir".
Llegar, en fin, al fin buscado, raramente coincide con el medio que se emplea para hacerlo. Los medios -las actividades, los libros las palabras- nos transforman de tal manera que, en el camino, el fin cambia, porque cambiamos nosotros, sin advertirlo. Así -y sólo porque siento una incasable, juguetona, infantil atracción hacia las máximas grandilocuentes y rotundas- nunca se llega a ningún lugar al que se quiera llegar. Nunca se descubre aquello que se intenta descubrir. Pero siempre se llega a algún lugar, y siempre se descubre algo. Aunque estas dos cosas, claro, muchas veces se entienden mucho tiempo después, y a veces, la mayoría, ni siquiera se entiende realmente. No, por lo menos, de manera racional.
La traducción de todo eso que pensamos y leemos y decimos es la acción, el modo de estar en el mundo. Sin embargo, tampoco eso lo resume, nos resume. De casi nadie puede decantarse francamente quién es sólo mirando lo que hace, cómo vive o ha vivido, de las decisiones que ha tomado, por mucho que nos encante pensarlo. Están las razones y la intención y todo una inmensa maraña de significados ocultos, incomprensibles desde el afuera e incluso desde dentro de uno mismo. Siempre algo queda del otro lado; el Hombre no es algo que pueda ser dicho con palabras que claven a la mariposa en la plancha de telgopor. (Lo Vivo, cómo se dice lo Vivo?; eso que palpita detrás de cada nota o fonograma o número o letra?). Somos más hondos; mucho más. Somos en la complejidad del tiempo y el silencio, aunque nuestro hábitat sean las cosas y los cuerpos. Somos lo inextricable; la verdad a la que se llega de carambola, por ningún camino, acaso sin darse cuenta, nunca, de haberlo hecho.
Curso intensivo
Aprender a vivir en esta realidad
donde todo cambia a cada golpe de viento
y lo único que hay para aferrarse
es uno mismo:
esa figura de humo
que las cosas que mueve el viento
transforman
Los focos tajean la noche, el coche demasiado rápido, las curvas, los arboles al costado del camino que despiertan de pronto desnudos, las casas de piedra, los campos sembrados, las sombras blancas de los caballos en la oscuridad, el mareo, la luz del móvil y esta sensación de que quiero tocar o rasguñar o despedazar algo que no existe, de que quiero abrazar algo que no es, de que no voy a llegar ya nunca donde quiero llegar, donde quise llegar, al único lugar donde estuve de esa manera. Y el coche y la noche y la música dando vueltas y vueltas y los racimos de luz de los pueblo ya debajo, lejos, muy lejos, como vos cuando yo hoy volví a decirte que te amaba sentada sola en un bosque que nunca verás, que nunca será, como vos, como yo, como nosotros
Las piedras grises
Las luces sepia
La musica a tope
Vino, ginebra, ron
Gritos de política
de pena
de amor
de asqueroso cansancio
Hartazgo del aire
Humo que rezuma
náuseas escondidas
El silencio afuera
Las voces y las manos
que desconocen y llaman y tocan
un cuerpo anónimo
como madera flotando en el mar
y ríen estrepitosas, hastiadas
La razón de los sobrios
El frío de diciembre en este pueblo lejano, sin nieve
Este asco,
este,
como baba tibia, idiota,
tampoco.
miércoles, 16 de diciembre de 2015
"Entiendo mejor el ribete en el aire
de la hoja solitaria que cae
sobre el pavimento mojado
que mis venas"
o este coche y la música que chorrea
o las voces y la luz que alumbra
-salida de la plena oscuridad-
a la hoja que ya nunca más
que sólo ahora, aquí
que sólo en este momento
y para siempre
domingo, 13 de diciembre de 2015
Hace frío. Mucho frío.
Escucho una canción venida de algún lugar de la memoria; una canción en portugués que me habla sobre todo de élla, que es quien me la dio a conocer hace ya años.
En unos minutos tengo que vestirme e ir a trabajar. Me resisto, me enojo. Quiero quedarme escondida mirando el pino. Quiero sentir el agua caliente que me lleva a casa pasar lenta por mi garganta y quedarme quieta y mirar, nada más.
La canción dice
Seja simplesmente
Compreender a marcha
E ir tocando em frente "
De pronto recuerdo un poema, no se de quién, que habla del sabor de las fresas, y de que uno nunca se pregunta por el sabor de las fresas, sino que lo disfruta (el viento le echa encima al pino un manto de bruma). Y recuerdo Despertares, esa cita que fue la que más me gustó cuando la vi. Y pienso en el mate, y en el calor de mis piernas y en el pino que miro y en el amor que me trae la música y en la ropa que visto y en las manos que, aunque no me toquen ahora, existen. Todo refulge, de pronto.
La fresa. La marcha. Cada segundo. Sentir. Despertar. El regalo.
Una posibilidad de la derrota
Hundir en el barro humeante
las pantorrillas desnudas como rayos
Penetrar la tierra negra
usina feroz
Y mis piernas que se yerguen cual raíces
poderosas
sangrantes
de palpitante filo
Diana soy, y también Dafne
En mi negro laurel arde la flecha
En mi corteza dura, el tiempo gime
La tierra se revuelve, quiere huirme
Quiere salir de mi, hembra salvaje
Pero la domo y la traspaso, la doblego
Me recibe en su seno
Me alimento
viernes, 11 de diciembre de 2015
(Realidad, Patria)
Leo palabras de odio, palabras que sólo miran lo que separa, lo que divide, mientras tomo el café . Palabras manchadas de sangre, escupidas con bronca, con dolor. Palabras de la historia que nunca aprendemos y que, creyendo que la contradicen, que la cambian, la renuevan. Palabras-transfusión para que siga vivo el mismo monstruo de siempre, para que sus tentáculos sutiles, que nos atraviesan no el acto sino la intención, sigan latigueádonos desde adentro.
Hace frío y fumo. La siento apretar un poco más; la dejo hacer. Trago con dificultad algún silencio con gusto a grito. Afuera el sol ilumina los pinos y recuerdo de pronto a Saramago: "La soledad no es un árbol en medio de una llanura donde sólo está él, es la distancia entre la savia profunda y la corteza, entre la hoja y la raíz".
La serpiente aprieta, lenta, sin prisa; pero no consigue, así, acortar esa distancia.
jueves, 10 de diciembre de 2015
Me quedo quieta, casi ausente. Curiosamente, es cuando más presente estoy: cuando el nervio del Silencio me centellea dentro y no puedo mas que mirarlo, sentirlo. Hay una dimensión que se abre, entonces, y dentro todo es oscuridad y acecho de tigres poderosos, totémicos. Las cosas se vuelven cosas, todo es extraño, de pronto. Hay algo rondándolo todo, yo lo siento. Algo que se mueve sigiloso, exacto, como un cetáceo inmenso en la profunda oscuridad de la noche y el océano: sólo el sonido del agua lo delata. Sólo la quietud lo revela.
Entonces vos, que no estás, me preguntás divertido "en qué piensas?", y yo despierto o me vuelvo a dormir, y pestañeo rápido y salgo del trance inadvertido casi sorprendida, pensando en cuánto dice de lo poco que me conocés esa pregunta que no hacés y que, sin embargo, me parece hasta cándida, hasta inocente.
domingo, 6 de diciembre de 2015
Nunca
el absurdo
había sido tanto
Hay hombres, y eso ya es decir
Hay hombres y hay cosas
Hay posibilidades y mundos
Hay sentirse y sentidos
Hay lo que subyace
Lo pretérito
Lo ignorado
Lo inhaprehensible
Y nunca
el absurdo
había sido tanto
Me deja quieta
Inútil
Perpleja
Absorta
Nula
Desarmada
-como quien mira un hijo
diciendo que lo odia,
o descubre un secreto
cuando ya no cambia lo ocurrido -
La verdad
no sirve
para nada.
(Me cago en Russell y sus consejos para la posteridad
Me cago en tu manía de recurrir a los hechos,
de ignorar lo que sabés desde otro lado:
los hechos no sirven
si sólo ves
los que apoyan tu teoría;
Si ignoras la trama
que los sostiene )
viernes, 4 de diciembre de 2015
Lo que contiene el Centro es aire. Si el aire estuviera fuera, si quisiéramos admirarle el brillo y la temperatura, la humedad y la luz, el peso de las partículas, no encontraríamos cómo: el aire es todo, es el vacío, lo indeterminado. No le prestaríamos atención a la misma cosa (cualquier fuera) si estuviera fuera del Centro, perdida entre otras miles de cosas o abandonada en la inmensidad de la llanura: es lo que representa en tanto fin del camino que hasta allí nos llevó lo que le da el tono exacto de los filamentos luminosos que la componen.
Asi, el viento silba entre los pinos, fuera, en una (la primera) noche glacial, y yo doy vueltas en la cama pensando que las palabras son las paredes de un laberinto, son las que le dan sentido al Centro, las que lo hacen ser lo que es. Son, a la vez, las que lo esconden y las que lo fundan (ese doble movimiento, siempre, del todo. Realmente será todo asi, o sólo es mi forma de mirar la que lo encuentra a cada paso?)
Entonces, las palabras: esos obstáculos necesarios.
miércoles, 2 de diciembre de 2015
Tu placer furibundo, rabioso de luz, ante el mío
Taparte con la manta (estirarme para cogerla con una mano, sin mover el resto del cuerpo) para que no cogieras frío después de que te derramaras en mi, feliz, cansada. Ese remanso de paz de tu piel quieta, agotada, luminosamente tibia sobre la mía
Disfrutar de la sorpresa que te producía mi desnudez, tus manos que celebran casi asombradas, dulces, recorriendo por primera vez mi cuerpo tantas veces
Sentirte temblar, hundir sin lastimarme tus dedos en mi carne; disfrutar de ser parte de tu gozo
Sorprenderme también yo de la vehemencia de tu deseo, admirar ese momento en que te perdías en mi, en que soltabas amarras y mi cuerpo se volvía, en su sabiduría cimarrón - impelido por tu aliento- el mundo redondo y fresco, salvaje, nutricio, donde corrían los caballos. Maravillarme de mi lenguaje secreto y de tu capacidad de escucha
Que nada estuviera prohibido; que nuestro sexo fuera una liturgia que celebrábamos alegres, lúdicos; que fuera una extensión de nuestro modo de hacer todo lo demás
Que me encendiera tu olor, que te encendiera mi tacto. Que la barrera de la ternura al deseo fuera traspasable en cualquier momento con apenas un modo de acariciar, de mirar. Sentir ese cambio incluso antes de que ocurra.
Que no quisiera, cada vez, que salieras de mi. Querer tenerte asi, dentro, todo el tiempo que fuera posible, y acariciarte lento. Pasar con delicadeza mis uñas por tus muslos ya quietos, por tu espalda, y sentirte estremecerte
Tu generosidad inquebrantable, tu modo de gozar, igual o más que con tu propio gozo, con el mío
martes, 1 de diciembre de 2015
Mujeres
A una le acariciaron los senos, violeta sobre blanco, con una flor de cantueso
A otra la han visto salir corriendo en medio de un recreo, la ronda hecha y todos hablando, porque una idea la había inundado y tenía que volcarla sobre el papel
Hay una que un día fue un árbol, según le dijeron, donde se refugiaba un gorrión azul en medio de la tormenta, y otra cuya mano fue nido cuando -caminando hacia la parada del autobús en silencio, mirando la luna- la palomita blanca de la pequeña mano amiga se acurrucó ahí
Está la que baila entregada, muchas veces, consumida por la electricidad del sonido. Y la que pide silencio en medio de la montaña para escuchar el silencio.
Está la que danza, lenta e imperceptible, dentro del agua (sólo la parte inferior del cuerpo: nadie se da cuenta ), en un ritual y un juego sagrado que la acompasa con la textura del viento.
Además existe la que pasa por el salón, ve el rayo de sol, sopesa un segundo, suelta la escoba, vuelve a la cocina, prepara el té, pone una canción para mandolina y se sienta al sol a disfrutar.
Una más conozco (acaso la más querida) que sabe abrazar realmente.
Hay una que ha sabido decir franca, crudamente, las cosas que necesitaban ser dichas por el placer mismo de hacerlo, sin esperar nada (una, en fin, que ha probado la libertad, alguna vez)
Otra ha visto a un hombre mirarla con tanta ternura en los ojos que se puso a llorar. Una más, hermana de ésta, orbitó en un minuto eterno las manos de ese hombre frente a una chimenea donde ardía un almendro, como una danza nupcial.
Además existe una que canta: mientras cocina, mientras camina, mientras se baña, mientras hace las compras o cruza la calle, ella canta cualquier canción (y de pequeña, incluso las inventaba) y mira las cosas y siente su cuerpo a través de esa melodía que le vibra el aliento.
También está aquella que soñaba con estar en medio de un campo de girasoles, y lo hizo un verano y fue tremendamente feliz.
Y la que siente que el mar es un llamado eterno que la invoca, siempre (y que aunque no lo vea, siente su toque ceremonial que la busca, y que siente, cada vez que está frente a él, que eso está bien, que encaja, que asi tiene que ser)
Exista una que da, de vez en cuando, con la palabra exacta (esa, la del gozo mas inefable, existe poco, pero existe). Prima suya es una que se recrea deliciosamente con las etimologías y la sensación de que Otros han alcanzado, en algunas páginas, la maestría.
Las hay además ruines, egoístas, ególatras, necias, crueles, rudimentarias, mentirosas, caprichosas, cobardes, orgullosas y etcétera, pero no quiero hablar de éllas. Hoy, no. Hoy quiero hablar de las que me dan alegría.
Hoy quiero acordarme de todas esas mujeres he disfrutado ser.
domingo, 29 de noviembre de 2015
Botánica del silencio
Demasiado que decir
y nada alcanza.
La derrota asumida
sin artificios.
El dolor que inmoviliza
-el nervio contraído, duro
pierde su natural movimiento
y se vuelve carne abyecta, muerte de piedra;
se cierra ante el golpe-
La maravilla que rebalsa.
El asombro.
La paz que no necesita
justificarse (o sea, la Paz).
El absurdo cuando atenaza el aire
de tan hondo.
(En cambio el orgullo, ese gavilán ciego,
no genera silencio sino
que mastica palabras de arena)
El silencio: ese rizoma
sábado, 28 de noviembre de 2015
Quieta y silente, con el asombro del recién nacido, miro momentos pasados que se reproducen en las paredes del círculo (si me atraviesa la fulgurante oscuridad del centro para recrearlos, lo ignoro, pero es posible)
Entonces es sólo ternura lo que me embarga. Cada momento, cada dolor, cada mano abierta, cada herida, cada sonrisa limpia, cada abrazo-crisálida son fragmentos irrepetibles del aire vivo, son tibieza de sol de otoño, son cuentos conmovedores que se leen por la noche, antes de dormir, y nos abren la maravilla y el espanto del mundo, la trémula, sobrecogedora sensación de ser esto que se es, aunque no se sepa qué es exactamente.
A veces quisiera que exista dios, para (con todo) agradecerle el extraño regalo.
viernes, 27 de noviembre de 2015
Regla de la ironía
Alucinante la Regla de la Ironía que atraviesa- cuando no así, de otro modo mas sutil- ese doble movimiento: ahora que los objetos culturales (digamos, groseramente) son abundante, obscenamente asequibles para un inmenso número de personas; ahora que es fácil acceder a las grietas fabulosas desde donde pueden atisbarse la genealogía, la raíz, la textura profunda de las formas de ver y mirar y pensar que confeccionan el mundo en que somos hombres...los hombres nos quedamos con la rama y no con el fruto: somos la sociedad de lo fácil; es a lo fácil, a lo sin esfuerzo, a lo pasivo, a lo superficial a lo que entregamos toda nuestra sangre, nuestra sed, nuestra voluntad. Ahora que todo esta ahi, todo es inútil.
Generaciones muertas en busca de agua y cuando finalmente logran liberar el caudal, los sobrevivientes se deleitan en ensalzar la guerra como máxima conquista.
La creación, vuelvo a pensar, sólo tiene sentido en el movimiento de ser creada. Nada hay que sirva para un fin, porque los fines no obedecen nunca a la intención primaria del creador.
Sólo en la presencia en el momento mismo, en el movimiento mismo, tiene sentido algo: el único trabajo realmente valedero de que somos capaces es hacer algo por el algo mismo, por el placer de ajustar la acción a la idea, de engendrar un correlato fisico de una emoción/visión/idea, y no como medio para otra cosa...
Y porque Berger dice en "Modos de ver" que la introducción de la cámara y el sonido en lo estático de una pintura cambia el significado de la misma (porque se zambulle en la linea de agua que divide la cultura de la cosa y explora la intervención de la reproducción tecnológica como algo digno de analizar en la percepción actual del arte clásico ) es que yo puedo pensar que los dos o tres segundos en que tu mano (enorme, suave, poderosa) posándose en mi cabeza (y la sensación de sorpresa y de quietud que me produjo aquel gesto) no son más que modos en que mi memoria se entretiene en resignificar gestos pretéritos, en ejercitar su sino.
Entonces puedo recrearme una mañana de viernes, casi como un ejercicio tecnológico, en el peso de tu mano, en el modo en que mis rulos cedieron a su peso, en la suavidad del tacto, en el golpecito cobarde con que rompiste aquel breve, lírico silencio antes de irte, en la idea de que el silencio no existió, ni existió el tacto ni la intención de tocarme. Puedo zambullirme también yo en el movimiento de la cámara, de la imaginación o de la memoria, como un modo de señalar al mismo tiempo una porción del mundo que no Es, sino que hacemos que Sea, y el modo en que eso nos dice, nos señala a nosotros mismos. Puedo desarticular, desectructurar el discurso y mirarlo con asombro y deleite, con intriga y asco.
Lo que no puedo, curiosamente, es dejar de sentir el peso de tu mano en mi cabeza.
jueves, 26 de noviembre de 2015
El agua es negra pero refulge suavemente, con brillo y ondulación de seda. Estoy en el bote, que es pequeño y opaco. Una vela también negra, apenas hinchada con una brisa leve, casi una canción, lo empuja hacia la oscuridad. Sólo se ven los bordes de la gran arcada de piedra; una cueva natural.
Estoy sentada de espaldas a ella, en el bote, quieta, mirándome. Tengo el pelo largo, larguísimo, y suelto. Las manos sobre el regazo se dejan deslizar suavemente en la corriente.
Hay algo de despedida y de cosa inevitable en el gesto de los ojos.
No me muevo. La costa no me sostiene; soy un fantasma que se mira irse. No tengo siquiera el impulso de moverme.
Pero tengo miedo, dentro, de no saber -o no poder- volver.
martes, 24 de noviembre de 2015
No se escriben los libros. Nunca se escriben.
Sacrílego me pareció, desde que tengo memoria, ver la letra manuscrita azul o negra o roja con que una mano anónima había socavado la serena quietud, el sagrado misterio de una página impresa.
No tiene mucho sentido, si me pongo a pensarlo: de hecho me emocionan las huellas humanas sobre lo que pretende ser fijo, estático. Me gusta esa humanizacón de un "objeto"(que cosa horrible e injusta para decir de un libro!), esa apropiación; ese modo de ensuciar de vida algo. Me enternece desde siempre ese breve - ingenuo, incluso- gesto de rebeldía y obstinado -insensato, incluso- coraje, si se quiere, de dejar presente el aire que respiramos sobre la inmensidad del tiempo que nos olvida, sobre la rueda incesante que nos aplasta.
Sin embargo, los libros, no. Los libros no se escriben. De donde habré sacado semejante dictamen, tan férreo?. Lo ignoro.
Los libros no se escriben, a menos que sea con lápiz.
Siempre amé las letras hechas del tizne inocente del grafito; muchos años escribí con ellas (y lo lamenté luego, muchos años después, al ver que el tiempo, de nuevo, había adelantado su trabajo allí, borrándolas. Tipo eficiente y despiadado, el tiempo). Con lápiz es la única forma en que se puede escribir un libro (lo demás es destrozarlo, humillarlo). Pero ni siquiera asi he subrayado libros.
Me parecía poner una flor de plástico como ofrenda; dictamen poderoso que nunca pude romper alegremente sin sentir que estaba muy mal aquello, por alguna poderosa, oscura razón. Ni siquiera con lápiz.
Me encuentro de pronto con un poema que hace muchos años que no leo (parece que todo pasó hace muchos años, de repente). Me sorprenden los versos viejos; sonrío en la nostalgia y la sorpresa, como si al doblar una esquina en una ciudad al otro lado del mundo nos encontráramos con el patio de la casa en que crecimos.
Entonces lo veo, y veo en mi cabeza la imagen del subrayado con tinta azul. El único subrayado que hice en mi vida.
No llegaba a los 18 años, creo. Era, y en un sentido sigue siendo, mi biblia personal, aquel libro. Era un templo, un recinto sagrado, una noche privada en que crece la semilla. Estaba manchado de café y tenia hojas y flores secas en las entrañas y mugre de los dedos que lo agarraban en cualquier momento y mi aliento y mis lágrimas y mi asombro y todo ahi, entre las páginas.
Estaba lleno de mi; era yo.
Así se lo di a él. Fue mi forma de regalarme algo valiosísimo.
Él lo tiene ahora, y lo tendrá hasta que el tiempo, ese fuego, se lo coma y se lleve todo.
Pero el subrayado es mío, y me doy cuenta de pronto, con ese asombro que siempre me provocan las cosas que de repente cobran o parecen cobrar un sentido oculto, secreto, fraguado lenta e inadvertidamente por mil circunstancias, que habla de la niebla. Encontrar ese subrayado y ese poema ahora que vivo en la niebla, literal y metafóricamente .
El subrayado, el único que hice en mi vida, lo único por lo que entonces me pareció que valía la pena pecar tan horrible, grandiosamente, decía:
Ojalá que la espera
no desgaste mis sueños
Sigo entendiendo, después de tanto, qué me quise decir
viernes, 20 de noviembre de 2015
Hablar de vos y hablar
como si hablar dijera algo
como si hubiera algo qué decir
como si decir fuera hablar
como si pudiera decirse
algo
del algodón o la fiebre
Hablar con símbolos e imágenes
hablar a trastabilladas y aliento
Hablar y ovillarse y oscurecerse
en la nube negra que se deshilacha
de eso que no ha sido
(que no podía ni debía ni quería ser)
y que
sin embargo
sigue ahí clavado
como una estalactita de hielo
en el lomo negro de la tierra deshabitada
Cambiaria todas las palabras que te nombran
por el silencio de mirarte y saber
(Mirarte y saber
cambiaría todas las palabras que te nombran)
Y es que a veces creo que no soy más que un algo lanceado por muchas varas de distintos tonos y materiales pero que sigue en pie, y la tarea no es otra que la de tomar las lanzas que me atraviesan y mirarlas curiosamente: sentir con las manos calientes, erguida, la rugosidad o la suavidad, la dureza, la condición de flexible o no, ver la herida que me provoca en la carne, jugar con el agua que se escurre de ella, sentir incluso el leve chispazo de dolor con curiosidad al moverla apenas. No hay un sentido distinto que ése, no puede haberlo; no importaría si lo hubiera, tampoco.
Soy apenas eso: un algo que las circunstancias yerguen, el resultado imposible de sus entrecruzamientos (está la temporalidad y el lenguaje que pare las ideas y las cosas que se interpretan; está un modo de sentir y hacer y mirar que es a la vez maleable y caótico; hay una historia y un entramado de actos y libros y gentes y sensaciones y lunas sobre los ríos que no son de ninguna otra manera mas que en ese enfrentamiento frente al Algo atravesado por las lanzas y sólo así ). Soy el asombro, y la búsqueda de ver qué hay en esa distancia ínfima que separa la herida de la lanza, la sangre del agua, la mirada del ojo.
lunes, 16 de noviembre de 2015
Las palabras son el pincel que sostiene el pintor de "El retrato oval" de Poe: si fuéramos capaces de pronunciar lo sagrado (pienso en la Kabalah: de nuevo la religión como modo de describir el mundo, desde mi no-creencia y mi poca originalidad, de manera simbólica ), haríamos a las palabras fuente de Vida. (Imaginar entonces el poder demiúrgico del habla, pensar que "en el principio fue el Verbo", en el dios cristiano que crea la luz diciendo "hágase la luz". Sonreír con la manera que tiene mi mente de decantar algunas cosas que lleva años pensando como si fueran nuevas y, con todo, sorprenderse de pensarlas: "las religiones no son más que elaboradas y tal vez inadvertidas formas de describir el potencial humano")
Tal vez lo inaprensible sea, así, condición necesaria. Lo mismo que la búsqueda. Somos el Sentido que buscamos; somos lo inefable y, al mismo tiempo, la búsqueda por decirnos. Centro y periferia, límite y contenido, vacío creador y borde que contiene y mira hacia si mismo.
Tal vez sólo en esa tensión tengamos posibilidad de ser hombres.
domingo, 15 de noviembre de 2015
Teoría de cuerdas
Me seduce la idea. Me divierte como si me robara un caramelo y me río secreta, como siempre, cada vez que se me cruza por la cabeza mientras viajo en autobús, cocino patatas o me enjuago el pelo.
Once dimensiones, membranas invisibles, mundos invadvertidos y superpuestos: todo teoría, dicen algunos; ciencia ficción y no ciencia, dicen otros. A mi me da un poco igual, me confieso. Yo apenas me entretengo imaginando que los sueños, las cosas que imagino, las conversaciones que tengo con nadie, los abrazos que le doy muy lentamente podrían ser algo que tenga entidad real en otra realidad que no advierto.
Y si fueran manifestaciones de otras dimensiones?y si eso que "vemos" en los sueños (despiertos y dormidos) fuera real en otro lugar y se colara en esta dimensión a través de vibraciones sutiles y etéreas que, torpes, apenas identificamos con actividad cerebral residual?
(y si hubiera un lugar donde, al contrario que aquí, vivo más de lo que imagino?)
sábado, 14 de noviembre de 2015
Cosas que pasan
Está el fino polvillo
dorado
en mi pelo
de otro sol de otro dia
-uno más -
que se va
Yo pienso
por alguna razón
en tus manos
Las palabras son los límites de las cosas. Hablar, escribir, es bosquejar los bordes de lo que no puede ser
dicho, pero que surge, en fin, de los bordes que son las palabras.
jueves, 12 de noviembre de 2015
Baja por la pendiente caudaloso, potente, de repente libre, abiertas las compuertas, desbordado el dique; se precipita como mil caballos salvajes, majestuosos.
En el lecho seco lo espero, brava, desafiante, protegida con mi magnífico escudo: la hoja de papel en que escribí, con férrea convicción, todas mis racionales razones razonadas.
Tejo versos que nunca has de leer
concentrada
(nunca me creo del todo
la imposibilidad de mis fantasias
por muy ridículas que sean
-a menos que sean tan grandes
como mis miedos: entonces, sí,
por mucho que me crea
la posibilidad de que sean ciertas-)
Lamo lento las palabras
les olfateo las manos
para ver de dónde vienen
(sólo las que huelen a tormenta,
a tierra negra, húmeda,
a alcalino aire nocturno
pueden entrar)
Y las trenzo divertida
de maneras en que jamás
se tejería una trenza
Le miro los colores
Le toco, leve, las hebras
(también las trenzas
necesitan calor de mano que cosecha,
suave palpitar de sangre)
Y las cuelgo del cuello de la imagen
de todo lo que ignoro
de todo lo que todavía
porfiada
testaruda
irracionalmente
sigo viendo en el espacio vacio.
miércoles, 11 de noviembre de 2015
Me violentan los límites vulnerados
(limites privados
idiotas
autoimpuestos)
Salgo a caminar, infantil,
mascando bronca
Piso los segundos y las cabezas
arranco las pestañas con furia
Pateo tachos, portones, autobuses
mientras la sangre rauda
me calienta los muslos
fiera
(por fuera, eso si,
apenas ando por una carretera solitaria
donde las luces de los autos
iluminan un segundo mi abrigo mojado)
Me consume la rabia
Voy encendida sobre la oscuridad ardiendo
Quiero gritar y grito
Me trago todo el aire en el vahído
Escupo el dolor y el desconcierto
de tanto
Se agolpan en mi cuerpo mil imágenes La mirada fija en el pavimento
Los pasos acuchillando la brea
Loa músculos de mi espalda se retraen
para resistir el golpe
Para respirar, agotada,
levanto la cabeza,
entonces, las estrellas:
"Cuánto hace
(cuánto?)
que no miro las estrellas?"
Recuerdo, entonces
de pronto
mi lugar.
A la mierda con Freud
El misterio no me sale como estrategia, sino como estancia; no puedo utilizar lo que me funda.
La desnudez es siempre bella; no he sabido desencantarme de lo crudo del cuerpo ni de la palabra.
Me aburre jugar al escondite mucho tiempo: demasiado hay para des-cubrir en lo expuesto como para perder tiempo en los vericueto vacíos del ocultamiento voluntario. Déjenme de joder con el protocolo de la seducción: podrán tejer todos los tableros de ajedrez que quieran, pero nada me atrae más que lo vivo de una Vida
Me aburren las poses: lo que debe ser sutil, lo que debe ser seductor, lo que debe ser suave, lo que debe ser cualquier cosa.
Me canso del secreto: prefiero hundirme en el perfume del gesto abierto; bucear en la luz, siempre honda
Quiero el peligro de lo real. Quiero tus ojos fijos anunciándote, aunque no sepas qué . Quiero que tengas el valor de decir "yo quiero" sin la pretensión de obtener siquiera, sólo por el derecho y la valentía de quererlo, por ser testimonio de un estar en el mundo; por respeto a mi, a mi derecho a saber y elegir. Quiero la boca que se humedece de la alegría de decir su verdad, sea cual sea, como la espuma de la sidra. Quiero beber de ese manantial.
No sé tener miedo de lo que quiero durante mucho tiempo. No sé decir sí si es no, tampoco. Sí sé decir no sé, en cambio. Me parece mucho más sano.
Desconozco las bondades de la famosa histeria femenina. Ya bastante tengo con mis neurosis diarias como para incursionar en campos nuevos.
Que no está bien?. Sea.
Que los asusta?. Sea.
Que les gusta recrear la primigenia sensación de cazador y presa?. Sea.
Que me dejen de joder, entonces.
Me aburre tener que ser otra distinta de la que soy
Creo que la realidad es fractal.
Mirando el movimiento del agua me asalta la idea de que algo nos hermana; soy lo mismo que todo lo que vive pero a diferente escala, con distintas ondulaciones o manifestaciones.
El Mundo contiene el germen de todo lo posible y yo, que estoy en el Mundo, sigo el mismo patrón.
Si pudiera dibujar mi esquema vital, mis posibilidades, mis razones, mi modo de estar en el mundo y de ser esto que soy y no otra cosa, y pudiera a su vez bosquejar el modo en que un diente de león se yergue hacia el cielo y se mueve con el viento y deglute la luz y muere...los esquemas coincidirían, pienso de pronto. Lo que es el Mundo puede atisbarse en mis manos, en el calor que desprende mi cuerpo, en el mecanismo mediante el cual el veneno de la serpiente mata al ratón, la fruta madura en el árbol o un pensamiento se proyecta en una acción.
Es lo mismo. Todo es lo mismo aunque no sepamos por qué ni cómo; aunque en la práctica de la vida diaria todo sea distinto y yo tenga una voluntad y una consciencia y algo que llamamos libertad dentro de ciertos límites (lo tendrán también las otras cosas del mundo, entonces?).
Y si no fuéramos más que espejos situados en diferentes momentos del espacio?y si todo lo vivo reflejara el mismo esquema?. Qué sería aquello que reflejamos?qué es lo que Es?
lunes, 9 de noviembre de 2015
Ese modo que tiene de volverlo todo un paisaje onírico, de mojarme levemente sin que me entere hasta que salgo de élla: eso me gusta de la niebla. La sensación de que convierte la realidad en un sueño difuso, que borra los bordes, que humedece el aire, lo hace palpable y que se ajusta, así, mucho más a eso que yo percibo todo el tiempo.
domingo, 8 de noviembre de 2015
Un amigo que me dice "me encanta oírte reír". Y yo que entiendo. Entiendo.
Me vuelve en un relámpago aquella sorpresa, aquél asombro que me provocaba el deleite de oírte reír: cada vez que te reías me crecía en el pecho un gozo, un disfrute tan primario, tan nuevo, cada vez, como la primera vez que se ve el amanecer. Y me asombraba siempre sentir aquello, ser consciente de esa sensación, de la alegría plena que me embargaba entonces .
Qué hermoso haber estado ahí, haber presenciado tu risa. Qué hermoso el que sea hermoso haberlo hecho.
viernes, 6 de noviembre de 2015
A veces me olvido de lo que sé. Entonces creo, o me hago creer, que te elegía a vos, cada vez. Trato de ponerme el disfraz del altruismo, de la bondad gratuita, pero me queda grande, enorme; me falsean los cierres, me hunde la carne el tiro e intento caminar pero me enredo en lo que sobra y caigo.
A veces me olvido, y trato. Pero no es cierto: era a mi a quien elegía. A mi, porque estar con vos era, siempre, lo que me hacia mejor a mi.
Somos egoístas, siempre, y a dios gracias: todo lo hacemos, en última instancia, en beneficio propio. Incluso eso que llaman amor, incluso cualquier "sacrificio" en su nombre o en nombre de cualquier cosa.
Así, sucede sencilla y dolorosamente que esa vez, la última, elegirme...ya no te incluía.
jueves, 5 de noviembre de 2015
Símbolo
La piel desnuda
frente a vos
-por ejemplo-
no es más que la consecuencia
el correlato
de la otra desnudez
miércoles, 4 de noviembre de 2015
Sentarse y respirar
como un hecho atómico
Escuchar
Sentirse la sangre
(Dentro, fuera:
el aire que mueve las hojas
que miro por la ventana
y que también vos respirás
me llena el pecho)
Ver desprenderse
de ese hecho
todo el mundo
(ahi donde no soy
mas que una palabra
que señala
-pero no nombra-
lo Inmenso)
Ahora, yo digo: si lo que me gusta o no del otro es lo que interpreto, la lectura consciente o inconsciente de lo que hace/dice/piensa, y esa interpretación depende de mi, de mi historia, mis circunstancias, mi propio modo de estar y ser, de "leer", con sus limitaciones y sus libertades, sus desbordes y sus amputaciones...hasta qué punto es posible una relación con un otro que no sea, en realidad, un reflejo de mi relación conmigo mismo?.
Y si te miro desde mis carencias o mi generosidad, si te miro desde mi subjetividad y no desde tu ser vos mismo, por qué tenemos la estúpida pretensión de que el otro es algo que nosotros podemos ver y juzgar, conocer e interpretar sin duda?. Por qué nos enojamos o admiramos, por qué amamos o defenestramos si, al final de cuentas, nada de lo que el otro es realmente puede ser dilucidado como algo en si mismo, sino en relación a nosotros, en diálogo directo con nuestras propias, parciales, imperfectas interpretaciones del mundo y de los mundos? . Por qué será que, con todo, nos seguimos empeñando en "tener razón "?
martes, 3 de noviembre de 2015
Me sumerge el peso, pero muy lentamente. Como si la zambullida fuera un desmayo, me hundo. Me hundo lento y consciente, pero dormida, abandonada. El descenso es un destino y me abandono al movimiento como si el agua, algo en su seno profundo, me llamara, me atrayera hacia si.
Me dejo ir con desidia, con levedad de lluvia. Con confianza en lo que ignoro, con necedad, con abulia.
El mundo desde abajo adquiere la irrealidad de los sueños. Pestañeo.
Las burbujas de aire se escapan de mi cuerpo. Me anega el estómago, me inunda la nariz. El agua me llena los pulmones, y espero. Quieta, temeraria, espero algo, no se qué. Algo que sabré del otro lado de los minutos y del agua, de la quietud y de la muerte.
Espero, pero nada pasa.
Entonces me doy cuenta de que puedo respirar. Allí, en el fondo, también puedo respirar.
Sigo quieta, mirando todo.
sábado, 31 de octubre de 2015
Ciego
Qué torpemente extrañabas
mis letras, mis escritos
mi forma de mirar
Estaba ahí, delante tuyo:
Mirarte
Acariciarte
Amarte de ese modo
tan total
Ese era,entonces
mi modo de hablar
de decir
de escribir
de hacer poesía
Ahora que he dejado de llorar contra el muro que me impedía tocarte y he dado unos pasos hacia atrás y he cogido altura y vuelvo a verte del otro lado...
Ahora viene el recuerdo de tus manos, el color de tu mirada, la nobleza de tus gestos a adquirir de nuevo su cuerpo real. Ahora los olores de nuestra casa, los tonos del atardecer en el huerto, tus costumbres tibias: tu modo de dormir de lado, de dejarte desbordar por la ternura que te daba que hablara dormida, de caminar con las manos agarradas en la espalda, el aroma de tu shampoo mezclado con el de la leña , tus juegos con el fuego, la música que te conmueve, tu espera paciente cámara en mano; tu modo de mirar la realidad cuestionándola para crearla.
Ahora que vuelvo a encontrarte en sueños y me despierto amortajada por telarañas densas y me doy cuenta de que lo que me produce dolor es esa distancia de nuevo, esa distancia que el sueño vuelve a traer, esa distancia en que no me dejas tocarte pese a estar ahí y desearlo con toda el alma. Esa distancia que nada tiene que ver con nosotros (sabés, sé tanto más que eso ) y sin embargo ahí estuvo, ahí está, absurdamente.
Ahora que todo eso es algo que ha sido, vuelvo a verte. Y seguís siendo tan hermoso, tan grande...
Ahora que ya no hay ira (que me doy cuenta, de pronto, que estaba tan enojada, tanto, que no podía siquiera verlo realmente), que ya no es la fuerza de la frustración de que ese árbol majestuoso que cuidamos y vimos crecer no haya podido dar frutos que alimenten la que me ocupa.
Ahora que soy agua quieta que te mira, simplemente...ahora puedo escucharte decirlo todo y saber que no me toca. Que soy lo que soy, más allá de lo que creas. Que soy.
Ahora puedo besarte con lentitud de última nube y decirte "mi amor" de nuevo y despedirme, sin que algo distinto de la certeza me habite. Decirte gracias, decirte adiós.
Ahora que ya no tengo miedo, ahora. Ahora por fin
puedo irme.
viernes, 30 de octubre de 2015
Podría ser coherente
Racional
Madura
Realista
Podría ser normal, ajustarme a la anchura de las cosas que han pasado, a su profundidad, a su peso histórico. Podría. Deberia, incluso.
Pero, ya ves, nunca he sabido cómo no ser la que soy.
En cambio me entretengo sumergiéndome en las palabras, tocando lento las cintas de colores que cuelgan dentro de las palabras: vago por sus grietas, me resfriego en las paredes húmedas, huelo hondo el olor a barro y a silencio. Me divierto pasando la mano por la idea de que me pienses como se acaricia un gato dormido. Sonrío traviesa imaginando tu mirada fija, cálida sobre mi. Adivino tus palabras, invento conversaciones.
Me amparo en el secreto y juego. Juego sola y me entristece y me divierte este secreto que no imaginás siquiera, que no existe en la realidad de los hombres.
Entonces puedo inventar tu piel y acariciarla lento, con pulso musical, con gravedad lúdica. Puedo ver los colores verdes de la aurora boreal desarmarse sobre nosotros mientras andamos por un camino de tierra. Puedo imaginarme que me abrazas con ternura, sintiendo, y la tibieza de tu cuerpo y un modo sutil de abrir las cosas sin ruido, como si las florecieras.
Lo bueno de los juegos es que existen sin existir, son como los sueños: lo incorpóreo los funda, tienen su matriz en los gestos del viento, son volátiles y ciertos, los funda el asombro; y entonces, en esa realidad inventada, en ese carrusel de aire, no hace falta que te explique nada, ni que sea coherente, lógica, sensata, madura, responsable.
Ahí, aquí, puedo hacer, sencillamente, lo que me da la gana. Puedo no tener responsabilidad, puedo crear y abandonar a mansalva la creación para ir a crear otra cosa, para verte sin que seas ni sepas, para seguir recreándome en el acto demiúrgico porque sí, por el puro placer de las burbujas de jabón.
Soy un dios caprichoso que juega en un universo deshabitado.
miércoles, 28 de octubre de 2015
"Las cinco de la madrugada, la lluvia en mis zapatos...piensa en mi"
Sonrío melancólica, pensando "cuidado con lo que deseas..."
La ciudad como construcción. Como construcción histórica. La ciudad como acumulación histórica, como superficies superpuestas; ensambles temporales. Hollín, sangre seca, asbesto, mugre.
Cuando pienso en Buenos Aires, ciudad que se construye sin duda de modo distinto que las ciudades europeas, pienso en inmensidad. Me invade la imagen de vacío, de páramo seco, de agrestes ocres
Buenos Aires era una pared en la llanura , una voluntad nacida y ejercida desde la soledad de lo inmenso. (De dónde salen, de dónde fueron saliendo las líneas que la conforman?. Nadie la imaginó: Buenos Aires se construyó a pulso de ola humana; los limites de lo inmenso/bárbaro/misterioso conquistados, comidos por la marea indomable)
martes, 27 de octubre de 2015
Que eso sí lo iba a extrañar: el espacio que yo era para jugar con las palabras. Que eso que le había dado no lo había tenido nunca antes y sabía que no volvería a tenerlo.
Con los ojos hechos agua me lo dijo, ese día. Con las manos rojas y el fuego quemando el cuerpo.
Yo lloraba. El me dijo -enfatizado el gesto, entrecerrando los ojos- "estás preciosa". Sentí que me clavaba una daga muy filosa, plateada, brillante, limpia.
Las palabras. Las palabras que nos unieron, las palabras que nos separaron. Las palabras que anduvimos y abrimos y miramos.
Las palabras que se volvieron bloques de cemento sin inscripciones legibles. Las palabras que te cerraban el paso, que te impedían ver. Las palabras...
Yo extrañaba tu aire. Tu modo de mirar. Tu olor. Tus gestos. Tu forma de darte. Tu confianza. Tu voz.
Tu voz: no tus palabras.
Ahora tengo que tocarlas
despacio
Están ahí, son las mismas
Pero son otras
La piel es nueva
la piel
Tengo que rozarlas lento
susurrando
como a un niño que duerme
Su fragilidad se esconde
en la distancia
No sé qué hay entre la piel
y la raíz
Es necesario acercarme lento
dulcemente
sentirles el calor que irradia
antes del tacto
En puntas de pie las miro
conmovida
Duermen secretas
su mundo de sentidos
Respiran acompasadas
al ritmo de la marea
No he de despertarlas, no:
las meceré en silencio
Tararearé suave
con los labios cerrados
tibios
una melodía
Y en el vaivén de mi cuerpo
serán poesía
Y esperaré paciente
a que salgan del sueño
lunes, 26 de octubre de 2015
Capaces
En medio del horror
una mano anónima
rota también
también sola
se estira
para dar cobijo
a otra mano
que tiembla más que élla.
Porque sí, porque puede.
Es sólo un segundo,
de los miles de millones
de todos los tiempos
de todos los universos posibles;
Un mínimo segundo:
Nada salva
Nada evita
Nadie se entera de su existencia:
No modifica realidades
No cambia el rumbo de un país
No quita el hambre
Ni previene la matanza
Ni sana la mente del pedófilo
Ni corta el espanto de la cadena
Ni devuelve la inocencia al niño violado
Ni cura la carne enferma
Ni sana el dolor de la pérdida
No devuelve la dignidad al maltratado
Ni convierte en honrado lo infame
No cuida lo sagrado del cuerpo mancillado
Ni despedaza la traición
Ni desarticula la violencia
No resuelve la injusticia
Ni quita el cuchillo de la carne abierta
No transparenta las mentiras
Ni colma las ansias de amor
Ni encuentra a los perdidos
Ni detiene la bala asesina
Ni explica la crueldad
Ni amaina la soledad
No hace que dejemos de ser Hombres,
sino, mas bien,
todo lo contrario.
-Me gusta mirarte. Es gracioso porque, fijate: no sos ésto -toca su mejilla-, ni ésto - toca su ceja izquierda-. No estás acá -sus dedos rozan sus labios - y nada tuyo puede decirme ésto -dice mientras el dedo índice se detiene en su mentón -. No hay nada tuyo que pueda tocar realmente y, sin embargo, me gusta mirarte. Como si los ojos o la piel o las manos sirvieran para algo. Como si lo que viera no fuera en realidad algo que no se ve
No sé por qué habría el Funes
del querido y jodido Viejo
lamentarse tan ampulosamente
de la Memoria:
la Imaginación excede con mucho
sus martirios.
Ya quisiera yo tener la gracia
de entristecerme sólo por lo perdido
(algo cierto habría así que defender
desde lo palpable de la existencia)
en lugar de ver deshacerse
una y otra vez
mil mundos posibles
mil posibilidades por segundo
y llover mansa, pesadamente
sobre lo que nunca
jamás
existió
(crecer musgo sobre ninguna piedra:
verlo morir todo
antes de nacer)
viernes, 23 de octubre de 2015
Semiología de bolsillo raído
Ensimismada en el sofá y la tarde, pienso en los reflejos, en los símbolos. Pienso que todo lo que existe es reflejo, manifestación de otra cosa; que todo es significante de un algo incorpóreo, subyacente.
Repaso con los ojos los objetos de esta casa que habito y les busco la historia, les escucho los sentidos (me sacudo al Caeiro de Pessoa que me susurra:"las cosas no tienen significación, tienen existencia. Las cosas son el único sentido oculto de las cosas"; le digo que sí, que ya sé, que se calle, y juego): el florero viene a decir el significado personal de las flores, la televisión, una época y una costumbre, el armario, un estatus.
Así cada cosa habla de la construcción de una identidad y al mismo tiempo refleja un modo de ser y vivir e interpretar. Cada cosa es un símbolo de quien las posee y a su vez el que las posee es símbolo de una temporalidad, unas circunstancias y el modo en que las habita y lo constituyen a su vez.
Somos en el acto de ser y a la vez somos otra cosa, somos algo más que se expresa a través nuestro. Somos reflejo de lo incorpóreo al mismo tiempo que somos reflejados por lo físico y lo no físico. (Cómo se puede ser tanto a la vez?)
El hilo invisible que enhebra cada cosa que existe (cada cosa, cada hombre, cada acto, cada idea) es inaprensible y omnipresente (y grave, claramente).
Hasta que levanto del todo la persiana para ver el atardecer y me quedo prendada de un árbol amarilleando ya, obediente del pulso del otoño, movido por el viento. Y me oigo preguntar: "y el viento, de qué es reflejo?"
jueves, 22 de octubre de 2015
Poética del espacio
Desde que nos conocemos me decía que ese libro la hacía acordar a mi.
Ella, que es todo misterio y todo sensación; élla que siempre me habla como si yo entendiera perfectamente de cosas que no entiendo, que tiene esa generosidad inmensa de abrirse para mi y dejarme hablarle también de cosas que pareciera que entiendo perfectamente pero que tampoco entiendo. Élla, que me abraza celeste lago y nos vuelve barquitos de vaivén musical en la cocina de su casa; que se encuentra conmigo en la región donde no hay palabras.
Me dijo que me lo iba a regalar(toda la gente que es conmovedoramente importante para mi me ha regalado un libro, pienso de pronto), y lo hizo: lo buscamos juntas la última vez que estuvimos juntas (y ella lloraba porque yo me iba, y yo me iba en sus lágrimas, me hacía agua ahí, en el latido dolorosamente dulce y luminoso de la sorpresa y el amor ), porque no lo encontraba.
Lo leo hoy, a 11000km y más de un año de distancia. Y me siento traidora y sabia cuando lo cierro cada vez que termino de leer un poco y pienso, siento, que no me importa mucho lo que dice, que el regalo no son las palabras ni las sensaciones que suscita, sino su recuerdo, los subrayados que hizo y los papelitos que dejó entre las hojas; saber que sus ojos anduvieron estos los mismos renglones, que su aliento tocó las mismas páginas que ahora toca el mío, y sobre todo, la dedicatoria:"Para un corazón como el mío", puso.
Me siento latir nuestros corazones, mientras lo leo.
Fijaros (sí, dije "fijaros": curioso)
por ejemplo en este pedacito
minúsculo, casi insignificante
de materia, tiempo y espacio
que es mi dedo índice:
con él puedo señalar la luna
y tocar un lunar
Puedo hacer un hoyo en la masa del pan
y otro hoyo, y una surco
y hacerle al bollo una carita
Puedo meterlo, sucio, en una herida abierta
Puedo también -convención mediante- pedir silencio o la palabra
llamar a alguien golpeándole el hombro
o a un camarero golpeando el aire;
dejarlo caer enérgicamente sobre una mesa
enfatizando un punto
Puedo hacer una pierna izquierda
si su hermano mayor quiere caminar
Puedo acariciar el borde de la copa de vino
mientras te miro
Además puedo apretar infinidad de botones
con sus signos correspondientes
Puedo meterlo en las muescas
de la piedra grabada de una tumba
de un templo
de una casa;
en las muescas de la madera cortada
o verde
Puedo recorrer suavemente la línea de tu espalda
Jugar con mi pezón
Escribir mi nombre en la arena
Sacar un pedacito de pintura de la pared
Morderle la uña mientras pienso
Sacarle sonido a una cuerda tensada
Meterlo en el dulce de leche y después en mi boca
Señalar acusatoria
y el camino correcto o el equivocado
Rascarme alegremente
Tensar la cuerda de un barrilete
Enrollarme el pelo
Secar una lágrima
Mojarlo en agua y en ácido
Tapar con tierra una semilla minúscula
Acariciar un conejito
Ponerlo en el borde de la copa
para que no rebalse la espuma
Seguir la lectura en un renglón
o la linea de un camino en un mapa
Puedo tocar el musgo mullido
sobre una roca en el mar
el lomo de un gato
el obturador de una cámara de fotos
el centro de un girasol
el borde de una mesada
la puerta de una sinagoga
la punta de un lápiz
los fotones imperceptibles de la luz
el borde de un cuchillo
el pie diminuto de un recién nacido
el fuego
el tejido hecho por la mano amiga
el interior de un caracol
la hierba silvestre al lado de un castillo en ruinas
Fijaros, fijaros en mi dedo indice:
esa potencialidad pura
esa herramienta de lo que me habita
tan poderoso como el resto de mi;
tan perenne, tan efimero.
Me maravilla mi cuerpo,
este campo de batalla
de tantas guerras
Esta agua en que fluyen
tantas memorias
Esta carne que pare
tantas caricias
Este reflejo que mira
tantas luces
Esta hierba que muerde
tantos vientos
Este piel que tus manos desnudaron
Estos pies que anduvieron por tu tiempo
Estas manos confundidas con tu pelo
Esta boca que se abría a tu aliento
Este pelo rebelde, incomprendido
que se soltaba para vos
Esta cosa física, palpable
que se mueve sólo por lo invisible;
por fuerzas ciclónicas, sutiles
Esto animado por lo incorpóreo:
la voluntad, el deseo, las creencias,
los miedos, las interpretaciones, las ideas...
Época
Moverse hacia adelante (pasar por alto el impulso de preguntarse infantil, seria, lúdicamente acerca de la linealidad del tiempo) y mirar hacia atrás. Sonreír apenas recordando es(t)os tiempos en que el placer era llegar, poner los pies en alto y tomar mate en soledad
En que miraba, furtiva, amanecer sobre Santiago, mientras servía desayunos a viajeros.
En que caminaba 3km a las seis de la mañana, aún de noche, para ir a trabajar
En que corría frenéticamente por los pasillos de un hotel buscando leche
En que todas las casas eran prestadas, para suerte y maldición
En que el dolor se empezaba a asentar, y quedaba la tibia nostalgia de tanta ternura
En que caminaba 3km de vuelta a casa, a la madrugada, y era feliz en el silencio y las luces de los semáforos y las hojas de los árboles como un secreto sólo para mi
En que sonreía sola en cualquier momento, con una mezcla de nostalgia y burla, pensando en algo que él había dicho o yo había imaginado, querido, supuesto, interpretado. En que echaba tanto de menos ese breve páramo de palabras, de gestos sutiles
En que mis pies y mis manos, llenos de ampollas, heridas y cortes, me dolían como si recién hubiera empezado a usarlos
En que el mate...(dije ya el mate?bueno, no importa: el mate, el mate: ese modo de estar en casa)
En que era sobre todo de donde venía y no podía hablar sin despertar curiosidad
En que me reía sola, en silencio, en cualquier lado, porque todo me parecía un juego y nadie se daba cuenta
En que me planteaba seriamente hacer cosas que hace mucho queria hacer ni bien tuviera oportunidad : estudiar francés, violoncelo, viajar más.
En que volvía a leer al sol, sentada en una plaza, esperando cualquier cosa, con el pelo suelto en el viento, rodeada de castañas
En que la Vida se había convertido de pronto en un tejido vivo en que yo era apenas una célula de un órgano que se limitaba a hacer lo que el latido marcaba, sin entender del todo cuál era su función, pero maravillada de su propio núcleo.
En que los amigos despedazaban la distancia a cada rato y yo miraba, sorprendida y agradecida, los jirones ondear detrás de sus gestos
En que aquello era Camino que me llevaba hasta este ahora que será, y que aún ignoro.
miércoles, 21 de octubre de 2015
Rozar con dedos de niebla
la sombra de tu intimidad
Que aparezca entonces
fulgorosa
la piel de tu centro
(creada mágicamente
por mi tacto )
lunes, 19 de octubre de 2015
Eternidad
Y cuando por lo que ahora es la carne de mi pantorrilla derecha
(que miro con curiosidad de pronto, cruzada
sobre mi muslo izquierdo,
como si la viera por primera vez)
trepen gusanos blancos, diminutos, ciegos
nada podrá quitarme la quietud de esta tarde de lluvia
el martillo muerto del segundero del reloj
el aire que ahora respiro y que entonces también será
-como decía Borges de la lluvia-
algo que sucede en el pasado
el libro abierto sobre la mesa y la luz
sobre la calma y el silencio
Este secreto, éste, ahora
será mío por siempre
cuando nadie haya ya para medirlo
(Y esa, la del Pretérito perfecto -perfecto pretérito, tan angular, tan exacto-, es la única eternidad
que nos está permitida)
Distancia
La niña que huye a los gritos del mar
pero se ríe a carcajadas bajo la canilla
La que termina en el hospital
porque se mete una flor y una tuerca en la nariz
La que vuela tres metros por la gracia
de un caballo que la espanta cual mosca
La que pesca renacuajos con las manos y las primas
en el arroyito de al lado de su casa en Moreno
La que despierta a mamá porque tiene pesadillas
y la mandan rezar para dormirse
(cosa que jamás funcionó )
La que sueña o ve al diablo
ahorcado en el árbol de la colina
La que no quiere entrar a casa porque ha llovido
y hay un sapo enorme en la puerta
La que en el jardín de infantes
le planta una rueda en la cabeza al niño más bravo
por defender al noviecito
La que maravilla a los maestros
La que se gana el apodo de "saltarina"
en el almacén de los tanos de abajo de casa
La que se imagina que cuando uno baja del colectivo
el cartel del "mire atrás al bajar" está ahi
porque sale un muñequito a saludarnos, cuando bajamos
La que descubre el dolor del Otro
cuando la mejor amiga no la elije
La que se agarra a piñas con los varones
La que se despierta en un coche hecho cama en la ruta,
al lado de los hermanos,
y se queda quieta mirando las estrellas
y sintiendo el calor de los cuerpos
La que no sale del mar más que para comer y dormir
La que descubre los libros como una forma de estar
en otro lado
La que se da cuenta de que no puede ser monja
porque le gustan mucho los varones
La que en secreto pesca sin carnada
para no lastimar a los peces
La que mira durante quince minutos el atardecer violeta sobre el Paraná,
para grabarlo en la mente porque es demasiado hermoso
La que da su primer beso porque la desafían
La que compara el crecimiento de vello púbico con las amigas
encerradas en el baño del colegio
La que sale despacio de casa, se sienta en un charco de lluvia y descubre la maravilla del agua que cae
La que se roba una sidra con las primas el dia de navidad
porque quiere saber de qué va eso
La que traiciona por primera vez
por vergüenza
La que nunca se lleva una materia
La que discute con los profesores
La que se enamora de un chico que parece que si pero no
y parece que no pero si
La que le lee a las amigas, en los recreos, lo que escribe
La que nunca dio un beso "de verdad"
La que piensa una tarde, cruzando un puente,
que si la gente se diera cuenta de lo grande que es Dios
(entonces, con mayúscula ) todo seria distinto
La que va a misionar y descubre el peso de las cosas
La que piensa otra tarde, en casa, que si los Manuscritos de los sabios de Sion era un libro falso, por qué no habría de serlo la biblia
La que va por primera vez a España y descubre la consistencia de las cosas
La que se enoja porque si sale con un escote los tipos parecen hienas hambrientas
La que termina el colegio y no sabe qué hacer sin esa máscara
La que se pasa dos años encerrada en casa, escondiéndose de la vida
La que se maravilla de la vida de los otros
en la facultad de Filosofía,
pero también se siente intrusa allí
La que ve romperse en mil pedazos el mundo
por primera vez
La que decide una noche, en una ventana de Santiago de Compostela,
que si ha de volver a Buenos Aires,
no ha de volver a la vida que dejó
La que empieza a trabajar y se entera de que puede
La que saluda a los 30 compañeros con un abrazo
La que aprende y sirve y sabe, con sorpresa
La que se baja del colectivo durante una semana una parada antes
para pasar por la puerta de la casa de la amiga,
sin ir y sin saber por qué
La que se entera de que a la semana la amiga se pega un tiro
La que se va al mar sola, pensando en la muerte
La que se toma el tren todos los días mirando las vías , pensando en lo fácil que sería
La que escribe en el trabajo en los post its y termina el dia con el bolsillo lleno de papelitos de colores
La que discute con los jefes
La que cambia de trabajo y recuerda aquello del "tiempo interno" en la literatura
La que entiende por qué la gente que trabaja en el centro es tan infeliz
La que, por azar y una cuenta de correo, conoce sin saberlo a la gente que trazará su porvenir
La que se da cuenta de que, al final, no estaba loca: sólo le faltaba con quien ser cuerdo
La que reconoce en un abrazo en la puerta de un cine,
un hogar desde siempre y para siempre
La que siente que un golpecito en el pecho cambia la película de blanco y negro a technicolor la primera vez que él está dentro suyo
La que decide que no puede querer a medias, y lo dice sentada en un banco verde
La que a fuerza de palabras, crece el alma
La que ve romperse el mundo en mil pedazos
por segunda vez
La que descubre en el Retiro que, con todo, las cosas tienen sentido si está de su mano
La que fracasa en su intento de que lo que es haya sido
y nada más
La que habla
La que llega a la cima
La que se despide de todo
La que es bienvenida
La que ama como no sabía que se podía
La que monta en piragua, planta patatas, busca setas, toca castillos milenarios, llora de felicidad, hace leña, fotos en charcos de agua, orbita otras manos frente al fuego, se siente benditamente hembra, cuida, pinta vitrales, corta escalones, rellena formularios de hospitales, llora en los ascensores para que él no la vea, se desespera
La que se entera que su padre ha muerto a 60km de cualquier abrazo conocido
La que decide quedarse porque él todavía está aquí, y es aquí donde sirvo para algo
La que sufre como no sabía que se podía
La que se va
La que camina a ciegas
La que hoy, a sus 33 años,
mira la lluvia tras un cristal en Galicia y piensa:
Gracias
viernes, 16 de octubre de 2015
Le siento las costillas, de costado en la oscuridad. De a una las vigilo, curiosa. El ombligo, la leve dureza del vientre bajo la grasa; la hondonada de la cintura, la curva de la cadera. Juego un poco sobre el filo del muslo derecho.
Dormida aún, o tal vez algo más despierta, me oigo pensar "mi cuerpo es algo que un día empezó".
Pasan los años y no dejo de asombrarme.
De la brea humeante
la veo surgir:
como de un parto silencioso
lento
emerge desnuda, cruda
desprotegida, poderosa
Me mira fijo
sin pretensión realmente
sin juicio ni desafío
Sino como una constancia
un aviso, una calma certeza
("Soy.-me dice-
No podrás evitarlo")
Siento, sé
que va en tu búsqueda.
jueves, 15 de octubre de 2015
Bandera
A veces la veo ondear, leve, contra un cielo quemado, cegador, post nuclear.
Las ruinas parecen a la vez nuevas y eternas.
Hay algo dulce en la forma en que la piedra yace desperdigada, algo que no logro definir, como si albergara pequeñas criaturas fantásticas, peludas, suaves, que sólo ahí existen.
Todo son ruinas. Todo.
Llena el aire un silbido apenas audible que se pierde en el espacio
Pero a veces la veo ondear, estóica, sobre lo que fue. Y sé, aunque no lo veas, aunque no haya servido para hacerte bien, que el amor que el encontrarte hizo nacer en mi es la única, la más grande victoria que tengo. Y que repica, glorioso, sobre toda la derrota.
sábado, 10 de octubre de 2015
Origami
Hacer cuatro pliegues en las puntas
perpendiculares al centro
En el ángulo superior derecho
doblar nuevamente el vértice
hacia arriba
(quedará de este modo
un hermoso paralelogramo
donde descansar de los recuerdos )
Las otras tres puntas llevarlas
con contenida violencia
hacia el centro
Dejar caer una gota de saliva
(si es como resultado del llanto,
mejor)
Mojar los bordes; dejarlos secar
en el aire de una canción posible
En la ondulación del papel- ahora húmedo-
dibujar líneas azules, leves
como plumas
Estirar el paralelogramo
hasta el confín mismo del papel
Marcar con la uña, firmemente, el precipicio. Mirar con recelo
y con algo de nostalgia.
Plegar los bordes derecho e izquierdo
sobre si mismos
siete veces
(notar con asombro casi metafísico
el modo en que los triángulos
son fractales imperfectos)
Agujerear el centro, de ser posible, con el canto de una palabra
Pasar por el orificio un hilo de sangre
Repetir el proceso cuantas veces sea necesario
para cconformar por fin
el emplumado ejército de papel
que inutilice
la inutilidad
de este silencio
jueves, 8 de octubre de 2015
Cansancio
No tengo siquiera lugar
donde rendirme
(a menos que piense en el mundo entero)
La toalla cae siempre
lenta, ondulante
interminablemente
(A veces sencillamente quiero
que toque el suelo
de una puta vez)
martes, 6 de octubre de 2015
Porque se tiene conciencia de la inutilidad de tantas cosas
a veces uno se sienta tranquilamente a la sombra de un árbol —en verano—
y se calla.
Angel González
Por eso siempre me fascinó el mito se Sísifo. Por eso siempre me conmovió la historia de Casandra. Por eso Eco es muda. Por eso.
La condena no es el dolor, sino lo inútil de lo que lo provoca. La condena no es el sufrimiento, sino la inutilidad del sufrimiento.
No es, ni remotamente, haberte querido lo que me duele. Es lo inútil de haberlo hecho. Es haber quedado, pese a todos los intentos, del otro lado de tus muros infranqueables; vos, llorando de un lado, yo, del otro.
lunes, 5 de octubre de 2015
Juguetes
A veces crezco
tristemente
Maduro en el peor sentido
Se me va el agua de la voz
Y soy un niño que sostiene
frente a si
atónito
Un montón de algodón y de poliester
dos pedazos de plástico por ojos
Hilo de colores formando las patas
Y hasta una etiqueta con código de barras
Todo eso que un día
fue un amigo, un refugio
Esos días quiero
apenas
-como única manera de romper
desde adentro
los relojes-
sencillamente (con rumor de lluvia)
mirarte a los ojos
domingo, 4 de octubre de 2015
sábado, 3 de octubre de 2015
A veces me olvido de esto de ser uno mismo
tan envuelta, yo, en mis espirales cíclicas
Y quisiera arrancarme los brazos para dártelos
Y hacerte una almohada con la ondulación de mi pelo
Sacar de a una las notas de mi voz
y mandártelas en un paquete verde lleno de palomas
Quisiera defenestrar toda mi carne
todo mi tiempo, toda mi vida, todo mi todo
toda esta humanidad que dejó de serte suave
Deshacerla para devolverte lo perdido
Deshacerla por que la odio porque te lastima
Como he odiado todo lo que te hacía daño
cada vez
Incluso a vos mismo.
viernes, 2 de octubre de 2015
Amistad
El badajo golpea el aire, se balancea hermosa y musicalmente, péndulo de viento, todo el tiempo.
Pero no es hasta que estás, hasta que la luz de tu presencia lo mira en su movimiento y le da un ámbito, un límite etéreo forjado de rotunda atención, de historia y tiempo, del noble metal de conocer la esencia de mis silencios, que mis palabras suenan y su voz rompe el aire.
Sólo en vos puedo decir realmente algo, a veces. Sólo en vos tengo voz. De otro modo, tengo sólo palabras.
Para acabar con una enfermedad, basta con destruir todos los vectores.
Para acabar, en fin, con la idea generalizada del amor, de eso que llaman amor, bastaría con dejar de poner el acento
en el otro
(Cómo todos los dogmas, las instituciones, los vínculos, las ideas, cómo todo de pronto se me vuelve pristinamente lo mismo: es por la infantil ilusión de que haya algo que se diferencia del resto del mundo y que le da sentido -una profesión, un ideal, una persona, un valor-, por esa primaria necesidad religiosa, que la voluntad y todo lo que de ella emana, se enferma)
jueves, 1 de octubre de 2015
En una linea de tiempo, cada momento, cada cada gesto, cada punto es una puerta. Se abandona la bidimensionalidad y se cae ciegamente en una profundidad atestada de símbolos y significados y raíces y reveses. El hombrecito bidimensional camina de canto sobre cada punto del gráfico y desaparece a cada instante embebido, imbuido; partícula que se hunde en el vértice profundo, perpendicular del gráfico, hacia dentro del gráfico, hacia dentro de la forma de mirar, de oler un libro, de mover la mano derecha al pronunciar la palabra "eclosión " o sentir el peso de una pluma caída.
Por eso es difícil andar y hablar y decir. Por eso: me caigo y salgo, cada vez, de las dimensiones insospechadas de cada cosa; me obnubila la profunda oscuridad, la cuna, la matriz de los puntos.
Naive
Porque en principio la leí en francés, y busqué lo que era y me pareció una palabra hermosa y sincrética. Por eso la uso sin castellanizar.
La uso y me divierte usarla (así como me divierte ahora responder una pregunta que jamás hiciste y que probablemente nunca te hayas hecho siquiera y qué importa si me da ésto, si es algo que hace brotar las palabras desde mi, si es un camino hacia lo que quiero decir, en fin, y me divierto transitándolo). También por eso. Porque cada vez que la uso algo en mi se ríe un poco, se divierte niñamente. Por eso uso la mayoría, en realidad, que parecen desencajadas. Porque escribir también es un modo de jugar, y uno cuando juega se inventa el mundo, danza en los círculos privados de la imaginación y el sentido, aunque por fuera sostenga un caballo de plástico rojo solamente.
Entonces "naive" viene a decir lo que dice pero también otras cosas. Dice mi risa y mi gusto por la música, dice pastel y dice que la traducción llegó luego y me gustó menos. Dice capricho y dice qué más da?. (Dice también lo mismo que la costumbre de no poner los signos de interrogación o exclamación al principio: no la copia pueril de una ortografía extranjera, sino el permiso propio de que la costumbre por mero capricho o vagancia prevalezcan sobre el deber. Y dicen la risa por esa secreta, inútil, lúdica forma de auto-rebeldía ). Dice la distancia entre las traducciones y la pregunta por ese espacio: dice que adaptar una palabra a un habla no es traducir, y entonces dice también una queja, en su vertiente más seria pero menos importante.
Pero sobre todo, dice que me gusta más. Dice que el lenguaje es siempre privado porque lo que se dice realmente con las palabras que elegimos tiene un correlato interno tan presente que sólo aquellos que conocen nuestra intimidad mas allá de las palabras pueden leer lo que uno dice realmente con éllas. Porque siempre hay un trasfondo, siempre: siempre hay un "saber qué" exactamente que es definitivamente interno, pulsión, música, un algo inaprensible que sólo se capta a través de los signos pero que no es el signo.
Para escribir, en definitiva, soy bastante caprichosa, a veces
martes, 29 de septiembre de 2015
Me encanta ese cuento que ya no recuerdo cuándo leí por primera vez. Una historia de la Muerte que se encuentra con el sirviente (que a veces es un jardinero o un bufón o un cuidador de caballos) de un rey (que a veces es un comerciante o un marajá o un califa) en tal lugar (que a veces es el mercado y otras Turín y otras otras ciudades que no recuerdo). El sirviente, aterrorizado al verla, pide permiso a su amo y huye hacia un lugar lejano, a un día de viaje. El amo busca a la Muerte, entonces, y le pregunta por qué asustó a su sirviente de aquel modo. La Muerte responde que no quiso asustarlo, que sencillamente se sorprendió al verlo ahi, porque debía encontrarse con él al día siguiente en el lugar...hacia donde el sirviente huyó al verla.
Me gusta porque siempre me hace pensar en el miedo, en esa cualidad que tiene el miedo de llevarnos exactamente hacia el lugar del que queremos huir, sin que nos demos cuenta, pero por otro camino. La paradoja del miedo, la ironía del miedo.
No pienso en la fatalidad, en el destino. No creo en eso. Pienso en el modo en que un río como el Guadiana se sumerge en la tierra y parece desaparecer durante muchos kilómetros, pero está ahí, debajo, y luego resurge.
Pienso en el modo en que las cosas existen de otra manera, en el modo en que el camaleón tiene siempre la misma piel aunque cambie de color. Pienso en que las hojas de un árbol mueren y nacen otras, y sin embargo es la misma fuerza la que genera las dos cosas.
Pienso en que la única libertad que tenemos es elegir con qué nos equivocamos.
Tiene sentido lo que te digo?. No sé decirlo de otro modo. O tal vez sepa pero no quiera; tal vez sepa pero lo que te diría de aquella manera sería completamente otra cosa, por mucho que fuera más comprensible.
Las palabras, pienso a veces, son como la música: no importan las notas, la métrica, la clara ejecución, el pentagrama, la lira, la afinación. No importa eso sino aquello que éllo evoca, eso que flota en el aire, que lo hace vibrar.
Así, el peso de lo formal está dado sobre todo por la capacidad de ser fiel a la musica (que siempre me pregunté si se inventa o si se descubre: estará ahí, flotando, hasta que alguien la "pesca" en un movimiento exacto del aire?) que se teje dentro o se sostiene de la pulsión de la sangre, venida de sabe dios qué zona inexplorada pero a veces vislumbrada de la propia humanidad (me vas a perdonar, seguro, que me ponga tan poética e inconsistentemente verborragica, tan difusa, tan absurda: no encuentro casi razón para no hacerlo, a estas alturas). El peso de lo formal está dado por su calidad de puente entre el adentro y el afuera, por el modo en que expresa o no un estado interno o una idea o una sensación.
Por eso decirte "gracias"me resulta, en un punto, difícil de hacer sin sentirme injusta. Porque decirlo sería decir lo comprensible, lo convencional (que no muerto, que no vacío ), y sin embargo es otra cosa, hay un algo más que ese acto no alcanza a tocar del todo.
Quiero decirlo aunque sienta que tampoco vos lo vas a entender realmente, y entonces me pongo a buscar, lúdica , concentrada (jugando, explorando el bosque cerrado y solitario, como siempre) imágenes, profundidades; hundo los pies en el barro y meto las manos y saco piedras y las lavo apenas con saliva y les quitó el fango y las miro y entonces las manos de nuevo y los pies y el resbalar y reírse un poco y seguir buscando, siempre buscando ese modo de decir que de alguna manera se escapa todo el tiempo al mismo tiempo en que está ahí y estoy ahí en él.
Decirte "gracias" es tocar con la punta de los dedos el cristal limpio, esférico, que guarda el tesoro vivo de una rosa.
Es andar descalza por un piso de porcelana verde en un recinto en penumbras.
Decírtelo es la temperatura de la sangre que entibia mi piel, es notar desde fuera el eco del latido que me nace dentro.
Gracias es entender que sin proponértelo siquiera has sido el vitral que propició el sonido de las piedritas que yo misma tiraba desde afuera para despertarme.
Te he llamado síntoma, testigo, vitral, caballero. Has sido mano abierta y palabra y tibieza. Has sido lugar etéreo donde danzar lentamente en círculos cuando ya no hay música y rocío en la oscuridad y algo más, algo, que no alcanzo a decir con palabras. Una sensación, una sospecha. Una cuerda de humo sostenida a través de un puente colgante sin barandas.
Aunque nunca hayas sido y no haya sido yo. Aunque tal vez no haya más que cinco o veinte noches en que me he sentido real, algo que existe realmente al hablar y al hablarte de ese modo que se fundaba con tu estar del otro lado y sólo así, sólo así este lado era el que era y no otro.
Por eso gracias. Por eso.
Porque aunque no sepa qué soy, se que he sido, entonces, en esos breves momentos.
Por ser provocación, por ser intriga que da la pauta de que uno sigue vivo de alguna manera.
Ahora quedan los libros y las cosas dichas, los momentos claros y laberínticos y la confusión que con todo alcanzaba a ser alegre y alivio y páramo.
También eso se irá, como todo. Pero mientras las cosas te nombren (mientras lo hagan y vos sigas andando y visitando catedrales y cementerios, librerías y sinagogas, bebiendo en los bares y riendo estrepitosamente pese al asco y la fiebre) las celebraré en silencio, te besaré húmedamente como se besan las estatuas de mármol olvidadas en santuarios de civilizaciones ya muertas, y acaso entonces como esas noches los segundos brillen en privado, sólo para mi, y algo te pique en la mano izquierda y la cierres de pronto suavemente y una sospecha leve, una intuición esquiva te haga mirar el aire casi imperceptiblemente y algo en vos se vuelva cuerda de humo, colores de vidrio, y comprendas, comprendas, entonces, sin saber bien qué, todo esto que te digo con notas en un pentagrama.