Élla se pierde, como yo, por las calles inmensas. Élla camina y mira y se maravilla de las formas y los colores de las cornisas, los balcones y las palomas mientras yo ando muy seria y muy formal, muy en mi elemento, muy ausente pero muy aparentemente ahí.
Élla se sienta bajo la sombra de un plátano como los que habían en la avenida y coronando la fuente de Las Nereidas mientras yo descanso un rato del sol bajo un árbol cualquiera.
Yo camino y hago tiempo, cansada y extrañada, y pienso en las fotos que acabo de ver y en la idea de la obscenidad del arte y la compasión, y tengo larguísimas discusiones conmigo misma acerca de la mirada y la realidad, sobre la utilidad del conmoverse sin moverse y la posibilidad de no ser inmune a nada aunque no sepamos en qué punto nos atraviesa lo Otro. Élla mira enternecida el ribete que la hoja hace al caer del árbol altisimo y se da cuenta de que es igual a aquélla que la sorprendió pegándose a su pecho mojado, muy dentro del mar, un verano en Uruguay. Yo pienso mientras en que la cultura es otra de las formas de la frivolidad (en realidad pienso "bien puede ser, dependiendo de cómo se la utilice ", pero lo provocador de la afirmación contundente me gusta más )y me regocijo vanidosamente en la idea y ese acto mismo la apoya pero claro que eso no es generalizable, eso sólo habla de mi, en realidad, y qué gracioso resulta ser Yo.
Élla, lo sé, te espera, te busca.
—¿Estabas, pues, tan triste el día de las 43 veces? El Principito no respondió. Antoine de Saint-Exupèry
domingo, 31 de julio de 2016
sábado, 30 de julio de 2016
Ecléctica
De alguna manera todas esas cosas se conectan en mi, y sigo andando por el delicioso vacío de la sala blanca mientras pienso en que me gustaría saber cuáles son los hilos sutiles, subterráneos que las unen.
Madrid
Pero la conozco. Con todo, la conozco. Y cuando vuelvo a una ciudad la burbuja se achica (porque no la abandono nunca, pero pareciera que en otros ámbitos se vuelve laxa y se va a pastar por ahí con las vacas o los petirrojos) y es un claustro: el encierro tosco y ciego que reconocemos hogar a fuerza de habitarlo.
Yo sé de esta soledad de no estar nunca solos.
Brueghel
Los colores y las figuras y el caos; la historia, la historia detrás de la historia, la historia en que me imagino que la historia sucede; el asombro de siempre, la pregunta recurrente:"de qué está hecha el alma de un hombre que pinta, que necesita decir, que ve ésto?".
Esquivar sin ver el zarpazo la primera figura que se me viene, al fondo, colgando de un árbol. Y ver otras más abajo a la derecha. Y otra más hacia allá. Y otra. Y que se me cierre el pecho, y otra. Adónde mire, una más.
Irme de pronto. Querer respirar.
No puedo-decirle cuando viene intrigado a preguntarme si estoy bien-. A veces pasa. Demasiada gente ahorcada. Demasiada victoria.
jueves, 28 de julio de 2016
Ourense, Vigo, Barcelona, Madrid, Santiago, el mar, los niños, las charlas vivas, la noche quieta, el té rojo, los abrazos, la fuente de Neptuno y no de las Nereidas, almendros, Mediterráneo, las Cíes, las Catedrales, las palabras de antes, la lluvia verde, Rembrandt y El Bosco que no, calles góticas y ella en todas, murallas sepia...
Drexler canta siempre "brisa del mar, llevame hasta mi casa" mientras el tren, eterno, va
Hay que romperse
Hay que romperse para decir
entonces la figura es una cosa
son pedazos de vidrio negro y las hormigas
la mirada, las hormigas carnívoras que con todo
rompen el vidrio y las tenazas
las tenazas de las hormigas que tenaces rompen
rompen lo dicho y lo callado
y el silencio negro
el silencio
las hormigas negras
los cristales
la voz que escala y sangra y las hormigas
las hormigas se desintegran en el espejo
miércoles, 27 de julio de 2016
Su hermano mayor me habla ahora y tiene la voz distinta. Su madre lo nombra ya en la mesa "de los grandes".
Me estoy por dormir pensando en éllos; con el nudo en la garganta porque mi hermana me cuenta que preguntan cuándo voy a ir y si les digo que todavía falta un poco hay días en que no importa y hay otros, como hoy, en que se ponen a llorar.
Me pregunto si eso sigue siendo cierto.
martes, 26 de julio de 2016
Lo miro ir y venir dentro de la jarra; dar vueltas y vueltas en su mundo de plástico transparente. Hace cuatro días que paso a su lado cada diez minutos, y no lo había notado. Lo veo moverse de pronto, dorado y rojizo como un sol que muere, detrás del humo del cigarro.
Y pienso que antes hubiera sido una sensación oscura, incómoda la que me hubiera embargado.
Distancia
Sombras verdes
húmedas, se balancean fuera
Los niños dentro
tienen en la piel desnuda
el olor del sol
Hablamos. Y hablamos realmente.
Élla, que por costumbre y por diversión, por su inefable a inmanente ironía, de vez en cuando guarda algo de católica culpa y la escupe graciosamente y riendo con teatral gesto de constriccion, muy en serio y muy burlándose de su seriedad, me dice que lamenta tener sólo malas noticias, que lamenta que el aire esté tan viciado, tan denso.
Pero hablamos, y hablamos realmente. Puede uno desangrarse, desarmarse en el discurso. Y es por eso que me llama la atención lo que dice, que me parece rídiculo, injusto que lo haga: porque yo descanso. Aunque la mierda sea mierda, si no pretende ser flores, yo descanso.
lunes, 25 de julio de 2016
Meter los pies en el agua
en la oscuridad
La noche es un espejo líquido
en la silueta de los almendros
Las ondas leves licuan
toda materialidad
En el cielo se mueve, lenta, una estrella
y mi desconcierto
viernes, 22 de julio de 2016
Receta
Tiene que haber un porche en un atardecer de verano. Un porche con plantas salvajes, sin podar, como una selva privada. Y hay que haber salido porque ella ve nuestra hambre de lluvia cuando estamos con la nariz pegada a la única ventana abierta. Todo esto tiene que suceder luego de que nos acostáramos porque la preparación de una tormenta de esas magnitudes siempre nos afecta físicamente.
Entonces hay que salir así, descalzo, y quedarse en silencio un rato. El patio tiene que estar sucio; una leve sombra de decadencia tiene que atravesarlo todo.
Más tarde hay que encontrar un pájaro quieto en una rama de árbol seco y tiene que aparecer un niño desnudo. El niño tiene que decirle a la madre "no será él? ", y entonces la madre tiene que contar una historia de un pájaro que hace unas semanas amaneció en su casa no saben cómo y que se quedó dormido en sus palmas mientras le cantaba porque lo vio muy asustado. La madre tiene que decir -y esto es absolutamente necesario- que la canción era "La flauta mágica" de "La reina de la noche" de Mozart como si uno tuviera idea de qué habla. Y luego cantar con una voz dulcísima y húmeda, a pedido del niño desnudo y de trigo "pajarito chino de color añil canta que mi niño no quiere dormir".
Entonces hay que pararse en el borde de la lluvia y levantar los brazos; rendirse en la melodía, en todas éllas, mientras la madre canta y el niño descalzo la mira como uno mira la lluvia. El cielo tiene que ser violeta y gris y oscuro y como plateado, como enhebrado de viento. Hay que haberse mojado las manos y los pies en el agua que cae.
Luego ella tiene que aparecer al lado de uno y decir de pronto "qué lejos estamos de la Naturaleza. Siempre está ese anhelo, pero siempre hay una barrera. Es como con Baudelaire: el tipo habla del aire y del mar y de la fuerza de lo Natural y que se yo, pero es un tipo en un departamento".
En ese preciso momento hay que notar que el pájaro ya no está en la rama.
Y entonces, se siente ésto.
jueves, 21 de julio de 2016
Cuantos años tenía? Y con quién lo hablaba?.
Ojalá lo recordara con exactitud; puede haber sido en dos momentos y con dos personas separados ambos binomios por 10 años...Pero hablábamos de la intimidad, en cualquier caso. Jugábamos con las palabras, ahí donde Inti, Dios sol Maya, era nuestra Verdad y un símbolo caprichoso del que hacíamos derivar la etimología inventada de la palabra "intimidad" un día cualquiera, por el puro placer de delirar.
El sol en el pecho. Lo secreto, lo luminoso, lo privado, lo cercano, lo cálido. Lo de uno, el centro, lo que posibilita los ciclos, aquéllo de cuya justa distancia depende la vida. Y de ahí -la asociación es casi inevitable- a Platón y la caverna y el Bien y así una verdad íntima que brilla sólo para uno, que marca el pulso interno de las estaciones, que que veces abrasa y a veces se nubla y sin embargo siempre centro, siempre de uno, siempre Dios-Verdad-Bien como uno y lo mismo ahí donde Dios nunca era el Dios de los teístas sino una de las formas de nombrar ese sol interno, esa Verdad propia que se sabe o se intuye más allá de lo conocido y lo ignorado, esa Verdad o esa idea de Bien (qué diver son las mayúsculas ) -que, de nuevo, nada tenía que ver ni con los teístas ni con los moralistas ni con ninguna otra cosa muerta- aunque sólo de uno o tal vez sólo porque sólo de uno...
No sé con quién era ni cuándo, pero qué bien nos lo pasábamos...
Voy a verla ansiando su aire, su fuerza, su caos y su volatilidad, y en el camino me vuelvo a recrear en los recuerdos que me ha contado sin darse cuenta de los tesoros que me regala a cada rato, de lo maravilloso de su(s) historia(s), de su madre profe de literatura que los educa a los siete (siete!) en casa porque no le gusta cómo lo hacen en los colegios, de su arrobo en su primer día de clases a los 12 años y las nenas de blanco con trenzas, de su último parto sola en casa porque la matrona no llegó y recibir a su hijo bailando con el cordón sin cortar y tener que limpiar la sangre antes de que se levanten los más chicos para que no se asusten...
Se lo dije alguna vez, que cada vez que nos vemos yo quisiera grabar lo que dice porque es un libro vivo con una prosa fascinante, pero a ella le parece muy normal. Se ríe, se ríe de todo, de lo bizarro y lo poético, de lo cursi y lo solemne, y eso lo hace todavía más genial.
Le dije que sus ojos eran como dos mañanas juntas, le dijo en un susurro
Tomamos el café en la terraza; atardece y hay brisa y tiempo. Los veo complotar: hablan bajo y me miran fijo, medio sonriendo. Divertida, les pregunto qué pasa:
-Te vamos a convencer. No te puedes ir
-Ya te dije que no me voy a ir ya mismo. Me quedan un par de años, todavía;o, por lo menos, ese es el plan, de momento. Siguen habiendo cosas que quiero hacer aquí
-Pero para qué quieres volver?. Tienes que ser española!
Vengo en el autobús y en el sol que se levanta entre terrazas de viñedos pensando en "ser" español, ser boliviano, ser cualquier cosa. Es curioso cómo usamos el lenguaje.
Llegamos a la estación y el conductor me pregunta si abro yo el portaequipajes o baja él a abrirlo:
-Si me explica cómo, ya lo hago yo
-Qué eres, argentina o qué? (La maldita "y" me vende)
-O qué, le respondo antes de pensarlo.
Me cansa el torbellino
Me agota
Y algunas noches, como hoy,
no se por qué, pienso en tu pecho
Pienso en acurrucarme ahí
como una paloma que encuentra de pronto
un nido vacío en la oscuridad
Me invade entonces una sensación de sosiego
De paz
Si vos quisieras
dejarme
Si yo pudiera descansar ahí
aunque fuera unos momentos apenas
de todo, de tanto
"Cinco minutos", te digo en mi sueño despierta
"Dame cinco minutos que no existan
y que sean todo lo que hay"
Tus manos, mis plumas
miércoles, 20 de julio de 2016
Día del amigo
Su voz se quiebra mientras me recita el poema de Hamlet Lima Quintana ("vos ya sabes cuál es, pero igual te lo quiero decir porque para mi sos eso y mucho más "), y me abriga y me abraza y me rompe y lloro.
Lloro porque lloro, porque no hay nada más que hacer cuando la maravilla desborda y la vida es tan puta y tan fuerte y tanta.
Lloro porque existe todo al mismo tiempo, porque uno es una mierda y es una gloria y ella pisa el suelo de algun lugar e igual me quiere. Lloro porque no se puede, no se puede tanto. No se puede tener tanta suerte de existir, de coincidir aunque no importe, de que el Mundo y el Tiempo sea ésto que es donde ni existimos ni importamos y a la vez seamos tan luz, tan resumen, tan intensa, insignificante, grandiosamente. Como un colibrí.
Los veo gritarles por la ventana a los cuidadores. Tiene 13 o 14 años, no más. Los cuidadores apenas 10 o 15 más.
Les gritan y se asoman. Les gritan alegres y yo, como un relámpago, me doy cuenta de que tienen la misma edad que Adrián, y yo que éllos.
Adrián, preceptor de un colegio católico de Buenos Aires .
Adrián de voz suave y ojos azules; Adrián, psicólogo, Adrián grave y sereno y tan joven entonces,aunque a mi me pareciera tan grande de edad y a la vez tan inocente, tan llano.
Adrián que un día me dijo "es que vos tenes dos varas para medir las cosas: una para los demás y la otra para vos misma. Y la tuya es demasiado larga".
Adrián a quien un día, cuando quiso hablar conmigo porque me veía rara, le dije "me importa un carajo que sea 'pecado': yo lo que quiero es que esté bien"
martes, 19 de julio de 2016
Vacaciones
Una no deja de tener
muchísima suerte
si después de la muerte
el problema grande que tiene cuando el tiempo
es una sabana blanca secada al sol
que se estira y se engloba en el aire, melodiosa
si el problema grande es, decía,
doblarla de tal manera que quepan
todos los abrazos por-venir
Se ríe porque le dije "Chiqui" los primeros tres días, reacia a llamarla por su nombre completo, sin diminutivo, porque nunca me gustaron los nombres enteros, tan lejanos, cuando lo que siento es cercanía.
-Yo pensé que era porque no te acordabas de mi nombre
-No, es porque soy medio mañosa, nomás
Hace unos días encontré la solución perfecta: "Mar", le grito a Marta por los pasillos cuando no la encuentro, y así de paso lo tengo en la boca, salado e inmenso, todos los días
A los 19 fue la Justicia
A los 31, la Verdad
La inexistencia de lo uno
La inutilidad de la otra
Esas íntimas, privadas ilusiones
que sobrevivían pese a todo
El fantasma querido que acompaña al niño
en la noche cerrada
A veces sospecho que el único plan de la Vida
es desnudarme
Quitarme de a uno los ropajes
la piel en que me abrigo
para disolverme en su seno
lunes, 18 de julio de 2016
Muchas tardes me encuentro recitándola sin saber bien por qué, (exceptuando, claro, el placer) y tengo que volver a leera o, mejor aún, oírla en su voz. Me deleito en élla; me abrigo.
Resulta curioso mirar lo siempre visto y ver lo nuevo: no sé ya cuántas cientos,probablemente miles de veces he leído, escuchado o repetido mentalmente ese poema, y sin embargo hay días, como hoy, en que es otro, en que suscita otras cuestiones.
Y resulta curioso porque esa primera estrofa, tan melodiosa y perfecta, es un resumen de éllas: la declaración de la maestría de Dios (Borges, en este caso) que con magnífica ironía nos pone ahí, delante, todo. Y somos ciegos, siempre ciegos, estúpidamente ciegos.
Todo está dado. Nada hay que pedir o buscar. Apenas hay que aprender a ver.
Es de ceguera que morimos.
Entro de la terraza; de los viejos y sus cubatas y sus chistes que no me hacen reír y no me río: les dejo lo que piden y me voy en medio de la conversación que intentan tener conmigo. No sé cómo tengo trabajo todavía, a veces.
Entro y él me pide un café, y me quedo quieta mirándolo. La confianza nos mueve (el otro día me dijo:"yo te conozco", y a veces me parece que tiene algo de razón); me pregunta, sonriendo maliciosamente, qué me pasa.
-Pasa que yo a veces me pregunto: por qué no nací ameba, me querés decir?.
Recostada en la cama, la miro con curiosidad. La ubicación geográfica es una cosa muy extraña. No sé qué hace mi rodilla derecha aquí, recortándose insensatamente contra el fondo de madera de la habitación, cuando claramente quedaría mucho mejor al lado de tus costillas izquierdas, por ejemplo. Y mi rodilla izquierda, sin duda alguna, flanquenado tu costado derecho, por una mera cuestión de simetría, nada más.
Esto de que las rodillas no tengan sentido estético y/o de correcta ubicación geográfica es claramente un problema.
domingo, 17 de julio de 2016
Diferencia
Yo sé que debería ser coherente, creéme. Sé que conviene, para vivir, que hayan causas y consecuencias conectadas lógicamente como un hilo plateado, de hierro, por el que poder andar los futuros. Sé que es necesaria la linealidad en cualquiera de sus formas; que la sed es buena si hay con qué saciarla. Que las personas y los sentidos y los caprichos y las ganas y un modo de hacer y etcétera.
Pero a veces, sabés?, me aburro también de eso. Me cansa que las cosas no sean así, espontáneamente, porque sí.
Y entonces estoy mirando mis pies descalzos contra los listones de madera de la pared (los tengo levantados, estuve muchas horas de pie) y me parecen de pronto hermosos, gráciles, frágiles, conmovedoramente blancos, y pienso que me gustaría ver tus manos ahí, acariciándolos leves, como una oruga que pasea, como una pluma.
Sucede que es la sospecha la que trae problemas. La oscura, breve sospecha (aunque probablemente infundada o equivocada, pero qué más les da eso a las sospechas) de que encajarías exactamente
no con la que quiero ser
no con la que pretendo
ni "debería"
ni con la que me gustaría
o parezco ser
Sino con la que soy.
sábado, 16 de julio de 2016
-Estaba muy bien, su cuento: era una isla en la que sólo habían mariposas. Eran los únicos seres vivos aparte de los hombres. Eran conmovedoramente bellas; lo más hermoso que cualquiera pudiera imaginarse...y eran también el único alimento disponible
-Bueno...tiene sentido. Lo que hace terrible a la espina de la rosa es justamente su fragilidad. La capacidad de que te lastime algo tan bello. Que te haga daño la esquina de metal herrumbrada de un hacha no tiene mayor importancia. Es lo otro lo que jode.
Me despierto, o eso intento; corro la cortina, abro la ventana. La luz del sol se acuesta conmigo en la cama, aunque le doy la espalda a medio cubrir.
No consigo salir del sueño, de la rueda, la sensación circular, fatal de la tarde anterior: él que me pide mate porque quiere hablar conmigo; él que me cuenta, yo que lo escucho. Él con su dolor y su niñez y su ternura y su tantísima fuerza, y luego él a traición con Isaac Asimov y Flaubert y Campbell (Campbell!) y las tramas que tiene en la cabeza y sus cuentos y nosotros discutiendo giros y yo que le digo soberbia que tiene frases demasiado largas (justo yo!).
Él y el modo en que me mira a veces. Él y lo mucho que me hace pensar en vos.
Me enreda; quiero salir de ahí, quiero irme.
Entonces siento el golpecito en la espalda. Y otro, y otro más. La abeja se da contra mí intentando, como yo, salir, escapar. La luz del sol refleja en mi piel y la vuelve (lo vi en una foto y me sigue maravillado el fenómeno) un destello fulgurantemente vivo; luz pura. No consigue atravesarme, así que me levanto, me quito del sol. Entonces busca la ventana abierta, sale.
Y yo maldigo esta costumbre que tengo de mirar este tipo de cosas literariamente.
jueves, 14 de julio de 2016
Pasa ya muy pocas, realmente muy pocas veces. Pero a veces pasa.
Incluso pasa a un nivel casi subconsciente; en muchos momentos no me doy cuenta de estarlo pensando siquiera. Pero otros sí, como hoy.
Es un fenómeno extraño, como si tuviera varios niveles de conciencia, compartimientos estancos donde alguna que fui sigue intacta y ante determinada situación o sensación responde como si pasara en aquel momento. Como si las que he sido hubieran quedado atascadas en el pasado y desde ahí siguieran viviendo este presente que le es ajeno en lugar de convertirse, como creo que sucede, de a poco en esto que soy en este preciso momento.
Me acuerdo que hasta hace muy poco me pasaba lo mismo con mi padre: tenía que recordar, forzarme a recordar que no estaba, que no iba a volver a hablar con él, que no iba a llegar el domingo cuando me encontraba pensando que le iba a contar tal o cuál cosa o cómo estaría o si tendría mucho trabajo ese día.
Con vos me pasaba mucho, a cada rato, al principio. Queria contarte, quería llamarte para contarte las pequeñas victorias que en otro momento te hubieran puesto tan feliz. Luego me pasó cada vez menos. Y últimamente, nada.
Tal vez por eso me sorprenda ahora mientras subo la escalera después de tomar mate al sol con una compañera y estar muy a gusto y reírme y acariciar a su perra de mil modos y disfrutar realmente. Me sorprenda encontrarme pensando en algún lugar -que no es el primer plano del pensamiento- que quisiera contártelo para que te pongas contento. El que eras antes se hubiera puesto contento: él se ponía contento cuando yo disfrutaba.
Sin embargo él, como mi padre, ya no existe.
"Tendré que contentarme yo con mi alegría", me digo de pronto.
Es un buen plan.
lo único que quiero
es aprender a cometer
errores nuevos
Ella tiene, como yo tenía, la ilusión de un hito inamovible. La piedra fundacional que antecede a toda construcción; un hogar. Yo la escucho hablar a veces y me veo a mi misma hace muchos años, y me doy pena y ternura, y siento agradecimiento. Agradecimiento de que élla tenga, todavía, esa ilusión de pertenencia que la funda sin saberlo, esa piedra a la que aferrarse en medio de la corriente del río eternamente cambiante.
Lo pienso cada vez que me habla de su familia y nunca quiero decírselo. Nunca. Porque ya quisiera yo no haber perdido esa sensación de descanso, de amparo, de que hay un lugar al que se puede volver. No quiero que sospeche siquiera que eso puede perderse, que eso es tambien una circunstancia
Recuerdo aquella mañana en que, en el hospital, mientras esperábamos una cita, me asaltó la imagen de la casa de arena. Recuerdo la libreta negra, el dorado del sol entrando por las ventanas esmeriladas y sobre los bastones de los viejos; recuerdo anotarla voraz, urgida por la exactitud. No recuerdo si se la mostré a él; lo hubiera puesto triste, aunque tal vez me pudiera más la vanidad y la triste alegría de encontrar el modo de decir. Las paredes de la casa de arena (dorado y rojo refractándose, potenciándose) se prendían fuego; cosa improbable e incluso imposible, y sin embargo exacta, tan exacta. A veces es así: las imágenes no dicen y sin embargo dicen tanto, para mi, son tan eso que no sé decir y no sé explicar; son mías, son el certero desconcierto que ha encontrado (él mismo: yo no busco nada) la forma de ser expresado visual o literariamente. No sé si se entiende, no me importa que se entienda. Sé que lo entiendo. Sé que tiene sentido en mi, y que entonces vale, es válido.
Bendito es aquél que tiene un hogar; que tiene alguna manera de sentirse en casa. Yo (y nada tiene ésto que ver con la ubicación geográfica) hace mucho tiempo que soy extranjera en todos los sitios, si es que alguna vez no lo fui. Ni siquiera la vieja y poética gloria de tener el lenguaje como patria me vale: sólo algunas palabras, algunas imágenes alguna vez, me permiten pasar por la aduana indemne, y la estancia dura apenas un segundo.
Ella es niña aún, y quisiera inútilmente que lo sea siempre. Una mentira que no se sabe mentira (y ésto es condición casi imposible pero sine qua non) y que nos permite vivir, en el buen sentido de la palabra, vale lo mismo que toda verdad.
miércoles, 13 de julio de 2016
Me recuesto y sonrío porque no me quité las gafas y qué importa; no quiero moverme, quiero quedarme quieta en este calor y deglutir lento la luz y el sonido del agua y esta serenidad tan verde, tan pan.
Me recuesto en la enorme mesa de piedra, casi un altar en medio de la montaña y el verano, y pienso de pronto lo bueno que sería sentir tu mano abrirse paso suavemente por entre la piel que me asoma entre la camiseta y el pantalón después de soltar el libro que leés muy concentrado al lado mío, sentirla llegar a mi cintura tibia y ver con los ojos cerrados cómo la luz se eclipsa con la sombra de tu cabeza cuando me besás los labios calientes de sol. Un beso apenas: una constancia, una bienvenida, una humilde celebración. Y luego seguir leyendo. "Sería bueno, sí".
La diferencia, como siempre que es real, es sutil.
Mi padre, por ejemplo, no preguntaba. Y aquél muchacho del que estuve enamorada durante varios años sólo lo hacía conmigo.
Él, en cambio, cuando vamos caminando por la acera estrechísima y yo voy del lado de la calle, me dice tímidamente, casi nervioso "no quieres venir de este lado,mejor?".
Y no tendría ningún valor, como no lo tenía lo que hacía aquél otro (porque no era real, porque era pose), si unos minutos después no lo viera coger a otro compañero del brazo y guiarlo con dulzura y distracción hacia el lado de la pared, y ponerse él del lado de la calle mientras hablan.
Cuidar como hábito, como costumbre, como expresión de algo interno, y no como medio, como máscara.
La diferencia es sutil, pero es lo que hace que el acto mismo resulte luminoso.
Y yo le doy un beso que no entiende cuando vuelve y me pongo entonces del lado de la pared, enternecida, porque no se me ocurre otro modo de agradecerle su generosidad
martes, 12 de julio de 2016
lunes, 11 de julio de 2016
Me cuenta que la única imagen que tiene de antes de venir a España es la de un campo inmenso, una llanura infinita, y una enorme bandada de teros levantando vuelo.
Yo rompo un plato. Él me dice "por favor, no te cortes". Por favor, dice.
Resulta muy hermoso escucharlo a veces.
domingo, 10 de julio de 2016
Primero lo huelo; disfruto su aroma. Nunca conseguí quitarme esa costumbre animal, por mucho que lo intentaran.
Lo huelo y luego le clavo los dientes despacio, pero antes de dar la mordida completa la suavidad de su piel me llama y, mientras miro por la ventana, casi sin darme cuenta mi lengua acaricia apenas la suavidad de la pelusilla dorada. Juego un poco, me sonrío al darme cuenta. Entonces muerdo.
Y cuando muerdo se me viene a la cabeza por alguna razón ese día, la última vez que hablamos: el mirar cómo el día se hacía noche mientras escuchaba tu voz por el teléfono: el cambio de la luz en el aire; entrar en la noche oyéndote, sentir lo diferente que suena tu voz cuando sonreís al hablar.
"Ése es un lindo recuerdo", pienso mientras el zumo dulce del melocotón me resbala por la garganta.
A veces quisiera clavame las uñas en el nacimiento del pelo en la frente y tirar hacia abajo. Tirar, arrancarme con paciencia la piel y los ojos, las manos, los huesos, las uñas, el abdomen, las rodillas, la carne, la sangre, los huesos hasta el último. Tirar. Ni con asco, ni con furia, ni con dolor. Con paciencia, apenas.
Nadie quiere ser nada más lo que Es?A nadie más le desespera esto que parece que somos y que tenemos que vivir aparentando que somos como si importara?. Las costumbres, los gestos, los placeres, los dolores, las preferencias, los deseos, los planes, las dudas, el protocolo, las ceremonias, los gustos, los estados de ánimo, las certezas, las sospechas, los cambios...Tirar.
Yo a veces pienso que quiero dejar de ser. Sin embargo otros días pienso que lo que quiero es dejar de no ser. Que quiero ser lo que soy. Que quiero ser electricidad.
viernes, 8 de julio de 2016
Es distinto, porque "felino" es una línea negra; tiene un límite filoso, elegante, misterioso.
En cambio "gatuno" es redondo como la pupila amarilla del gato que mira quieto, como el sol; redondo redondo barril sin fondo, hondo, hondísimo y perfecto, caer sin pausa, circular, esférico, cíclico, infinito.
Más suave. Más juguetón. Más peligroso.
jueves, 7 de julio de 2016
Altus
Y ella me escribe y me habla y estamos ahí, estamos, nos encontramos. Cómo puede ser, joder, cómo puede ser que sea tan necia de olvidarme???. De que hay tanta y tan intensa luz como mucha e intensa es la oscuridad?de que en latín la palabra para designar la profundidad y la elevación es la misma?
Pongo el agua para el mate y me paro en la ventana a mirar. Cúmulonimbus (el único tipo de nube que consigo recordar cómo se llama). Abejas. Abejas como si fueran millones. Zumbido de abejas que se mezclan con truenos lejanos, hondos, guturales. Me descalzo y me paro en el sol que entra por la ventana. Las nubes se mueven apenas; hay en el aire una sensación de espera, de impasse. El trueno viene. También el sol. Los pájaros de pecho amarillo surcan, musicales, la ventana azul.
Todo se mueve lento sin embargo: el pasto sigue ondeando su alegre parsimonia, los perros recortados entre las margaritas. El agua del mate empieza a hacer ruido.
Y yo miro. Miro y oigo y siento. Y pienso cómo. Cómo es que conseguí olvidarme, cómo es que me olvido tanto, tantas veces, de esta dulzura?.
Porque con las mismas palabras puedo mentirte o decirte la verdad
Con los mismos ojos
Con la misma lengua
Con la misma voz
puedo hacer una cosa, o lo contrario.
Porque lo que se sabe realmente viene
de otra región
de una pulsión de la sangre
del silencio
de lo que queda flotando en el aire
de una sensación en el pecho
o en la punta de los dedos.
Por eso, tal vez por eso
no consigo quitarte de mis ganas
Porque sé algo
que no sé qué es
Pero, algo.
Algo que intuyo oscuramente
que se parece a la sed y al terror
que dice de mi cosas que no quiero oír
Que es -como las palabras- un relámpago con la misma capacidad
de iluminar
que de destruir.
Me apena a veces pensar qué pensarás; con qué imagen te habrás quedado de todo. Me apena un poco saber que será la que perdure, la que creas cierta, la que sea piedra que engrose la laberíntica construcción que llamamos realidad y que no es otra cosa que una interpretación del mundo.
Y yo me callaré, porque de nada sirve. No sirve la verdad como puente, sino como pilón, como poste que sostiene o puede sostener una estructura. El puente, ese lugar sobre el que caminar, es el entendimiento .
(Resulta gracioso imaginarse entonces a una persona parada sobre el pilón en una orilla y hacerlo alto, más alto, más: ve la otra orilla, ve al otro, siente el vértigo y el vacío y la levedad del aire. Ve al otro pero el otro está lejos, siempre lejos, cada vez más lejos. Sólo queda uno ahí arriba, sin poder moverse, pero mirando los pájaros pasar en una ráfaga suave de plumas de colores)
La exactitud con que no estás es perpendicular a aquella con la que estuviste: la línea que se traza entre los dos ejes es un surco que huele a tierra mojada; a veces a barro, a veces a podredumbre.
miércoles, 6 de julio de 2016
Memoria de pez
Seco la mesa de madera y el barniz refleja la luz que es reflejo del agua de nubes que cubren todo el cielo de un gris de plata líquida.
Seco la mesa y me hipnotizan las vetas curvas de la humedad que desaparecen muy lentamente y me agacho un poco y juego con las luces y las miro despacio y sin darme cuenta estoy sonriendo porque eso está ahí y es tan suavemente hermoso, tan insignificante y tan hermoso y de pronto me crece una alegría tan niña en el pecho, tan prima del asombro...
No se borra todo lo demás; no deja de existir. Pero eso está ahí, están el agua y la luz y el tiempo y el sonido solo de los pájaros fuera entre los pinos.
No sé por qué siempre me olvido, pero vuelve. De alguna manera siempre encuentra la forma de tirarme de la manga y volver, la Vida, a decirme que la mire, que está ahí, aquí, en mi; a través y por debajo y por arriba, flotando en el aire como el agua que se evapora.
Circunstancias
Vuelvo a casa, cansada, en la noche abierta. "No, voy andando, gracias".
Vengo pensando en la ternura con que apareció hoy en la puerta y me abrazó
-Vos no venías mañana?
-Sí, pero tenía ganas de verte
No sé por qué me hace acordar a vos. Bueno, sí sé por qué: su forma de mirar. Tiene algo de risa en los ojos. Y algo tibio detrás, algo dulce. Y una fuerza. Una fuerza muy extraña,muy particular.
Por suerte ya se le pasó la fase galán, asi que ahora nos reímos cuando aparenta serlo y hablamos de la Ley de probabilidades o de fisica cuántica (bueno, yo pregunto y me asombro y él habla, mejor dicho ), de la chica que le gusta realmente o de si se va o no a Manchester en el invierno, mientras secamos los cubiertos. Las ventajas que tiene el contacto asiduo, digo yo
Vengo pensando en él y pensando en vos mientras bajo por la carretera en la noche abierta y sólo las luces y las estrellas me acompañan. Marte se ve maravillosamente; los cencerros de las vacas anuncian la cercanía y la noche.
Y en la plena oscuridad, entre la luz de una farola y la otra, pienso como agua tibia entre los dedos en que me hubiera gustado que vos y yo tuviéramos esa oportunidad. En que me hubiera gustado conocerte en otro momento y en otro lugar.
domingo, 3 de julio de 2016
Cuánto tiempo. Cuánto tiempo me fue necesario para llegar a este ahora. Cuanto tiempo y cada segundo, cada uno, imprescindible. Para llegar a éste ahora donde puedo mirar el dolor con los ojos bien abiertos, y dolerme. Dolerme sin pestañear. Dolerme con justicia, sin asco, sin desesperación; dolerme de todo, de tanto. Sin pensar, sin justificar, sin intentar explicar.
Dolerme. Ser dolor.
Y detrás de todo, ser calma.
sábado, 2 de julio de 2016
Yo pongo el ajo en el aceite de oliva y después el jamón y después los huevos; un poco de pimienta y acabé con mis provisones pero qué importa: suena El témpano de nuevo y antes Astor y antes Norah Jones y yo bailo apenas mientras muevo la cuchara de madera y el huevo cuaja y cae la tarde y pienso que todo me parece hermoso y cómo es que me había olvidado yo de esta alegre paz.
"Lo único que le falta a ésto es el vino". Me olvidé de comprarlo. "Bueno, y sus manos ". Me sonrío. Me detengo, serena. "Bueno, como falta, falta, no hacen...pero no estarían de más "
Ceno a oscuras, luminosa, para sentir mejor la comida.
Me paro en la puerta de su casa, en la calle Riglos, y toco el timbre. Ella viene o no viene, nunca estoy segura: el pasillo es larguísimo y vive en el último departamento porque es el único que tenía patio. Y ella quiere patio. Ella no puede ser sin patio. No la concibo sin patio, sin plantas salvajes, sin humedad y gatos y baldosas viejas al sol. Y caracoles diminutos. Nunca vimos uno juntas, pero mientras la espero en la puerta de su casa, al final del pasillo interminable mientras estoy recostada con los pies levantados en Galicia, pienso que tiene que ser amiga de los caracoles diminutos, sin duda. Sin duda le comen las plantas y no puede matarlos. Los junta en la palma de la mano y son espirales cónicas tan pequeñitas, tanto, que no puede matarlos y se queda quieta en silencio mirándolos.
Recuerdo que la quise por primera vez en ese pasillo, el día en que nos conocimos: me invitó a una jornada de puertas abiertas en el taller, y fui. Al irme me acompañó hasta la puerta y mientras hablábamos de no sé qué me dijo "es que vos sos un bocho". No,la verdad que no, le dije. Y me respondió:"ah, es sólo máscara, nomás?". Entonces la quise. Y la volví a querer cuando me abrazó antes de irme y la sentí ponerse en puntitas de pie para hacerlo. Desde entonces guardo el hábito de quererla, porque alguno sano tengo que tener, digo yo.
Ahora es sábado y deben estar por llegar los alumnos. El taller espera con el torno y el mate, con pinceles y esmaltes, con manos, ideas, juego y paredes con frases escritas por cualquier mano y bocetos y explicaciones y tanta grandiosa humildad. Ella camina por el patio lentamente y Mimi la mira negra y egipcia desde al lado de una maceta naranja medio rota. Y ella es élla, es tan niña, tan conmovedoramente niña, que yo la veo mirando caracoles diminutos que buscan la humedad entre las grietas de las paredes y sonrío porque existe, porque anda por ahí, porque es sábado y tiene clases y se va a reír aunque se sienta seca con su risa grave de tabaco y tango y el pelo de pelusa le va a caer en la frente como hebras de seda negra; porque nos encontramos siempre aunque no sepamos cómo, siempre, en algún lugar que no existe y que sin embargo nos reúne.
A veces es así. A veces uno se despierta y hay mensajes de gente querida y añorada que dicen que oyen la voz de uno aunque esté a miles de km decir "huele a tierra mojada" mientras miran una remolacha, o de un hombre que fue un niño que la quiso con ternura e inocencia hace muchos años y que escribe después de tantos y dice "Yo te recuerdo. Siempre tuviste una hermosa poesía", y el mundo es tibio, mullido, generoso.
viernes, 1 de julio de 2016
A veces hay un centro que es de viento azul. Voy en el coche mirando distraidamente por la ventana y la niebla y lo siento. Es azul muy oscuro y es de viento. No es que haya viento: es viento. Y allí, en el viento, sólo hay calma.
No sabría precisar dónde está. No sé si lo veo o lo siento, si lo vislumbro más allá o más acá de las cosas y las palabras. Sé que se me aparece; se que llegó ahí o no llego sino que lo veo como en otra dimensión del tiempo y el espacio, como si pudiera desdoblarme y estuviera tan allí como aquí, tan aquí como allí.
Y sé que allí sólo hay calma. Sé que allí nada importa porque importa todo, porque nada es distinto de lo que es.
Sé que allí sólo hay viento que es, viento que no dice de ninguna otra manera que limitándose a ser, que todo es como tiene que ser, que todo está en calma.
Tal vez tuviera, no sé, 20 años,o alguno más. Salí, como siempre salía, de la casa, de la gente, de los otros, y me senté en la baranda de madera. La noche ya era noche, pero sin demasiada convicción: alguna luz quedaba, todavía, flotando en el aire.
Sé que no puede haber sido de pronto. Sé que los procesos son las cosas, que todas las cosas son procesos, aunque inadvertidos, la mayoría de las veces. Sé que no fue de pronto pero así la recuerdo: el rugido salió de repente de la ya sí oscuridad lejana que me hipnotizaba, del horizonte inmenso en que me iba con el día.
Sé que pensé en leones. Pensé en luchas y en huracanes, pensé en músculos que se estiran en el golpe y en una estrella negra y en la implosión.
Sé que, aunque me resulte extraño ahora explicarlo, no se me cruzó ni por un segundo que aquello fuera lo que era; como si acabara de nacer, como si nunca en mi vida hubiera oído aquel sonido. Tal vez por eso el relámpago me sorprendiera de aquél modo, tan total, al abrir la oscuridad como una serpiente de luz y zambullirse en el mar en una carrera desenfrenada. Y otro. Y luego otro.
Los veía como en cámara lenta. La tormenta estaba aún muy lejos pero el rugido era atroz, primigenio.
El mundo era totalmente negro; sólo los refucilos de la electricidad primaria dejaban adivinar que había mundo, que había mar y nubes portentosas y comprimidas sobre el agua que se agitaba entonces en violetas repentinos y desconcertantes. Claroscuro instantáneo.
Sentía miedo de moverme. Miedo. Miedo de pestañear, miedo de perderme siquiera un segundo. Miedo de tanta belleza.
Llovía mucho, pero yo no me enteré hasta que él vino a buscarme a la puerta.
Sé que me tocó el hombro con algo de violencia, enojado, sin entender qué hacía ahí, y alcancé a murmurale: "mirá..."
-Vamos -me dijo- que te vas a enfermar
No sé por qué de pronto se me viene a la cabeza una mañana posterior a una de esas noches (la fatídica, para mí) en que habíamos discutido, una vez más, por algo absurdo. Aquella noche me dormí llorando; él se acostó y se durmió sin enterarse. Esa noche lo supe del todo.
A la mañana siguiente no fui a desayunar con él frente a la chimenea como siempre.
Yo prefiero desayunar al sol leve si es temprano, sólo que todas las otras veces -unas por el placer de estar con él y otras por evitar agrandar brechas- iba a su lado.
Ese día, lo recuerdo perfectamente, me pareció muy natural sentarme a desayunar en la cocina, al sol. Me pareció...natural: no hay otro modo de decirlo . Como si de pronto la razón por la que podría hacer algo diferente hubiera desaparecido y no se me ocurriera que pudiera ser de otro modo, aunque sabía que sí.
La sensación. La sensación interna era completamente otra. Como a un cambio de paradigma puede, mirado históricamente, adjudicársele una fecha precisa de modo que pareciera que a partir de ese día todos se levantaron sabiendo que la teoría geocéntrica estaba claramente errada. Mucho fue necesario para llegar a ese momento; muchísimo. Pero de pronto, una mañana, el sol era el centro del sistema solar; y yo lo miré entredormida con una cierta curiosidad opaca, azul muy oscuro...pero sin otra emoción que la tristeza. Lo cierto es que siempre fui de aferrarme demasiado a lo que quiero, y la teoría geocéntrica, etcétera.
Supe que iba a pensar que buscaba algo, que quería joderlo de alguna manera, que quería decirle algo, que era una maniobra manipuladora, que quería hacerlo sentir mal, que....lo supe al mismo tiempo en que supe que no era mi problema. Al mismo tiempo en que supe que me importaba más saber mi verdad que demostrarle a él que lo que pensaba no era cierto.
Yo no sabía jugar. No con él. No valió de nada, pero sigue siendo cierto.
Cuando salió de al lado de la chimenea y me vio sentada en la cocina se paralizó por un segundo. Luego siguió andando, abrió la puerta a través de la que me había visto y me saludó. Preguntó, después de unos momentos, por qué no había ido a desayunar con él. Y yo me oí decir de pronto
-Porque ya no estás ahí. Aunque vaya, ya no estás.