"Éste
será como los otros
una forma de mi sueño "
J. L Borges
Vos me vas a perdonar, pero yo tengo peleas imaginarias con vos. Es divertido y conveniente, porque no ganás nunca (a ver si te vas a creer que siquiera en mi imaginación soy justa!)
La ultima -de hace un ratito, mientras tomaba mate tejiendo prácticamente oscuras- era sobre la realidad.
Yo no tengo ni idea del tema, asique discutir con vos cuando no estás la convierte en una discusión interesante, porque de otro modo seguramente me destrozarías muy académica y fácilmente, y a mi me interesa más jugar.
Yo me reía, malvada y soberbia como me permito ser a veces, de tu necesidad de explicaciones, de que lo que es coincida con lo real, con lo coherente, lo comprensible. Mi risa estaba muy justificada, por otro lado: todo tu planteamiento me lo inventaba yo, de modo que tu necesidad de realidad era en si misma una negación de su raíz, casi un oxímoron: un ser imaginario que exige realidades. La cosa, como ves, resulta muy divertida.
Con todo, me dedico a refutarte, a vilipendiar alegremente tu maciza búsqueda de sentido, de entendimiento, de racionalidad en lo que me pasa con vos. Entonces te digo, mientras se me escapa un punto del tejido y suena la guitarra lenta y cae la nieve, que eso es una tonteria. (Sí, un argumento irrefutable, el mío. Son las ventajas de inventar discusiones privadas: no necesito ser brillante, ni siquiera medianamente inteligente, ni tener siquiera argumentos.) Es una tontería, porque mi padre. ("Ahi está!: mi padre!") Mi padre murió en un segundo (prefiero creerlo así, siempre que puedo). En un segundo y ya no está, ni antes ni después. Y paso mucho tiempo imaginando qué hacia, qué sentía, qué haría ahora, qué hubiéramos hecho si hubiera venido, qué no haremos, cuándo y dónde me faltará mas notoriamente; recreando sus gestos, adivinando sus secretos, recordando su voz o sus manos o un modo que tenía de mirarme.
Mi padre, que ya no está, está todo el tiempo. Mi padre que ya no está en esta realidad como un ser vivo. Mi padre que ya no hace ni ama ni anda ni sueña ni se duele ni imagina ni espera nada. Mi padre.
Y entonces yo te digo: si a través de pensarlo lo hago entrar en mi realidad...si a fuerza de imaginarlo y de recordarlo y de suponerlo, algo suyo (o algo que quedara de su presencia en uno o en muchos tiempos; algo decantado ) se vuelve real a través mío...por qué no podría ser real todo lo que a mi se me ocurra imaginar o suponer sobre vos?. Quién te pensás que sos para venir a negarle a mi imaginación, a mi delirio, a mi locura su carácter de demiurgo?. Por qué, si puedo hacerlo volver en mi recuerdo (los recuerdos son reales?no me lo digas, no quiero saber), no voy a poder inventarte a vos, no voy a poder sentir lo que se siente al acariciarte o sonreír secretamente ante la imagen de tibia intimidad que me embarga al vernos sentados charlando?. Por qué no puedo hacer un mundo e imaginar sus muchas aristas de decantar la sensación que me produjo un gesto mínimo que hayas hecho, o la forma de tu antebrazo o la sombra de tu barbilla, o incluso el modo en que pronunciás una palabra o el tono de tu voz? . Decime, a ver?
Vos, convenientemente, te quedás callado y sonreís de ese modo en que lo hacés cuando mentís y querés evidenciarlo.
Yo sonrío también, torpemente triunfal, y sigo tejiendo mientras la nieve y la noche que ya cayó y vos que estás quién sabe dónde sin saber siquiera que estas acá y acabo de ganarte una discusión brillantemente ridícula y falaz
La ultima -de hace un ratito, mientras tomaba mate tejiendo prácticamente oscuras- era sobre la realidad.
Yo no tengo ni idea del tema, asique discutir con vos cuando no estás la convierte en una discusión interesante, porque de otro modo seguramente me destrozarías muy académica y fácilmente, y a mi me interesa más jugar.
Yo me reía, malvada y soberbia como me permito ser a veces, de tu necesidad de explicaciones, de que lo que es coincida con lo real, con lo coherente, lo comprensible. Mi risa estaba muy justificada, por otro lado: todo tu planteamiento me lo inventaba yo, de modo que tu necesidad de realidad era en si misma una negación de su raíz, casi un oxímoron: un ser imaginario que exige realidades. La cosa, como ves, resulta muy divertida.
Con todo, me dedico a refutarte, a vilipendiar alegremente tu maciza búsqueda de sentido, de entendimiento, de racionalidad en lo que me pasa con vos. Entonces te digo, mientras se me escapa un punto del tejido y suena la guitarra lenta y cae la nieve, que eso es una tonteria. (Sí, un argumento irrefutable, el mío. Son las ventajas de inventar discusiones privadas: no necesito ser brillante, ni siquiera medianamente inteligente, ni tener siquiera argumentos.) Es una tontería, porque mi padre. ("Ahi está!: mi padre!") Mi padre murió en un segundo (prefiero creerlo así, siempre que puedo). En un segundo y ya no está, ni antes ni después. Y paso mucho tiempo imaginando qué hacia, qué sentía, qué haría ahora, qué hubiéramos hecho si hubiera venido, qué no haremos, cuándo y dónde me faltará mas notoriamente; recreando sus gestos, adivinando sus secretos, recordando su voz o sus manos o un modo que tenía de mirarme.
Mi padre, que ya no está, está todo el tiempo. Mi padre que ya no está en esta realidad como un ser vivo. Mi padre que ya no hace ni ama ni anda ni sueña ni se duele ni imagina ni espera nada. Mi padre.
Y entonces yo te digo: si a través de pensarlo lo hago entrar en mi realidad...si a fuerza de imaginarlo y de recordarlo y de suponerlo, algo suyo (o algo que quedara de su presencia en uno o en muchos tiempos; algo decantado ) se vuelve real a través mío...por qué no podría ser real todo lo que a mi se me ocurra imaginar o suponer sobre vos?. Quién te pensás que sos para venir a negarle a mi imaginación, a mi delirio, a mi locura su carácter de demiurgo?. Por qué, si puedo hacerlo volver en mi recuerdo (los recuerdos son reales?no me lo digas, no quiero saber), no voy a poder inventarte a vos, no voy a poder sentir lo que se siente al acariciarte o sonreír secretamente ante la imagen de tibia intimidad que me embarga al vernos sentados charlando?. Por qué no puedo hacer un mundo e imaginar sus muchas aristas de decantar la sensación que me produjo un gesto mínimo que hayas hecho, o la forma de tu antebrazo o la sombra de tu barbilla, o incluso el modo en que pronunciás una palabra o el tono de tu voz? . Decime, a ver?
Vos, convenientemente, te quedás callado y sonreís de ese modo en que lo hacés cuando mentís y querés evidenciarlo.
Yo sonrío también, torpemente triunfal, y sigo tejiendo mientras la nieve y la noche que ya cayó y vos que estás quién sabe dónde sin saber siquiera que estas acá y acabo de ganarte una discusión brillantemente ridícula y falaz
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