Me da un poco de bronca a veces que la imaginación no tenga un eco audible instantánea, obligadamente, independiente de nuestra voluntad.
Me da bronca porque él debería saber que aunque no valga de nada y aunque se desarme apenas ser, en el tiempo hay un lugar en que yo, algunos días, mirando el aire fijamente, le recito poemas mirándolo a los ojos.
—¿Estabas, pues, tan triste el día de las 43 veces? El Principito no respondió. Antoine de Saint-Exupèry
jueves, 30 de junio de 2016
Tengo frente a mi lo que se me representa una puerta que no sé dónde lleva. Hay una alegría muy íntima, muy incomunicable en mi estómago. Como de algo que debe ser.
Si creyera en el destino podría pensar en que se debe a un cumplimiento del mismo, que se trata del enfrentamiento con lo inevitable. Como no creo, tengo que explicármelo con la más prosáica idea de cumplir un deseo, de hacer realidad una imagen. Tengo la herramienta que infantilmente me resultaba necesaria: el ordenador se yergue, inocente, frente a mi. También el tiempo y la intención de bucear, de ver quién soy ahora frente a la pantalla en blanco, frente a las reglas móviles y la cuadrícula posible de un cuento; ese territorio que llevo tantos años sin explorar.
Curiosas siguen siendo las asociaciones que se producen (porque a veces parece eso, a veces parece que se hacen solas, que nada tiene que ver uno en todo eso). Debe de ser -pienso ahora- que vi de reojo el libro de Arendt en el estante detrás del ordenador, pero por alguna razón me acuerdo de Heidegger y entonces de Hitler (y entonces de Wittgenstein y pienso en él pero "no, no: a lo que iba") y vuelvo, como cada tanto, a hacer una investigación superficial y mas bien vanidosa, y entonces encuentro esto que habla de su discurso en la Univerisdad cuando asumió la rectoría y que me golpea como una ola en todo el pecho y quedo así: empapada, asustada, sonriendo saladamente.
Heidegger invita a adoptar como propia una profunda reflexión de Platón con la que cierra su discurso: «Todo lo grande está en medio de la tempestad» (Platón,“República”, 497 d,9). Vale la pena detenerse en esta frase: traducida literalmente del griego, sería “«todo lo grande está en peligro»
miércoles, 29 de junio de 2016
debe de haber andado esas callejuelas:
Alia, Calabria, Italia.
Pero a mi, la verdad
me gusto más sin el apostrofo;
me gusta más
tener un antepasado
flor
La sensación de vos
en mi recuerdo
se parece al Nocturno en mi bemol mayor
de Chopin.
Como la lluvia leve
Como el otro día, que élla me dijo:"era muy temprano, asi que pensé que no eras tú. Pero luego oí a alguien cantar; no distinguia la voz, pero cantaba. Y en cuanto empezaste a cantar, me dije: ahí está N."
No se puede volver. No se puede volver y si el retorno es imposible y pienso que las religiones pueden ser interpretadas simbólica, humanamente, me encuentro de pronto pensando con alegre curiosidad, con lúdico asombro en que la idea de la reencarnación puede tener lugar en éste ámbito: morimos muchas veces y muchas veces renacemos, pero no somos los mismos. Uno no vuelve a nacer, sino que nace de nuevo en el mismo cuerpo, pero la vida que vive y siente y lo atraviesa es otra, de alguna manera
"Eso explicaría muchas cosas, aparte de evidenciar la manía que tengo a veces de deformar las ideas para que encajen con lo que se me ocurre postular..."
Estar loco es la cosa más simple del mundo: basta vivir en el mundo de los hombres.
Aquí, en cambio, sentada en el viento y el pasto de una inmensidad perdida al sol con la hierba que se mece sin esfuerzo ni pretensión. Aquí donde nadie sabe dónde estoy, donde no tengo que ser nada distinto de lo que soy, aquí donde no hay juicios ni miradas ni interpretaciones ni intenciones ni expectativas ni supuestos que cumplir o no, donde no hay decisiones, aquí...aquí resulta fácil respirar como si se sonriera, sonreír como si se respirara...
Mi cuerpo es un cuerpo. A veces los miro mirarlo por la calle o detrás de la barra con ojos que son manos y me dan ganas de regalárselos así, sin más: "esto es lo que querés? Tomá, pasalo bien"; como un niño que ansía una tapita de coca cola que está en el suelo. Es un cuerpo. Son tetas y ojos y pelos y huesos y la textura de una piel. Qué puede tener de interesante eso per se?. No lo entiendo. Nunca conseguí hacerlo y, mientras más tiempo pasa, menos lo hago.
Qué les atrae de alguien que no conocen ni quieren conocer?. Qué gracia puede tener acariciar una piel sin música, una piel que no sea más que piel y no la piel de alguien que ya no es "alguno"? .
No entiendo el deseo por la cosa, el deseo en sí. Es como repetir incansablemente "kruptung".
No entiendo la palabra sin significado.
También eso puede ser una máscara, un facilismo hábilmente disfrazado de cruel lucha, del resultado imprevisto pero valientemente aceptado de una ardua batalla. También la desesperanza, la apatía pueden ser un gesto de cobardía.
Porque creer, creer pese a todo, que existe la belleza, que las cosas tienen muchas caras; creer en el cambio y en el azar, en el caos y en la posibilidad infinita que late en cada segundo es de alguna manera creer en la voluntad, creer que hay un mínimo espacio en que somos inexcusablemente libres para elegir qué somos y qué hacemos, de qué modo interactuamos con todo eso que es independienemente de nosotros. Es creer en la responsabilidad y asumirla sin ninguna garantía, y elegir ese camino, el aparentemente cándido, es a veces elegir el más jodido, aquel contra el que llueven todas las piedras. El único que vale la pena sólo si se hace desde una convicción que no sabe y no quiere cerrar los ojos, como cualquier otro, como todos.
No es el camino sino la elección lo que importa. No es el qué sino el por qué. El camino importa sólo en tanto es una expresión, un espacio donde desenvolver; sirve en tanto concuerda o no con un impulso interno, natural, genuino
Respiro irrealidad por cada poro.
Ya no es sólo el asombro de notar el puente mental que hago del tiempo en que estuve con él, ya no es la intriga por ese paréntesis y su significado, sino lo fuerte, lo maciza que me resulta esta sensación que he tenido toda la vida pero que antes tal vez no fuera una sensación sino una idea y ahora es, sin duda, algo que primero siento y recién después alcanzó a racionalizar de alguna manera: irreal. Todo me parece irreal, extraño. Ficción, mentira.
Mi cuerpo, mis costumbres, mis preferencias, mi voz, los otros, el tiempo, la idea del tiempo, el pensamiento, la identidad, los sentidos, las ceremonias, las teorías, las formas de entender, la idea de que puede entenderse; todo.
Me da vértigo mientras, recostada contra la pared de madera, lo noto. Nada. La nada misma. Una inmensa brecha negra, insalvable, alucinante.
Me siento caer. Caigo irremediablemente y me dejo ir, aterrada y desafiante, abandonada y dócil. Me voy y me deshago pero en algún punto algo en mi piensa, algo dice "debería ser" y entonces aparece el pánico y pataleo en la oscuridad y la caída que ya no tiene remedio, largamente, y retomo ideas y veo imágenes y todo sucede rapidísimo y mis ojos no alcanzan a nada y mis manos tampoco y caigo, lento, inexorable, caigo y ya Nada por siempre, ya Nada
Pero entonces sucede algo. No sé qué, pero algo. Y mientras caigo los brazos ya no aletean desesperadamente sino que flotan y sobreviene la quietud; el pelo ondea sobre mi cara que ya no tiene expresión alguna (pero los ojos, los ojos sí dicen algo)y yo
alcanzo a pensar, no sé si antes o después, no sé si optimista o inteligente, no sé si necia o lúcida: "vale, esto es Nada. Pero sólo desde el vacío se puede crear"
Me estoy por dormir
y soy arena
Dorada me rompo en el aire
Y me desperdigo en el viento
y soy viento
Y me enrulo sobre mi misma
Y soy vendaval
Y giro y giro y giro
Y me huracano
Y crezco y ando y cambio
Y me despeino
Y el mundo se borra, por fin
Y me duermo
No debiera haber más que silencio
para entender
A veces quisiera mirarte
mirarte apenas
Y sé que no sabría así nada
Sé que mi voz diría internamente
miles de palabras
y te pondría encima
como un manto que no cubre
sino que esconde
vastas, vanas interpretaciones
formas de leer
supuestos
ideas con sus juicios
y demás fantasmas
Mirarte apenas
Mirarte
Para verme.
lunes, 27 de junio de 2016
A veces las junto todas: la niña buena, la pobrecita, la inteligente, la soberbia, la cariñosa, la hija de puta, la comprensiva, la intolerante, la loca, la buena escucha, la flexible, la cerrada, la indefensa, la perversa, la todopoderosa, la creativa, la cínica, la hedonista, la cada-cosa-en-su-lugar, la justa, la solitaria, la sorprendente, la detestable, la que entiende, la violenta, la responsable, la divertida, la madura, la simpática, la que no entiende, la infantil, la "más buena que Lassie atada", la fuerte, la rara, la inconmovible, la todomeimportaunamierda y todomeimportademadiaso; todas.
Meto todas mis máscaras en una bolsa de cuero gastado y las prendo fuego.
Entonces miro unos segundos -porque sólo unos segundos dura- el chisporroteo del fuego en el aire, y sólo queda un fluir en que voy siendo.
domingo, 26 de junio de 2016
Me río: la escena, vista desde afuera, tiene que ser genial: el recogedor de plástico azul, la mujer enjabonada, la medianoche de un día agotador, el suelo de triste goma negra, la abeja que se coló y que se da una y otra vez contra la lamparita de la luz buscando el día que ya no es...
Tengo cicatrices en las manos y en los brazos: cortes, quemaduras...parezco un mapa, o un soldado cobarde, o una mina muy torpe que jamás había trabajado de camarera antes. Vivo en una cabaña de hace 40 años que alguna vez fue preciosa y hoy se cae a pedazos: la pila de la cocina no tiene agua y tengo que lavar los platos en el baño que se inunda cada vez que me ducho, encuentro abejas muertas dentro de la habitación todos los días porque se meten por los huecos de la madera durante el día y muchas madrugadas me despiertan las vacas que pastan a los pies del bungalow. Trabajo a un ritmo que nunca imaginé que soportaría física ni mentalmente (y que de hecho, no soporto, pero aguanto) y el espacio y la gente con la que crecí, la gente a la que le basta mirarme apenas para saber, están a miles de km.
Son las doce de la noche y saco el agua con un recogedor de plástico para poder terminar de bañarme y acostarme de una vez porque estoy agotada, y me río. Pienso, mientras el agua de derrama sin remedio y voy tener que terminar de bañarme y pasar veinte minutos secando el piso desnuda, pienso que ésto, ésto que puede parecer triste, esta escena que sería genial en una película de Woody Allen, por ejemplo, está a años luz de la tristeza que me producía el que no me creyeras. El que tuviera que sentirte desconfiar, dolerte de que cada pequeña cosa que hacía buscaba joderte de alguna manera. A vos. Justo a vos.
Me río. Me río porque la gente sabe poco de las cosas que pasan dentro. Me río porque, si lo vieran, sentirían una cierta y mal entendida compasión - como cuando vino mi mamá y me vio las manos y se le llenaron los ojos de lágrimas- y lástima debían de haber sentido antes. Antes sí.
Ahora...ahora estoy jodida, según ciertos canones; ahora no sé que voy a hacer y tampoco me importa mucho. Pero estoy en paz.
Es divertido este caos, este sinsentido, esta peli que de afuera resultaría hasta patética. Pero yo tengo un humor muy negro, como me dijo él el otro día, y tenía razón.
Yo me río, y me alcanza. Me alcanza para saber que cualquier circunstancia, por difícil o extraña que fuera, era mejor que el dolor de estar parada frente a vos y que no me vieras.
viernes, 24 de junio de 2016
Descargamos las bandejas a la velocidad de la luz, automáticamente. No sé qué me dice y no sé qué le respondo como un acto reflejo, pero de pronto noto que se queda quieto y levanto la vista: está parado con los platos sucios en la mano y me mira con una extraña mezcla de susto y placer, y me dice sonriendo: "qué humor negrísimo tienes"
Y yo sonrío porque me gusta,a veces me gusta no ser capaz de disimular
Se lo escribo sin pensar. Luego lo pienso y sonrío: eso es tener suerte
"Es tan poco lo que me hace falta, la verdad: un día de sol, tiempo para respirar, charla significativa y pan para compartir. Y ya: soy feliz"
jueves, 23 de junio de 2016
Volver a ponerse un vestido
El sol en los hombros
La comida que humea en la brisa
El vino abierto y claro
Las sillas que se cargan mientras se habla
andando sobre el verde húmedo
El pasto al costado de los pies
Los perros echados bajo las piernas
La mesa bajo la sombra del árbol
Las alabanzas y las risas
para con los chefs
Y el tiempo, todo el tiempo
para respirar despacio
y llenar el pecho
de tanta dulce, luminosa sencillez
miércoles, 22 de junio de 2016
Eso que la gente suele llamar amor es una de las formas más cobardes, comunes y rebuscadas de la irresponsabilidad. Si mi felicidad o mi bienestar (por no entrar a discutir términos ) depende de un otro, de que exista o me quiera o ambas, el sentido está afuera, el poder nunca es propio.
La infantil religiosidad tiene muchas máscaras. La médula se recubre de distintas formas, pero en la inmensísima mayoría de la gente sigue siendo la misma: cobardes. Somos cobardes. Somos tremendamente inmaduros. Porque pararse desnudo frente a la propia vida y saber que nada hay a qué aferrarse más que a uno mismo, asusta.
Así, se "ama", se procrea, se escribe, se lee, se lucha por la paz o por la guerra o por el dinero o por la inteligencia o por la trascendencia o por un otro. Se ata la propia vida a una idea o un ideal, a una emoción, a una visión, a una persona, a un estado de cosas alcanzado o que se pretende alcanzar.
Diremos, eso sí (y lo que es peor: nos diremos ) que es lo único que tiene sentido. Incluso que es lo único que tiene sentido para nosotros, si pretendemos que la subjetividad nos salve mínimamente del ridículo, si usamos la supuesta inteligencia como un medio de distorsión que nos permite ser algo que no somos incluso ante nosotros mismos.
Pero la médula, Ah, la médula... la médula recorre oscuramente el centro y envía impulsos magnéticos a todo el sistema. La médula es la misma: buscar un sentido. Que tenga sentido.
Entonces, si el amor (en cualquiera de sus formas) es lo que le da sentido, y que tenga sentido es lo más vital, lucharemos, nos desgarraremos en mantenerlo, en cobijarlo. Así el amor no resulta nada distinto de la misa dicha en latín a un pueblo analfabeto.
Hay que refundarlo. Porque merece existir, pero ser cabal, Ser. Tenemos que ser capaces de Fromm y de Hesse con los árboles y de Fritz Perls. Joder, tenemos que serlo. Sino, para qué? (o sea, qué sentido tiene?. Ah, qué tal, médula querida, como te va...)
Es curioso escribir. Para qué escribe uno?. Nunca lo supe muy bien. A veces, para decir; otras, para decirse; para convencerse de que existe. La mayoría de las veces, supongo, para ordenar; para darle un sentido a tanto caos.
Porque escribir es elegir un ángulo de la mirada. Escribir es seleccionar, es resaltar una porción ínfima e íntima del mundo y del tiempo.
Hay una cierta falsedad en esa vivisección y, a la vez, puede haber (si hay un compromiso real, hondo) un espacio de verdad, si uno mira y dice sin miedo, sin pretensión.
Pero lo más maravilloso es lo que decanta. Lo involuntario.
Escribir nos revela, por mucho que queramos esconder, que queramos disfrazar.
Lo pienso ahora, que vuelvo a leer un blog en que puse, para que lo pudieras leer, todo lo que escribí en el viaje en que nos conocimos. Y la sensación que me embarga, que entonces me hubiera parecido ridículo pensarlo siquiera, es la de inocencia. Inocencia. "Inocente", justo yo ("la peor de todas", diría Sor Juana -me sonrío a mi misma-)
Después de "loca" y "rara", debe ser la cosa que más veces me han dicho en la vida, y la que más me sublevaba. Y sin embargo,sí, en esas letras sí alcanzo a verlo de alguna manera.
Pero no es una inocencia pacata, una inocencia inocente...es...una inocencia necesaria, se me ocurre.
Me hubiera muerto hace mucho tiempo si no hubiera sabido guardarme. Yo necesito pensar, necesito mirar lo que vibra, lo que pulsa, lo tibio, lo que abriga, lo que nutre. Lo que no lo hace me ronda todo el tiempo, me cerca. Yo necesito creer que existe lo otro, que lo otro también es posible. Y tal vez aún haciéndolo me haya muerto lo mismo, sólo que de otra manera; pero en mi tumba son mis espejos los que me nombran, y no los Otros.
Fui feliz siendo aquélla. No me arrepiento (la verdad es que nunca consigo arrepentirme de nada: en ese momento, con la información con que contaba, tomé la mejor decisión que supe tomar; qué sentido tiene arrepentirse?). Desear haber sabido otras cosas es distinto: eso no es arrepentimiento, es querer desdoblar el tiempo.
No considero inocente eso que los Otros tachan así. Estaré todo el tiempo equivocada, en todo caso, pero no me creo capaz de ser inocente.
El inocente no ve. Yo veo demasiado. Ver demasiado no implica ver bien, eso sí. Pero en cualquier caso, no es lo mismo.
Yo te veía.
martes, 21 de junio de 2016
Ahora me los imagino en sus manos. Me imagino que, si no los destruiste, se los darás así, con pretendida inocencia, para que lea lo que hemos vivido, la distancia entre esa que te escribió aquello y la realidad que -le habrás contado, igual que a mi antes- te tocó sufrir por crédulo, por pobre hombre enamorado. Si todavía existen, eso lo sé con la misma serena seguridad con que te decía, cuando estábamos juntos, que si un día nos separábamos, vos ibas a estar con alguien muchísimo antes que yo.
Me río al pensarlo y me sorprendo al hacerlo. Qué raro resulta todo de pronto: lo único que jamás me imaginé, jamás podría haberme imaginado que iba a sentir por vos, es lástima.
Sorpresas que tiene la vida, en fin.
Niño
Ahora estás ovillando la madeja que luego has de tener que desenredar.
Hay gente que se pasa toda la vida sin darse cuenta de que la madeja existe siquiera.
Vos, mi amor, me vas a tener a mí como ejemplo. Malo o bueno, da lo mismo. Pero ejemplo, prueba, muestra de algo; fragmento ínfimo del poliedro que vas a tener que armar para conocer lo infinito. Ejemplo de que se puede ver el hilo y las propias manos; el movimiento, la tensión, el hambre. Ejemplo de que no hay más dolor o mas alegría que la que somos capaces de producirnos.
Ejemplo de que la única tarea que vale realmente la pena es la de -como me decía ella anoche - aprender a ser quienes somos.
lunes, 20 de junio de 2016
domingo, 19 de junio de 2016
Casi siempre estoy llegando tarde y mientras espero para cruzar la calle un coche pasa ráudo y me empapa de agua marrón; quedo quieta en el cordón de la vereda, sin entender.
Pero otras veces le pido a élla antes de cerrar -después de un día de esos que conviene olvidar- que ponga el temporizador del móvil para que suene en un minuto, y ella, intrigada, lo pone. Entonces yo pongo música en el móvil y bailamos, con la cafetería cerrada, después de once horas de vértigo y 200 personas entre 4, un minuto exacto. Y seguimos trabajando.
Hay también, sin embargo, un algo extraño en el aire, como el ala rota de una mariposa da cuenta del color y del día en la memoria.
La gente duerme en la calle y la belleza duele, invariablemente.
No se sabe cómo existe esa atmósfera de fósforo y sudor, de asco y esperanza. Algo acecha, siempre, o siempre parece hacerlo.
En vilo se anda por el borde de las aceras, oscuramente mojadas, y las risas o las voces opacas de desconocidos, la luz azul de un televisor en la oscuridad de una ventana cerrada dicen que hay otros, que existen los otros, pero uno nunca está seguro. Es como un sueño de esos en que uno sabe que está soñando pero del que no consigue despertarse: queda atónito, atado, mirándose ir sabiendo que no se va, pero sin poder dejar de sentirlo de algún modo; ese horror de querer gritar y descubrir que no nos sale la voz y a la vez la mano de mamá acariciandonos en la penumbra y el entresueño, lejanamente.
sábado, 18 de junio de 2016
Sé que no vas a venir. Lo sé; lo construyo ciegamente en los cimientos de la esperanza.
Sé que no vas a venir y, algunos días, cuando me invaden la duda o la tristeza, me consuelo pensando en que, por lo menos, eso va a ser cierto.
Nos habíamos ido de viaje de egresados a Chapadmalal: Córdoba quedaba demasiado caro para los compañeros a los que yo les guardaba la merienda todos los días porque muchas veces era eso lo que comían solamente. Nos habíamos ido de viaje pero iban también los del turno mañana. Todas las chicas estábamos locas por alguno de éllos, y si no lo estábamos, nos lo inventabamos para no desentonar.
Nuestros abnegados compañeros de siete años, entonces ya preadolescentes, estaban furiosos.
Sé que fue a cuento de eso, pero no recuerdo quién lo propuso. Sólo recuerdo que, desafiante, altanera, dije que sí en nombre de todas las chicas: si querían saber quién podía ser más malo, lo sabrían. La condición era que no valía pegar ni hacer bromas pesadas. Empezaron a golpear nuestras puertas por la madrugada, a tirarnos huevos al balcón, a gritarnos que éramos feas mientras íbamos por la calle y cosas así.
Yo, al frente de la humilde horda femenina, me limitaba a responder con cartas amorosas. Cartas donde les decíamos lo buenos que eran y lo mucho que los queríamos, a nombrar sus virtudes en detrimento de las de los chicos de la mañana y a pedirles que no nos trataran mal. Éllos las devolvían bajo nuestra puerta invariablemente escupidas y vaya a saber dios empapadas de qué otros efluvios. Así, tres días.
Se quejaban de nuestra debilidad, decían que claramente éllos habían ganado porque nosotras, desde el prinicpio, no habiamos hecho más que rendirnos, nenitas de mamá, incapaces de librar una guerra de verdad. Las otras nenas se quejaban, querían devolverles los golpes, pero por alguna razón me dejaban hacer.
El cuarto día respondieron la misiva amorosa que les enviáramos diciendo que bueno, que vale, que éllos también nos querían.
Hace más de veinte años de aquéllo, y todavía me asusto al recordarlo. Me fascina, me horroriza, me intriga, me alucina la densísima oscuridad de esa niña de 12 años que, entonces, serenamente triunfal, escribió como respuesta: "Maldad es hacerle creer al otro algo que no es. Ganamos."
viernes, 17 de junio de 2016
Me gusta que la Vida tenga también ésto; me gusta que me saque la lengua escandalosa, juguetonamente. Me gusta mucho que me diga que no, que no, tonta, que no tenés razón. Que no tenés razón porque él te pide que lo sigas un segundo y vos vas aunque hayan discutido el día anterior y lleven todo el día sin hablarse y vos tengas esa tristeza horrenda de la frágil calidez que se rompe y de nuevo la intemperie. Que no tenés razón porque él te esquiva la mirada y se retuerce las manos cuando se da vuelta para enfrentarte al llegar al almacén oscuro y vos le decís qué te pasa y él te dice que nada, que quería que sepas que se va porque tiene cita con el médico y está mal y que sea ésa su forma de decírtelo, ésa, de decirte tantas cosas. Y que no se te ocurra nada mejor que hacer que abrazarlo y llenarle de besos el nacimiento del pelo en la frente y las mejillas y los hombros sin decirle una palabra, y que él que es tan arisco se ponga como un cachorro mojado en tu falda y suspire y esconda la cabeza en tu cuello y se deje ir y tiemble un poco y así por unos segundos hasta que "bueno, ya, que tenemos que trabajar".
Que no, que no tenés razón. Que no es del todo inútil que existas. Que de pequeñisimas gotas se hace el mar.
jueves, 16 de junio de 2016
Lo noto. Cuánto tiempo, de cuántas maneras intenté evitarlo sin saberlo. Pero lo noto; está ahí. Es increíble la cantidad de modos en que somos capaces de disfrazar lo que no queremos ver, lo que no queremos sentir ("si tan sólo pudiéramos usar esa maleabilidad en algo provechoso, qué enormes seríamos" )
Lo tengo enfrente. Lo miro, por primera vez, a los ojos. Quema.
Pienso en la justicia, pero no sé nada de eso. Sólo sé que si rompo su ciclo, si desvío su cauce, no desaparecerá, sólo encontrará otros modos de decirme que ahí está .
Así que decido escribirte. Escribirte todo, escupirte todo, sin consideración alguna, sin un mínimo ápice de compasión, sin pensar una sola palabra, una sola consecuencia. Como vos hiciste.
Paso la tarde entera escribiéndote, desenfrenada, y cuando toda la mierda está afuera, cuando no queda un sólo rincón ni un sólo recuerdo sin mancillar, miro la ventana un rato eterno.
Y miro el árbol saliendo de la niebla.
Y cojo el mechero como música muy honda, y lo enciendo.
Y la veo arder lenta, cansadamente.
Todavía tengo ese rincón de libertad donde, más allá de todo, puedo elegir no hacerte daño. Ese es mi único poder, mi única victoria.
miércoles, 15 de junio de 2016
Cuerpo
Es así: el tipo dice "basta", y no hay nada que hacerle. Aguanta, pobre: llevo semanas metiéndole mierda, dándole mazasos en todos los rincones, latigueándole la carne con cada pensamiento y cada oportunidad, pero su paciencia, como todo, tiene un límite.
Respirar. Tengo que acordarme de respirar.
martes, 14 de junio de 2016
La imagen es la de la cera. La cera blanda, maleable, hermosa. La cera no al sol, derretida, deforme, sino al frío, al mucho frío. Me detengo a mirarla cuando te pienso y viene, porque me llama la atención. Entonces la observo intrigada, casi con miedo. Y pienso que tiene sentido, porque del calor de las palmas que no se tocaron se dio su forma; pienso que de diez ratos y muchas palabras se hizo.
Recuerdo un audio que nunca te envié que hablaba de un pájaro. Te contaba cómo se formaba, como se había ido formando sin que me diera cuenta entre mis manos. Era de arcilla, me acuerdo. Te decía que el aire de un gesto que hiciste le insufló vida, y el pájaro de barro salió volando. Era un audio precioso; lo perdí al cambiar de móvil hace tiempo.
Ahora no es de barro la figura, sino de cera. Sigue siendo extrañamente hermosa.
Es de cera que, con el frío, con la ausencia del calor (que no del tacto), se queda quieta, se rompe, se vuelve sólo recuerdo. Es una imagen que no vuela, que no late, que no se abre paso en la mañana celeste.
Me sorprende la imagen.
Me da pena, pero no por lo que es, sino por lo que podría haber sido.
lunes, 13 de junio de 2016
Yo me pongo el parlante en el pecho y bailo, bailo, bailo. La vibración de la música me atraviesa. Bailo y me olvido de todo; doy vueltas en medias por el suelo de madera y sonrío y me río y cuando, agotada, luminosa, el corazón parece que se me va a salir del pecho, paro.
Paro y me agradezco no haber muerto del todo; paro y le agradezco a la Vida que la música todavía me lleve a esa región donde puedo no pensar, dónde sólo soy pulsión, soy viento, Soy.
En esos días de silicio, inevitablemente imbécil, en los que me abandono con el oscuro disfrute del no esfuerzo a la lástima propia, consciente del movimiento que por ello se vuelve inexplicablemente doloroso ("será la vieja costumbre del regodeo cristiano en la culpa", me digo socarronamente a veces, por si la lástima no alcanza y tuviera que recurrir al cilicio), lo pienso.
"De dónde lo saqué? . Es que no aprendí nada?. De dónde se me ocurrió a mi que podía tener ese tipo de relación con un otro?de dónde???."
Luego me río (me sonrío, mejor dicho: una mitad de la boca se arquea extrañamente y resoplo por la nariz un segundo) tristemente de mi soberbia y me voy a dormir, confundida, pensando en lo buena sádica que sería si se me diera por ahí. Debería plantearmelo seriamente.
domingo, 12 de junio de 2016
Me estoy durmiendo y me encuentro pensando en que "naive" me gusta porque es una palabra que, al pronunciarla, me trae la imagen que me evoca: los dientes superiores rozan apenas el labio inferior y el aire que escapa suavemente quiere ser una "f" pero no llega; hay una levedad, un algo etéreo, casi fantasmagórico o mágico, evanescente.
Castellanizada en cambio se hace contundente, dura, cortante : esa "f" final cierra la puerta, rompe el vuelo...
"Así, claro, resulta difícil decir una simple frase sin tardar tres horas"
Ojalá no lo viera.
Ojalá pudiera olvidarme
de lo que sé de él
Quisiera poder hacer mentira
su filo;
su sutilísima, y por eso grandiosa
genialidad
Su modo de descubrir lo oculto;
su increíble sagacidad,
su siempre sed de justicia
Ojalá no viera
no conociera la médula misma
de su luz
pese a toda su oscuridad
Ojalá lo ignorara todo
porque entonces podría no pensar
(estúpida, autoconmiscerante,
dolorosamente)
no pensar, como hoy, como ahora
que si él
-él, a quien me abrí más enteramente,
a quien le dije lo que jamás le dije a nadie-;
si él ve en mi tanto asco,
tanta maldad;
si él me odia
debe de tener razón.
sábado, 11 de junio de 2016
Es que usamos mal el lenguaje; ese es el problema. Uno no debería decir nunca, ni pensar siquiera, que el otro "es" (bueno, malo, dulce, inteligente, imbecil, valiente, amarillo).
Me acuerdo de pronto de aquel día, hace ya muchos años, en que discutíamos y ella me dijo maravillosamente "estás siendo necia".
Qué felicidad me produjo aquello entonces, aunque en principio no entendiera bien por qué.
Esa. Esa es la manera.
Esa, y que me lo dijera, como lo hizo, desde el amor.
Por eso no soy nada y, a la vez, soy el único modo en que se puede habitar el mundo de los hombres.
Hay un más allá, en mi, o todos, pero es inaprensible. El significado sólo a través de los trazos puede atisbarse, pero no es éllos, ni la vibración de la voz que me nombra, ni nada que pueda aprehenderse realmente mas que en las oscuras y frescas galerías del absoluto Silencio.
viernes, 10 de junio de 2016
Y una tarde, él aparece:
-Tardaste mucho, le digo serena
-Qué, sabías que vendría? me dice, todavía en guardia, sutilmente malicioso
-No, no lo sabía. No lo creía siquiera. Pero te esperaba.
Me encantan esos brevísimos, ínfimos signos que anuncian otro estado de cosas, que señalan un pasaje también mínimo, pero cierto; un más allá.
Como que en un momento dado yo diga lo mismo -exactamente lo mismo, en el mismo tono, con la misma expresión y en el mismo ámbito- que hace dos meses atrás, y ella ahora se ría aunque todos la miren sin entender por qué, porque sabe que yo me estoy riendo aunque esté perfectamente seria.
Me encantan esas pequeñas, luminosas sutilezas que se abren con la intimidad.
Tendrían que sacar un concurso celestial, en el hipotético caso de que lo celeste tuviera alguna relación con la deidad, que clara e históricamente lo tiene, y yo me presentaría nada más que por seguir el protocolo, por no humillar las ilusiones de los otros postulantes; por pura petulancia, en fin.
Gracioso es imaginarse quién sería el jurado. La mera idea ya me vuelve idónea para el puesto.
Yo debería ser Dios como cuando Dalí fue Dios y creó el romanescu, que es, a las claras, un coliflor en su versión.
No digo que valdrían la pena, la verdad, pero resultaría muy divertido.
Sí, yo debería ser Dios. Está decidido. Ya mismo me mando una carta pidiéndome conferencia.
Me siento a desayunar serenamente alegre, con gozo; por fin un día de no madrugar.
Me siento y miro el árbol y la niebla; no pongo música.
Me siento y me regocijo en este pequeño placer, y en la medida en que lo noto recuerdo cuando, por dormir más, me saltaba el desayuno todos los días. "Cambia, todo cambia", canto mentalmente, y sonrío apenas.
Entonces pienso en los desayunos - porque claramente no hay nada más importante en qué pensar- y el primero que se me viene a la cabeza es el de aquella mañana clara en que estuvimos juntos por primera vez: la sensación de meterme el azucarillo en la boca y sentirlo deshacerse lento mientras te miraba mirarme sonriendo; la maravilla de todo eso, los colores saturados de la luz, el sabor del tomate, el asombro del no asombro, la naturalidad, la extraña certeza de que, aunque no lo esperaba, no podía haber sido de otra manera.
En ese viaje en todos lados nos pusieron azucarillos de esos cuadraditos, te acordás?. Luego no los vi nunca más, excepto esa vez que los encontramos en el super y los compramos contentos como nadie hubiera entendido nunca.
En ese viaje, cuando te conocí, todo estaba en su lugar: cada cosa del mundo caía de lleno en donde correspondía, por primera vez en mi vida.
"Bueno, venga: esta es mi vida", me digo. Y por alguna razón sonrío (no sé si por encanto, por tristeza, por costumbre o por diversión) apoyo el mentón un segundo en la rodilla, pienso en si alguna vez dejará de parecerme todo tan extraño, y voy al baño
jueves, 9 de junio de 2016
De pronto todo el mundo sabe que escribo. No sé cómo. Se los dije?. No, yo no. Bueno, qué más da; es una novedad.
Todos saben, pero nadie sabe qué.
Todos saben y resulta gracioso que se imaginen algo a través de eso; lo mismo que por verme andar con la cámara me digan cuando viene más o menos al caso "tu que eres fotógrafa... ". Es curiosa la gente.
Y como todos saben, todos me hablan en algún momento de algo relacionado. Él el otro día, mientras hablábamos de las diferencias entre escribir en digital y en tinta, me pidió que leyera un blog para darle mi opinión. No me dijo de quién es, y no importa. Pero es curioso. Es curioso porque yo, en lugar de entender más con los años, cada vez entiendo menos.
Pero igual entro al blog; no para darle mi opinión (de qué? Para qué? ) sino porque me da curiosidad lo que quiere mostrarme. Así que entro y sí, la muchacha en cuestión escribe muy bien; una prosa muy clara, cristalina. La foto de la cabecera me encanta. Es casi periodístico el asunto, lo cual me produce admiración (soy perfectamente incapaz de ser clara, maciza, coherente, sobre todo el escribir ) pero no me mueve un pelo ("Y por qué tendría que emocionarme? -me pregunto, inevitablemente Yo-...porque sí, joder, porque es lo que a mi me sirve y punto, qué tanto?!")
Me detiene ("'me detiene': esa es la expresión ") la sensación de público. Ese ser hacia afuera, ese ser para los otros, de algún modo.
Ese, el escollo más grande que tuve que saltar cuando era chica; ese por el que dejé de escribir; ese con el que seguiré rompiéndome la crisma hasta que lo haga saltar en mil pedazos.
Encontrar la textura de la propia voz aunque nadie la escuche, aunque nadie jamas la lea; aunque la lea todo el mundo; aunque la lea los que nos conocen o creen conocernos, los que no nos conocen o querrían hacerlo. Acariciar las plumas del pájaro mojado lentamente; arrullarlo para que no tenga miedo mientras su corazón diminuto late en nuestras palmas como si fuera a salirse de su pecho, y que sólo exista él; su breve pulso de sangre.
Luchar a cada segundo con la mirada propia y la del otro. "Una lucha. Escribir es una lucha contra la vanidad de escribir."
Y saber, sobre todo saber y no olvidar, que tampoco eso importa. Y saber que nos equivocaremos. Y nos traicionaremos. Y no.
Y seguir.
miércoles, 8 de junio de 2016
(...)pues sabe, que a la vuelta de la esquina,
hay gente que es así, tan necesaria.
Hamlet Lima Quintana
Quedamos a comer, pero no llego, asi que él sube hasta la estación. Apenas sirven la comida le doy los pepinos que no me gustan y él me convida de su queso porque sabe que me encanta; me pide que no fume tanto, nos reímos de esos chistes tontos que a nadie más le hacen gracia; compartimos descubrimientos como si fueran pétalos.
"Me tengo que ir, mi niña"; nos abrazamos largo y se va a trabajar.
Me deja un tupper con la comida que habia cocinado para que comamos "así cenas cuando llegues". Hasta pan me trajo
Yo tengo todavía unos minutos antes de que salga el autobús, así que me quedo sentada y lo miro irse en todo el sol: cada tres pasos se da la vuelta, me sonríe y sigue caminando. A los cinco minutos me manda un mensaje:"sigo mirando, pero ya no te veo"; me río (sé que se reía al escribirlo). Me dice, como cuando nos conocimos, que tengo algo de bruja pero que todavía no me di cuenta.
Hay días así. Días en que lo único que cabe, lo único justo, es el agradecimiento.
martes, 7 de junio de 2016
lunes, 6 de junio de 2016
Antes eran valijas
ahora son maletas;
en esa diferencia de vocablo
cabe tanto
La ayer alegria
el ahora cansancio,
por ejemplo
de una vez más...
Contra la idea de que me pienses
y la visión cristalina de tus manos
Contra la necesidad de gustar
y las ganas de salir cantando
Contra la apetencia de la muerte
y la descarnada crueldad de la derrota
Contra el firme azul que tajea tantas caras
y el hambriento hospedaje del olvido
Contra la puta
fría
ominosa soledad
y todos sus balcones con flores
Contra todo doy un cabezazo ciego
feroz
voraz
De a uno rompo todos
y cada uno
de sus clavos de vidrio
Libre ya, por fin
me voy a dormir
domingo, 5 de junio de 2016
Soy el personaje de una película muy mala que, con todo, tiene escenas que se salvan. Como esta secuencia de tener tiempo porque perdí el autobús; dar vueltas y encontrar que no hay nada mejor que hacer que sentarse en el bar a escribir una carta para una querida amiga y luego ir a la fuente de agua en el parque deshabitado a cantar bajito un rato mientras miro los pájaros jugar a la escondida entre el pasto demasiado largo.
sábado, 4 de junio de 2016
"Es que tú no tiene ojos: tienes microscopios!", me dice él, tan querido, riendo, después de que nos contamos lo nimio, lo importante en todo este tiempo sin vernos
Yo me sonrío ahora pensándolo, porque se me viene a la cabeza esa tarde en que la migraña me tumbó y él apareció a las horas, silencioso, abrió la puerta de mi habitación, susurró apenas en la oscuridad "soy yo, mi niña. Duerme" y se llevó mi ropa para lavarla sin decirme una palabra más.
Sí: microscopios. Porque yo veo su grandeza en esas pequeñas cosas.
-A mi también me aburren, por eso no las hago. El tema es que vos ves consideraciones morales donde hay decisiones personales que, sucede, coinciden o parecen coincidir con lo que moralmente resulta aceptable. Pero la diferencia es lo que sostiene ambas cosas: la decisión consciente, la intención que mueve ambos mecanismos es lo que las convierte en cosas tan distintas como si fueran contrarias, aunque, en apariencia, el resultado sea el mismo. Tan escandalizados quedarían los morales como vos -aparentemente inmoral- estás ahora, si supieran de lo subterráneo.
Tanto lo normal como lo que se sale de la norma admiten máscaras.
Entonces lo único que importa realmente es el por qué, y no el qué de cada cosa...
-Demasiado enrevesado, no crees?
-Sí, bueno: te lo digo yo...
viernes, 3 de junio de 2016
Antes
el filo era opaco
No era siquiera filo
pero la presión que ejercía sobre la carne
el canto desnudo
lo evidenciaba arma
Ahora, pienso de pronto
todas esas cosas que solía suponer
"solucionables" con el tiempo
(la timidez,
el legendario mal humor,
la extrañeza del todo,
una cierta crudeza elemental,
pongamos por caso)
muestran su brillo
su brillo filoso
impoluto
exacto
antes de abrirme la carne
en mis actos
Me transmuto herida
fundadora
Tan lejos. Tan lejos está todo esto que miro a través de la ventana del tren, todo esto que viene, todos estos lugares donde gente que no conozco ama y vive y sueña y se desespera y muere y nace; todo ésto. Si pudiera
sin tan sólo pudiera saber
dónde estoy yo
Si hubiera un lugar
donde encontrarme
Sueño que sueño que sueño y la cosa se torna pegajosa, angustiante: no sé quién sueña, no sé dónde estoy.
Sólo sé que el que está ahí, en cada capa del sueño, sos vos; una leve película transparente que lo traspasa, lo hilvana. Creo que eso es lo peor de todo: no es que te vea, es que te sé ahí.
No sé para qué, pero todo en mí te llama.
jueves, 2 de junio de 2016
Como con la rosa de Paracelso
guardo mi secreto
Sólo yo sé la verdad
porque sólo yo sé
lo que he sentido
Entonces, feroz, en la oscuridad
blando mi victoria
Agito la rosa viva entre mis manos
y en la soledad más descarnada
mas brutal
más absoluta
saboreo lo que nunca sabrás
aunque te golpee en la frente
aunque todo en mí te lo haya dicho
Me deleito de saber
de saber aunque nadie sepa,
aunque nadie vaya a saberlo nunca
Dan igual los otros ojos
las otra vidas, los otros:
yo lo sé
Yo lo sé y, frenética, extasiada
te lo grito en silencio con furor
con furia
rebosante de victoria privada, intima, incomunicable
Es entonces
es entonces, cuando te lo grito
que sé que fallo