Las palabras son de paja. Sólo el aliento que las pronuncia puede o no incendiarlas, hacerlas algo vivo. La verdad es la condición de la palabra viva
—¿Estabas, pues, tan triste el día de las 43 veces? El Principito no respondió. Antoine de Saint-Exupèry
miércoles, 30 de diciembre de 2015
Kotodama
martes, 29 de diciembre de 2015
Me vence el cansancio. Me acuesto fotofóbica, queriendo huír de no sé dónde. Por alguna razón que no alcanzo a precisar, lloro antes de irme en sueños.
Entonces lo veo: el bosque a cuyos pies duermo esta ahi, es el mismo. La misma es también esta noche. Pero yo, que estoy en la cama, estoy descalza en el borde del bosque, dándole la espalda a la Yo que duerme en la cabaña, enfrentando la espesa oscuridad del bosque, esperando. Esperando algo, no se qué -la Yo que duerme lo ignora -, pero esperando. En unos momentos asoma desde la sombra, lento, fluído, el refucilo leve de la espuma. Despacio, musical, mansamente, las olas van acariciando los arboles en la oscuridad, hasta que me mojan los pies en ese saludo nuestro que el mar y yo recreamos desde siempre. Miro mis pies mojados.
Sospecho que la Yo que duerme sonríe en sueños
lunes, 28 de diciembre de 2015
El otro tigre
La ultima -de hace un ratito, mientras tomaba mate tejiendo prácticamente oscuras- era sobre la realidad.
Yo no tengo ni idea del tema, asique discutir con vos cuando no estás la convierte en una discusión interesante, porque de otro modo seguramente me destrozarías muy académica y fácilmente, y a mi me interesa más jugar.
Yo me reía, malvada y soberbia como me permito ser a veces, de tu necesidad de explicaciones, de que lo que es coincida con lo real, con lo coherente, lo comprensible. Mi risa estaba muy justificada, por otro lado: todo tu planteamiento me lo inventaba yo, de modo que tu necesidad de realidad era en si misma una negación de su raíz, casi un oxímoron: un ser imaginario que exige realidades. La cosa, como ves, resulta muy divertida.
Con todo, me dedico a refutarte, a vilipendiar alegremente tu maciza búsqueda de sentido, de entendimiento, de racionalidad en lo que me pasa con vos. Entonces te digo, mientras se me escapa un punto del tejido y suena la guitarra lenta y cae la nieve, que eso es una tonteria. (Sí, un argumento irrefutable, el mío. Son las ventajas de inventar discusiones privadas: no necesito ser brillante, ni siquiera medianamente inteligente, ni tener siquiera argumentos.) Es una tontería, porque mi padre. ("Ahi está!: mi padre!") Mi padre murió en un segundo (prefiero creerlo así, siempre que puedo). En un segundo y ya no está, ni antes ni después. Y paso mucho tiempo imaginando qué hacia, qué sentía, qué haría ahora, qué hubiéramos hecho si hubiera venido, qué no haremos, cuándo y dónde me faltará mas notoriamente; recreando sus gestos, adivinando sus secretos, recordando su voz o sus manos o un modo que tenía de mirarme.
Mi padre, que ya no está, está todo el tiempo. Mi padre que ya no está en esta realidad como un ser vivo. Mi padre que ya no hace ni ama ni anda ni sueña ni se duele ni imagina ni espera nada. Mi padre.
Y entonces yo te digo: si a través de pensarlo lo hago entrar en mi realidad...si a fuerza de imaginarlo y de recordarlo y de suponerlo, algo suyo (o algo que quedara de su presencia en uno o en muchos tiempos; algo decantado ) se vuelve real a través mío...por qué no podría ser real todo lo que a mi se me ocurra imaginar o suponer sobre vos?. Quién te pensás que sos para venir a negarle a mi imaginación, a mi delirio, a mi locura su carácter de demiurgo?. Por qué, si puedo hacerlo volver en mi recuerdo (los recuerdos son reales?no me lo digas, no quiero saber), no voy a poder inventarte a vos, no voy a poder sentir lo que se siente al acariciarte o sonreír secretamente ante la imagen de tibia intimidad que me embarga al vernos sentados charlando?. Por qué no puedo hacer un mundo e imaginar sus muchas aristas de decantar la sensación que me produjo un gesto mínimo que hayas hecho, o la forma de tu antebrazo o la sombra de tu barbilla, o incluso el modo en que pronunciás una palabra o el tono de tu voz? . Decime, a ver?
Vos, convenientemente, te quedás callado y sonreís de ese modo en que lo hacés cuando mentís y querés evidenciarlo.
Yo sonrío también, torpemente triunfal, y sigo tejiendo mientras la nieve y la noche que ya cayó y vos que estás quién sabe dónde sin saber siquiera que estas acá y acabo de ganarte una discusión brillantemente ridícula y falaz
Tejer una bufanda blanca a la luz de la nieve, de la primera nevada en una cabaña en el bosque, un dia de diciembre. Parar, sorber el té, mirar lentamente cómo los copos resbalan despacio por el cristal, empañando el pino
Viento como nunca antes. Viento.
Viento en el que abro los brazos y la sonrisa. Viento encima de las rocas y dentro de la habitación de madera; viento que dobla los arboles y hace aletear a mi bufanda de colores. Viento entre el brezo y los pinos ibéricos. Viento que hace fluir las nubes que atravieso mientras ando por un camino de tierra, empapada de niebla.
Viento como nunca antes que me hace pensar de pronto en el dragón blanco que me trajo hasta aquí, ese en que vi convertido el avión al despegar, feliz, asombrada, en medio de un viento que -recuerdo - me quitaba del pecho la costumbres, lo "mío " que volaba hacia atrás como hojas de otoño a fuerza de la fricción del aire que el dragón trepidaba mientras me acercaba a él con cada segundo. Viento que me atravesaba, como éste
Viento como cierre, como simetría, y también como inauguración, tal vez, de otro vuelos
domingo, 27 de diciembre de 2015
Nada que pretenda ser humano puede ser siempre de la misma manera y acertar cada vez
Una diana en un bote en un río
Un hombre que desde la orilla repite el mismo tiro una y otra vez: misma distancia, misma fuerza, mismo recorrido
Pero la diana se mueve, a fuerza del río
Imperceptible, suavemente, no importa,
pero se mueve
Acertará nuestro hombre, sin duda
Alguna o varias veces
(El reloj descompuesto de Pappini debería venir aquí a reclamar derechos de autor, pero da igual)
Pero si lo que quiere es acertar muchas,
debe cambiar
Porque cambia el objetivo
debe cambiar el modo de llegar
Nadie es, nadie puede ser, nadie debe ser
Siempre justo
Siempre cruel
Siempre bueno
Siempre noble
Siempre ruin
Siempre valiente
Siempre brillante
Siempre imbécil
Siempre cobarde
Nadie puede,
nadie debe,
nadie lo es
si es hombre
viernes, 25 de diciembre de 2015
Fénix
Sólo entonces. Sólo cuando la Vida se te meta adentro, te de vuelta, te destroce, te rompa, te lacere. Sólo cuando te ahogue irremediablemente y la desesperación no haga más que hundirte cada vez más con cada movimiento que pretendía salvarte. Sólo entonces vas a saber que nada hay que puedas decidir realmente mas que dejarte ir; soltar amarras.
Existe la emoción (el poder centrifugo de la Vida, el agujero negro, la fuerza gravitacional: el poderoso centro, Alfa y Omega) y es querer controlarla lo que te desquicia, lo que te rompe, lo que separa la finísima capa del sentido de todas las cosas que existen.
No hay bien y no hay mal. Sólo está lo que existe y lo que no; y sólo dejando que lo que es sea, más allá de nosotros y nuestras máscaras, respiraremos realmente; nos habitará la vida que nos rompe.
Pero es que así y sólo así. Sólo decidiendo morir, renacemos.
jueves, 24 de diciembre de 2015
martes, 22 de diciembre de 2015
Qué tremenda victoria
me parece a veces
haberte entregado mi fragilidad
-haber puesto en tus manos
desnuda(s)
ese cristal finísimo de mi escencia mas cruda;
haberte dado la posibilidad
de que me rompas
confiando en que no lo harías -
aunque no hayas sabido qué hacer
con élla
Qué grande me siento
cuando me reconozco
tan pequeña
A veces me pregunto qué partes de la tierra y del tiempo en que nací se revelan en mi. Sería otra mi cintura, la forma en que muevo las manos, la dirección de mi mirada si hubiera crecido en otro lugar?. Hubiera sido distinto mi modo de andar, el resoplido del hastío, la cadencia de mis silencios?. Qué ángulo formaría mi mentón al quedarse mirando a la nada mientras busco una palabra?.
Está la llanura inmensa y un algo en el aire, la tierra roja y la negra; hay sangre y gente que mata por aburrimiento, hay un mascar pasto como silencio y la costumbre de la soledad y las letras como lanzas y hay además una violencia incontenible que se vierte en la pasión de muchas formas. Está el tajo que nos funda y el lúpulo y la tierra helada; esta el yaguareté acechando en el verde oscuro y el agua imposible y hay además tierra cuarteada y salinas que abren la piel y los labios. Hay crudeza y el continuo nacimiento de la desesperanza y su correspondiente, resignado resistir. La lágrima de la mano que se estira para pedir y el asco y la burbuja incorruptible del que no sabe ni quiere saber, del que no mira nunca realmente el espejo.
Hay máscaras, mil máscaras que transfigura el tiempo (una y la misma, pienso a veces, hecha de barro demiúrgico que un dios borracho no termina nunca de definir y rompe una otra vez -se duerme encima, la hace pedazos sin querer; se angustia, luego ríe - y escupe y amasa de nuevo y somos figuras que el aire reseca y resquebraja, como en el Popol Vuh); en realidad no existimos, somos el entresueño de la fiebre del hombre de "Las ruinas circulares" de Borges; el fuego no nos quema y sin embargo nos nace: somos el fuego. Somos la fiebre y la destrucción y la pureza y la ceniza que abona la tierra.
Todo eso, digo yo, se me ve en las manos?algo en mis lunares lo revela?tiene mi modo de torcer apenas la boca, cruzar las piernas, dormir boca abajo, sentir en el pecho un sol a punto de implosionar algo que ver con todo ese tiempo y esa historia, esa sensación de que el aire contiene una sustancia, un componente que se respira sin darse cuenta y que se nos mete como la rabia o el oxígeno en las venas?
En la puerta del bar, en la madrugada glacial, fumamos. Me pregunta qué hago acá, cómo aparezco en la puerta del bar, en la madrugada glacial, fumando, en este pueblo perdido de Galicia
-Me enamoré- le digo después de unos segundos de silencio, preguntándome lo mismo.- Luego, me separé. Y ahora estoy aquí, con vos, a la deriva, viendo cómo se desenvuelve todo, viendo hacia dónde...-
Me sonríe francamente y me dice con ternura "ay, me gustas mucho". Nos abrazamos. Hace cinco minutos que la conozco y las dos sabemos que no nos vamos a ver más, que en unos días vuelve a Irlanda y yo sabe dios dónde . Se ilumina cuando habla de un chico de allí con el que trabaja; nos muestra vídeos y dice que está muy enamorada, que es brutalmente inteligente y lo admira mucho. Cada tres palabras dice "Patrick"y nos cuenta que no nos escuchamos, que a Patrick nadie lo escucha, que ese es el problema y no el autismo.
Hay un puente intangible pero certero entre su mirada y la mia, tal vez de la sorpresa, de la prístina alegría de la palabra sin más, del goce del momento y la celebración de ser ésto que se es en este punto exacto del camino.
"Yo sabia que esta iba a ser una buena noche", me dice. Yo no lo sabía, pero es de esas cosas que me da igual ignorar.
sábado, 19 de diciembre de 2015
Llego y me subo a la roca de encima de todas. Escalo con dificultad, pero llego y el espectáculo todavía dura: delgadas, larguísimas, las nubes son lenguas de fuego, oro líquido. Nadie en la cuesta, ni en ningún lado. Sólo yo y el atardecer, despeinados.
Casi me lamento de no haber cogido la cámara en la carrera porque es tan hermoso que lo tienen que ver los que no están, pero entonces me pongo a pensar en esa necesidad tan actual de "compartirlo" todo, de todo llevarlo hacia afuera, hacia el otro, como si sólo atestiguado de esa manera tuviera valor; como si el valor fuera dado por la mirada del otro que nos mira mirar y no por aquello que miramos. Antes de ponerme a discutir conmigo, con atino, me llamo a silencio, me digo que no me haga perder el tiempo, y disfruto.
Entonces veo, girando un poco la cabeza, un macizo de nubes de un gris violáceo que se mueven, casi apisonadas unas contra otras, sobre la linea apenas curva de la montaña de al lado, erizada de pinos. Hay viento, mucho viento, que las hace moverse muy rápido, y me sorprende que sin embargo el macizo no muestre fisura alguna; me asombra su casi fluir, su voluntad de muro aéreo. "Si una bandada de pájaros quisiera pasarlas, se estrellaria contra ellas"
El río de oro sobre el río de tinieblas; en medio, un celeste rabioso. Sólo ella desentona: esponjosa, impolutamente blanca, se yergue por encima de las nubes que ya empiezan a teñirse de rojo. No puedo dejar de mirarla. Los bordes, perfectamente definidos hace apenas unos segundos, empiezan a borrarse. Se estira lento, el viento la lame, la deshace lentamente. Se desgaja, se deshilacha inevitablemente ; el celeste empieza a verse a través de sus heridas. El río violeta y el río ya decididamente rojo siguen fluyendo compactos, pero ella no se inmuta: apenas algunos tonos de sombras le rozan los párpados en el camino, y unos segundos después el viento furioso la despedaza, la borra por siempre, la difumina con hambre voraz, la disuelve en su seno y se la lleva lejos, lejos, donde nunca más ella, donde nunca más.
De pronto me asalta la curiosa idea de que me estas olvidando, papá.
No el ojo ni la cosa vista, sin la mirada
No el pulmón ni el aire, sino la respiración
No la piel propia ni la ajena, sino el contacto
No las cuerdas vocales ni las palabras, sino la voz
No el oído ni el sonido, sino la vibración
No yo ni el otro, sino lo que Es
viernes, 18 de diciembre de 2015
Los libros han sido, siempre, medios para conocer a los Hombres. Todos me han dicho cosas, buscadas o no, sobre ellos. Sobre mi.
Es curioso pensar que me he pasado la vida leyendo manuales de instrucciones escritos por las cosas mismas.
No se por qué la gente habla de distracción cuando habla de lectura: pocas cosas se me ocurren más serias, más cabales, más comprometidas e incluso más peligrosas que leer. Porque no se puede "desleer". Porque las letras son conjuros sagrados que se pronuncian en silencio y descorren velos invisibles que ya no pueden volver a su lugar. Todo, incluso lo mas nimio, revela algo. Incluso para los incautos, pienso. Sucede que nunca sabemos bien qué. No somos capaces de preveer de dónde vendrá la mordida de la serpiente que nos envuelve lenta, circularmente.
Las cosas que dicen los libros -en tanto son cosas que se dicen con palabras- son pasadizos que se extienden oscuros en la oscuridad más absoluta: existen, tienen límites palpables, establecidos; llevan a algún lugar, pero nunca sabemos realmente dónde.
Sin embargo los libros en tanto objetos tienen algo que me resulta fascinante: no se si hay otras "cosas" que representan de manera tan acotada en su manifestación física, tan clara ese proceso de transformación, ese camino de ida. Los libros son íconos exactos, resumen, un algo palpable, material, físico, limitado, que encierra en si mismo el latido vital de las cosas que allí no caben. Es tonto decirlo, lo sé, pero no puedo evitar pensar que un libro es como una palabra, en ese sentido.
Me asalta todo ésto cuando termino un libro que leo buscando a alguien. Un libro que, tal vez por todo ésto -o como causa, no lo sé- recorrí buscándolo, como un secreto, como si cada frase o idea o giro fuera un pasadizo oculto hacia su modo de ver y mirar y estar; como si pudiera desentrañar algo suyo, como si pudiera acercarme a él sin que lo sepa.
Y de pronto me di cuenta de que eso me ha sucedido tantas veces, con tantas personas...
Resulta que busco personas, en los libros, siempre: a veces, personas que conozco; otras, personas por conocer (porque ya lo decía Pascal: "La curiosidad no es más que vanidad. En la mayoría de los casos, sólo queremos saber algo para hablar de ello."; y en mi caso particular, esto es tristemente cierto).
No deja de resultarme asombroso, en un punto, elegir consciente o inconscientemente este medio, hacer ese rodeo casi patético, de tan enrevesado. Pienso de pronto en Russell y aquello de "Deja de intentar escribir y en cambio intenta no escribir. Sal al mundo, hazte pirata, rey en Borneo u obrero en la Rusia soviética; búscate una existencia en que la satisfacción de necesidades físicas elementales ocupe todas tus energías. (...) Creo que, al cabo de unos años de vivir así, el ex intelectual encontrará que, a pesar de sus esfuerzos, ya no puede contener el afán de escribir".
Llegar, en fin, al fin buscado, raramente coincide con el medio que se emplea para hacerlo. Los medios -las actividades, los libros las palabras- nos transforman de tal manera que, en el camino, el fin cambia, porque cambiamos nosotros, sin advertirlo. Así -y sólo porque siento una incasable, juguetona, infantil atracción hacia las máximas grandilocuentes y rotundas- nunca se llega a ningún lugar al que se quiera llegar. Nunca se descubre aquello que se intenta descubrir. Pero siempre se llega a algún lugar, y siempre se descubre algo. Aunque estas dos cosas, claro, muchas veces se entienden mucho tiempo después, y a veces, la mayoría, ni siquiera se entiende realmente. No, por lo menos, de manera racional.
La traducción de todo eso que pensamos y leemos y decimos es la acción, el modo de estar en el mundo. Sin embargo, tampoco eso lo resume, nos resume. De casi nadie puede decantarse francamente quién es sólo mirando lo que hace, cómo vive o ha vivido, de las decisiones que ha tomado, por mucho que nos encante pensarlo. Están las razones y la intención y todo una inmensa maraña de significados ocultos, incomprensibles desde el afuera e incluso desde dentro de uno mismo. Siempre algo queda del otro lado; el Hombre no es algo que pueda ser dicho con palabras que claven a la mariposa en la plancha de telgopor. (Lo Vivo, cómo se dice lo Vivo?; eso que palpita detrás de cada nota o fonograma o número o letra?). Somos más hondos; mucho más. Somos en la complejidad del tiempo y el silencio, aunque nuestro hábitat sean las cosas y los cuerpos. Somos lo inextricable; la verdad a la que se llega de carambola, por ningún camino, acaso sin darse cuenta, nunca, de haberlo hecho.
Curso intensivo
Aprender a vivir en esta realidad
donde todo cambia a cada golpe de viento
y lo único que hay para aferrarse
es uno mismo:
esa figura de humo
que las cosas que mueve el viento
transforman
Los focos tajean la noche, el coche demasiado rápido, las curvas, los arboles al costado del camino que despiertan de pronto desnudos, las casas de piedra, los campos sembrados, las sombras blancas de los caballos en la oscuridad, el mareo, la luz del móvil y esta sensación de que quiero tocar o rasguñar o despedazar algo que no existe, de que quiero abrazar algo que no es, de que no voy a llegar ya nunca donde quiero llegar, donde quise llegar, al único lugar donde estuve de esa manera. Y el coche y la noche y la música dando vueltas y vueltas y los racimos de luz de los pueblo ya debajo, lejos, muy lejos, como vos cuando yo hoy volví a decirte que te amaba sentada sola en un bosque que nunca verás, que nunca será, como vos, como yo, como nosotros
Las piedras grises
Las luces sepia
La musica a tope
Vino, ginebra, ron
Gritos de política
de pena
de amor
de asqueroso cansancio
Hartazgo del aire
Humo que rezuma
náuseas escondidas
El silencio afuera
Las voces y las manos
que desconocen y llaman y tocan
un cuerpo anónimo
como madera flotando en el mar
y ríen estrepitosas, hastiadas
La razón de los sobrios
El frío de diciembre en este pueblo lejano, sin nieve
Este asco,
este,
como baba tibia, idiota,
tampoco.
miércoles, 16 de diciembre de 2015
"Entiendo mejor el ribete en el aire
de la hoja solitaria que cae
sobre el pavimento mojado
que mis venas"
o este coche y la música que chorrea
o las voces y la luz que alumbra
-salida de la plena oscuridad-
a la hoja que ya nunca más
que sólo ahora, aquí
que sólo en este momento
y para siempre
domingo, 13 de diciembre de 2015
Hace frío. Mucho frío.
Escucho una canción venida de algún lugar de la memoria; una canción en portugués que me habla sobre todo de élla, que es quien me la dio a conocer hace ya años.
En unos minutos tengo que vestirme e ir a trabajar. Me resisto, me enojo. Quiero quedarme escondida mirando el pino. Quiero sentir el agua caliente que me lleva a casa pasar lenta por mi garganta y quedarme quieta y mirar, nada más.
La canción dice
Seja simplesmente
Compreender a marcha
E ir tocando em frente "
De pronto recuerdo un poema, no se de quién, que habla del sabor de las fresas, y de que uno nunca se pregunta por el sabor de las fresas, sino que lo disfruta (el viento le echa encima al pino un manto de bruma). Y recuerdo Despertares, esa cita que fue la que más me gustó cuando la vi. Y pienso en el mate, y en el calor de mis piernas y en el pino que miro y en el amor que me trae la música y en la ropa que visto y en las manos que, aunque no me toquen ahora, existen. Todo refulge, de pronto.
La fresa. La marcha. Cada segundo. Sentir. Despertar. El regalo.
Una posibilidad de la derrota
Hundir en el barro humeante
las pantorrillas desnudas como rayos
Penetrar la tierra negra
usina feroz
Y mis piernas que se yerguen cual raíces
poderosas
sangrantes
de palpitante filo
Diana soy, y también Dafne
En mi negro laurel arde la flecha
En mi corteza dura, el tiempo gime
La tierra se revuelve, quiere huirme
Quiere salir de mi, hembra salvaje
Pero la domo y la traspaso, la doblego
Me recibe en su seno
Me alimento
viernes, 11 de diciembre de 2015
(Realidad, Patria)
Leo palabras de odio, palabras que sólo miran lo que separa, lo que divide, mientras tomo el café . Palabras manchadas de sangre, escupidas con bronca, con dolor. Palabras de la historia que nunca aprendemos y que, creyendo que la contradicen, que la cambian, la renuevan. Palabras-transfusión para que siga vivo el mismo monstruo de siempre, para que sus tentáculos sutiles, que nos atraviesan no el acto sino la intención, sigan latigueádonos desde adentro.
Hace frío y fumo. La siento apretar un poco más; la dejo hacer. Trago con dificultad algún silencio con gusto a grito. Afuera el sol ilumina los pinos y recuerdo de pronto a Saramago: "La soledad no es un árbol en medio de una llanura donde sólo está él, es la distancia entre la savia profunda y la corteza, entre la hoja y la raíz".
La serpiente aprieta, lenta, sin prisa; pero no consigue, así, acortar esa distancia.
jueves, 10 de diciembre de 2015
Me quedo quieta, casi ausente. Curiosamente, es cuando más presente estoy: cuando el nervio del Silencio me centellea dentro y no puedo mas que mirarlo, sentirlo. Hay una dimensión que se abre, entonces, y dentro todo es oscuridad y acecho de tigres poderosos, totémicos. Las cosas se vuelven cosas, todo es extraño, de pronto. Hay algo rondándolo todo, yo lo siento. Algo que se mueve sigiloso, exacto, como un cetáceo inmenso en la profunda oscuridad de la noche y el océano: sólo el sonido del agua lo delata. Sólo la quietud lo revela.
Entonces vos, que no estás, me preguntás divertido "en qué piensas?", y yo despierto o me vuelvo a dormir, y pestañeo rápido y salgo del trance inadvertido casi sorprendida, pensando en cuánto dice de lo poco que me conocés esa pregunta que no hacés y que, sin embargo, me parece hasta cándida, hasta inocente.
domingo, 6 de diciembre de 2015
Nunca
el absurdo
había sido tanto
Hay hombres, y eso ya es decir
Hay hombres y hay cosas
Hay posibilidades y mundos
Hay sentirse y sentidos
Hay lo que subyace
Lo pretérito
Lo ignorado
Lo inhaprehensible
Y nunca
el absurdo
había sido tanto
Me deja quieta
Inútil
Perpleja
Absorta
Nula
Desarmada
-como quien mira un hijo
diciendo que lo odia,
o descubre un secreto
cuando ya no cambia lo ocurrido -
La verdad
no sirve
para nada.
(Me cago en Russell y sus consejos para la posteridad
Me cago en tu manía de recurrir a los hechos,
de ignorar lo que sabés desde otro lado:
los hechos no sirven
si sólo ves
los que apoyan tu teoría;
Si ignoras la trama
que los sostiene )
viernes, 4 de diciembre de 2015
Lo que contiene el Centro es aire. Si el aire estuviera fuera, si quisiéramos admirarle el brillo y la temperatura, la humedad y la luz, el peso de las partículas, no encontraríamos cómo: el aire es todo, es el vacío, lo indeterminado. No le prestaríamos atención a la misma cosa (cualquier fuera) si estuviera fuera del Centro, perdida entre otras miles de cosas o abandonada en la inmensidad de la llanura: es lo que representa en tanto fin del camino que hasta allí nos llevó lo que le da el tono exacto de los filamentos luminosos que la componen.
Asi, el viento silba entre los pinos, fuera, en una (la primera) noche glacial, y yo doy vueltas en la cama pensando que las palabras son las paredes de un laberinto, son las que le dan sentido al Centro, las que lo hacen ser lo que es. Son, a la vez, las que lo esconden y las que lo fundan (ese doble movimiento, siempre, del todo. Realmente será todo asi, o sólo es mi forma de mirar la que lo encuentra a cada paso?)
Entonces, las palabras: esos obstáculos necesarios.
miércoles, 2 de diciembre de 2015
Tu placer furibundo, rabioso de luz, ante el mío
Taparte con la manta (estirarme para cogerla con una mano, sin mover el resto del cuerpo) para que no cogieras frío después de que te derramaras en mi, feliz, cansada. Ese remanso de paz de tu piel quieta, agotada, luminosamente tibia sobre la mía
Disfrutar de la sorpresa que te producía mi desnudez, tus manos que celebran casi asombradas, dulces, recorriendo por primera vez mi cuerpo tantas veces
Sentirte temblar, hundir sin lastimarme tus dedos en mi carne; disfrutar de ser parte de tu gozo
Sorprenderme también yo de la vehemencia de tu deseo, admirar ese momento en que te perdías en mi, en que soltabas amarras y mi cuerpo se volvía, en su sabiduría cimarrón - impelido por tu aliento- el mundo redondo y fresco, salvaje, nutricio, donde corrían los caballos. Maravillarme de mi lenguaje secreto y de tu capacidad de escucha
Que nada estuviera prohibido; que nuestro sexo fuera una liturgia que celebrábamos alegres, lúdicos; que fuera una extensión de nuestro modo de hacer todo lo demás
Que me encendiera tu olor, que te encendiera mi tacto. Que la barrera de la ternura al deseo fuera traspasable en cualquier momento con apenas un modo de acariciar, de mirar. Sentir ese cambio incluso antes de que ocurra.
Que no quisiera, cada vez, que salieras de mi. Querer tenerte asi, dentro, todo el tiempo que fuera posible, y acariciarte lento. Pasar con delicadeza mis uñas por tus muslos ya quietos, por tu espalda, y sentirte estremecerte
Tu generosidad inquebrantable, tu modo de gozar, igual o más que con tu propio gozo, con el mío
martes, 1 de diciembre de 2015
Mujeres
A una le acariciaron los senos, violeta sobre blanco, con una flor de cantueso
A otra la han visto salir corriendo en medio de un recreo, la ronda hecha y todos hablando, porque una idea la había inundado y tenía que volcarla sobre el papel
Hay una que un día fue un árbol, según le dijeron, donde se refugiaba un gorrión azul en medio de la tormenta, y otra cuya mano fue nido cuando -caminando hacia la parada del autobús en silencio, mirando la luna- la palomita blanca de la pequeña mano amiga se acurrucó ahí
Está la que baila entregada, muchas veces, consumida por la electricidad del sonido. Y la que pide silencio en medio de la montaña para escuchar el silencio.
Está la que danza, lenta e imperceptible, dentro del agua (sólo la parte inferior del cuerpo: nadie se da cuenta ), en un ritual y un juego sagrado que la acompasa con la textura del viento.
Además existe la que pasa por el salón, ve el rayo de sol, sopesa un segundo, suelta la escoba, vuelve a la cocina, prepara el té, pone una canción para mandolina y se sienta al sol a disfrutar.
Una más conozco (acaso la más querida) que sabe abrazar realmente.
Hay una que ha sabido decir franca, crudamente, las cosas que necesitaban ser dichas por el placer mismo de hacerlo, sin esperar nada (una, en fin, que ha probado la libertad, alguna vez)
Otra ha visto a un hombre mirarla con tanta ternura en los ojos que se puso a llorar. Una más, hermana de ésta, orbitó en un minuto eterno las manos de ese hombre frente a una chimenea donde ardía un almendro, como una danza nupcial.
Además existe una que canta: mientras cocina, mientras camina, mientras se baña, mientras hace las compras o cruza la calle, ella canta cualquier canción (y de pequeña, incluso las inventaba) y mira las cosas y siente su cuerpo a través de esa melodía que le vibra el aliento.
También está aquella que soñaba con estar en medio de un campo de girasoles, y lo hizo un verano y fue tremendamente feliz.
Y la que siente que el mar es un llamado eterno que la invoca, siempre (y que aunque no lo vea, siente su toque ceremonial que la busca, y que siente, cada vez que está frente a él, que eso está bien, que encaja, que asi tiene que ser)
Exista una que da, de vez en cuando, con la palabra exacta (esa, la del gozo mas inefable, existe poco, pero existe). Prima suya es una que se recrea deliciosamente con las etimologías y la sensación de que Otros han alcanzado, en algunas páginas, la maestría.
Las hay además ruines, egoístas, ególatras, necias, crueles, rudimentarias, mentirosas, caprichosas, cobardes, orgullosas y etcétera, pero no quiero hablar de éllas. Hoy, no. Hoy quiero hablar de las que me dan alegría.
Hoy quiero acordarme de todas esas mujeres he disfrutado ser.