lunes, 29 de febrero de 2016

Quiero ser el aire que respiro,
La luz del alba
El viento Zonda
La voz de un niño recitando
una cuarteta de Quevedo
El reflejo del sol sobre el Tajo
un martes de 1708 por la tarde
La sombra de un tero
El Fa sostenido que reverbera
en un violín desafinado
La arruga de una sábana usada
El suspiro que sucede al llanto
La mirada de un hombre en una calle desierta
El primer aire que toca un tallo
de siempreviva al salir de la tierra
Música, quiero ser música:
vivir sin pensar qué soy
Tan solo desangrarme
en el instante
Ser latido
Ser canto



Me gustan las manos de los hombres. La suave aspereza, la aspera suavidad. Me gustan los vellos y las leves venas azules. Me gusta la posibilidad del tacto, la potencia.
Me gustan las manos de los hombres imaginadas acariciando cuerpos amados; ese modo en que la fuerza se demuestra en la ternura, como la tierra que se abre para que el brote que abriga crezca y es ahí, en ese darse, donde reside su verdadero poder.
Me gusta la imagen de la mano del hombre húmeda de la humedad de la mujer; el modo en que se transfigura en sagrado elemento que bendice a la vez que recibe bautismo
La tensión, la convergencia de lo suave y lo denso que la habitan, de lo leve y lo macizo, de la vitalidad y lo grácil en que se convierte la mano de un hombre que ama
Me gusta que existan manos y que existan hombres y que existan cuerpos y que tocar sea posible.
Me gusta que, entre el golpe y lo ríspido y la inacción, nos sea dada la posibilidad de la caricia.

martes, 23 de febrero de 2016

Yo no sé crear
Yo sólo sé habitar de modos distintos
la Vida
Inmiscuime en las sombras
Beberme lento el rocío
Sacar del aire las palabras
Bailar con las hojas caídas
Morder con fruición la luz
Tocar la piel amada
y sentir el mundo

jueves, 18 de febrero de 2016

Salgo cansada, abatida. Me duelen partes del cuerpo que no sabía que tenía; me duelen partes del tiempo que ignoraba también.
Es de noche y en la carretera negra que la nieve oculta las luces de las farolas parecen mantas sepia prendidas del cielo con un alfiler. Hay niebla y nieve y me nublan mis dolores, mis pensamientos.
Voy puteando internamente a la gente que va a venir, a mis jefes, a la vida, a la lluvia que paró, a mis pies, al frío, a los árboles repletos de nieve, a la nieve, a los músculos que me duelen, a lo largo que se hace el camino, a las horas que faltan para mañana, a mañana, a todo, cuando empieza a sonar la canción.
De pronto, no se cómo, me doy cuenta de que estoy bailando. Bailo sola y doy vueltas sobre mi misma en medio de una carretera helada en una montaña perdida, en la noche afilada, en la nieve, con una bufanda roja, riéndome.
Antes de terminar la carcajada tengo lucidez para agradecerle a esa parte de mi, a esa parte ínfima de mi, que de alguna manera sigue viva, tremenda, fabulosamente viva, y que me salva

martes, 16 de febrero de 2016

De qué vale decir?
De qué vale
si no se aprehende el significado?
La verdad exige comprensión
de otro modo
lo Cierto
es sonido hueco,
lo mismo que un cuerpo sin vida;
lo mismo que mi piel si
al tocarla
sólo ves carne
(por eso no entienden. Por eso:
porque no saben que el sexo es también
-o puede serlo-
el instrumento con que se toca
la melodía:
es la música lo que importa,
la Música
Por eso no entiendo
Por eso
la carne nunca me pareció
triste )


lunes, 15 de febrero de 2016

sábado, 13 de febrero de 2016

Como tomar un jazmín
y prenderlo fuego
-tenaz, crudamente-
y desperdigar sus cenizas
tenues
sobre la mesa:
a eso se parece el tiempo
algunos días

viernes, 12 de febrero de 2016

Ellos bajan del coche, ellos hacen hora conmigo. Ellos me saludan en la plataforma y yo me subo y esperan.  Ellos me buscan a través del cristal, yo apoyo las manos del lado de adentro y sonríen: sólo eso ven, y eso solo alcanza. Los veo hablar, debajo; siento algo tibio en el pecho mientras reconozco sus gestos. Luego los pierdo de vista, se mezclan entre la gente. Me pongo los auriculares y empiezo el viaje. Ya no están, ya me fui.
No pienso ya, como antes, en los rituales.  Ya no me duele irme ni llegar sin que alguien me despida o me reciba: se ha convertido en un hábito nuevo, en otra normalidad.  Ya ni asomo de tristeza me produce, de modo que ya no lo noto, como al principio: ha hecho callo ya el roce que lastimaba.
Es entonces, cuando el autobús sale del andén ya vacío, que los veo: sentados, de la mano, esperan. Nadie mas en el andén.  Sus ojos miran, fijos, atentos, desde el tiempo, los cristales del autobús . Yo apoyo las dos manos abiertas en el cristal, casi instintivamente. Y entonces, casi como un acto reflejo, saltan del asiento y sonríen y saludan, saludan, saludan. Saludan hasta que el autobús dobla la esquina y ya no los veo más.  Saludan. Como antes.
Es en esas cosas en las que se funda una familia, pienso emocionada. En lo impensable que resulta, al unísono, que yo me vaya y que lo último que vea no sean sus manitos agitándose, despidiéndome,  acariciándome
Así se vuelve a casa. En esas pequeñas cosas

Mirame, así: mirame
También con eso voy a poder
No dejaré que ni una sola mirada las toque
Aunque sean miles,
Aunque juzguen y etiqueten y alaben y defenestren
ellas serán ellas; me diré al nombrarlas
aunque el dialecto sea una lengua muerta
(Alfarera, las guardo en mi seno;
el centro de la palabra es un agujero negro que me imbuye y mis brazos calan
pacientes y temblando
el desesperado límite de su forma,
la esquizofrénica barrera con los Otros)
En sus miradas habita la mía
Es contra mí que lucho en sus ojos
La leona defiende a sus crías
aunque al mamar le saquen sangre
Voy a romperme
antes de callar







La niña.  La niña es tan fuerte que resulta débil.  Y tan débil que resulta poderosa. Por eso la inmortalidad es una condena: es en nuestra fragilidad donde reside nuestra fuerza. Porque ver morir todo lo que amamos sin poder seguirlo, sin el eventual consuelo de lo natural, es el peor castigo
Sólo porque podemos no ser, que seamos resulta maravilloso

jueves, 11 de febrero de 2016

Son momentos ínfimos. Siempre. El tema es que no sabemos cuáles, ni cuándo. Pero son minúsculos, de un segundo apenas, y pasan a cada rato. Se me figuran esferas de luz, cuando los pienso, que contienen en su núcleo la fuerza del cosmos. Estrellas antes de explotar.
No te llamo. Decido no llamarte. Decido no dejar que mi voz te diga que sencillamente tenía ganas de oirte, de abrigarme en tu voz aunque sea sólo un ratito, aunque no tenga sentido, aunque no entiendas y no entienda tampoco yo, aunque crea que sí.
Decido no llamarte y entonces miro las gotas de lluvia abrirse en dos, duplicarse: la estrella estalla. La lluvia ocurre en dos lugares a la vez
Las decisiones que nos cambian la vida son así, minúsculas, aparentemente insignificantes. Y ocurren todo el tiempo, a cada rato

Sin embargo también la imagen es una cosa muerta. También la imagen adquiere sentido en nosotros, en nuestra forma de mirarla, de leerla.
El objeto creado, la imagen, es o puede ser un reflejo de una lectura previa que alguien intenta exteriorizar, o una mera casualidad resultante de un estado de cosas: la bicicleta contra una pared naranja descascarada, un modo de mirar, el vuelo de un pájaro, la gota del deshielo. Pero el canal se corta ahí, en la imagen misma, en su estar en el mundo de esa manera; es luego, en la visión e interpretación de esa imagen que los otros hacen, donde el mundo repite su ciclo de creación: la imagen es lo muerto que pare la vida que se genera a través de la lectura, del golpe de la sangre que aquello genera o no.
Los mundos particulares, asi, resultan privados, inconexos. De la palabra, de la imagen, de la palabra que nombra la imagen y que es resultado de su existir conjugado con el nuestro,  de ahi nace el mundo, y la soledad.
Cómo se rompe ese ciclo?debe romperse?o es sólo así, en la concatenación de las diferentes miradas que puede existir? (hay, en fin, algo que pueda ser dicho realmente, que pueda ser aprehendido de manera cabal por un otro?. O es sólo en el intento de que así sea, en la terca, sagrada tarea, que tenemos posibilidad de ser hombres?)
Si el mundo es ese mosaico, esa pintura impresionista que sólo adquiere sentido vista desde lejos, es necesario descubrir en qué punto se unen los minúsculos cuadrados, el borde de los colores, la piel, el límite:  lo que, al mismo tiempo, nos separa y nos une a esos Otros...
(Pero es que hay algo más, hay algo más denso aún, esperando: de la imagen que de nosotros tienen los otros, y viceversa, puede/debe/quiere algo ser dicho?. Cuánta responsabilidad, cuánta realidad existe en élla/s?. Y si de esa interpretación nace cualquier relación normalmente, es realmente posible conectarse mediante ellas?. Es decir: no habrá que traspasar la imagen, la lectura, la interpretación, la idea, la intelección, finalmente, para poder llegar a tocar francamente a un Otro? )

miércoles, 10 de febrero de 2016

Cosas que me sacan de la realidad
o me hacen entrar en élla:
la manito diminuta, nueva,
acariciando con inefable suavidad la piel de la madre
mientras se alimenta con los ojos cerrados
Y el sonido de la lluvia en la oscuridad
mientras lo recuerdo
(Esa región fuera del tiempo y las palabras
donde sólo el asombro existe:
Ahí, creo muchas veces, sólo ahí hay algo
real)

domingo, 7 de febrero de 2016

                                                                                                                        Hablar es hablarse
                                              Julio Cortázar, en Los Reyes



Puedo jugar el juego secreto donde te hablo. No sos, no soy, y sin embargo las paredes se difuminan y algo existe; está la voz, caracol mudo, y algo puede ser dicho desde el delirio y la fiebre.
Me enfermo, me rompo, pero no puedo evitar la seducción de la danza que las palabras me susurran, el hechizo rojo en que la pulsión  me arrastra, me rompe en mil pedazos. Debe ser dicho el conjuro que desde una región que ignoro me brota a borbotones; debe cortarse la cuerda que me latiguea la lengua desde adentro y saldrán entonces las palabras como en un ritual de magia negra en su propia, críptica cadencia.
Creo el monstruo que me devora; lo formo con cada silaba caliente y abierta.  En humo que me ciega, canto, y es dulce el sonido que despertará a la bestia que beberá de mi sangre.

sábado, 6 de febrero de 2016

Mamá

Te abrazo para dormir. Tu corazón retumba en la piel de mi antebrazo. Sonrío en la oscuridad pensando en que mi cuerpo debe de reconocer internamente, en la memoria celular, ése, el primer sonido. El ritmo al que crecieron las manos que ahora sostienen la tuya y se mueven, rítmicas, en el vaivén de tu respiración ya lenta, ya serena.
Imagino mi piel brillándome de alegría, dentro.

viernes, 5 de febrero de 2016

Noche de Carnaval

Seguir, instintivamente, el sonido hondo de los tambores que resuenan en una calle con casas de piedra
Hablar de Tierra del Fuego en la puerta de un bar, con la bufanda hasta la nariz
Probar un Mencía
Que un grupo de desconocidos me vean sin disfrazar y me requieran; abrir los brazos y decir con alegre convicción : "me entrego". Terminar toda pintada y con medias ajenas
Sorber, despacio, lo que hasta hace segundos era una cascada de fuego y ahora es la Queimada lista. Disfrutar de la sensación nueva de los granos de café tibios tocándome los labios
Salir de madrugada y -por alguna atávica o tal vez nostálgica razón- graznar como una gaviota, en medio de un carnaval con frío

martes, 2 de febrero de 2016

Me cuentan que jugás, que seguís jugando. Que investigás y te entusiasmás; que inventás y escribís y leés. Te imagino, por un segundo luminoso, riendo apenas, secretamente. Vivo, también vos.
Serás, todavía, más interesante que antes.
Me sonrío a mi misma cuando me encuentro pensando que debe haber una mujer que te merezca. Que debe haberla y que deseo que la encuentres, y que te haga bien. Y que no la pierdas nunca.

Pasar la tarde sentada al sol escribiendo un cuento para un niño de cinco años, en respuesta a un dibujo
Bajar de noche por el bosque, sola, con los ojos cegados de niebla, oyendo el viento

lunes, 1 de febrero de 2016

Pienso en lo blanco, en la blancura, en lo indeterminado, en la nada, en la posibilidad, en lo infinito.  La veo venir desde la luz. Cierro los ojos. El filo de la hoja en blanco -que primero pienso que me va a abrazar, que la ceguera de su abrazo va a venir a decir que nada es, que todo es indeterminacion, posibilidad pura, pero algo me dice que no, en el último segundo- me corta por la mitad, longitudinal, suavemente. Luego se posa delicada, firmemente sobre el suelo frente a mi.
Mis mitades, aún de pie, manchan la blancura con jugos y sangre que dibujan algo cierto, críptico -parece casual pero, no: algún lenguaje secreto tienen, lo siento; algo dice ese modo de derramarse, que yo ignoro- indescifrable desde otro lugar que no sea la sensación al contemplarlo.
Con los ojos aún cerrados alcanzo a pensar, algo sorprendida, que escribir debe ser algo así.

Que se vaya a la mierda Mallarmé con su amargura: Yo soy el infinito