Y la noche que de la mayor congoja
nos libra : la prolijidad de lo Real
J.L. Borges
Cansadas. Estamos cansadas. De todo, de tanto. De entender, de no entender. Del mutismo y el grito, del hambre y la idiotez. Cansadas de respirar, de levantarnos, del asco, de la fiebre, de reírnos, de aparentar. Cansadas de las moscas y los supermercados, de la incertidumbre y la rueda dentada de la rutina. Cansadas de la sed y del viento.
Hablamos. Y hablamos realmente.
Élla, que por costumbre y por diversión, por su inefable a inmanente ironía, de vez en cuando guarda algo de católica culpa y la escupe graciosamente y riendo con teatral gesto de constriccion, muy en serio y muy burlándose de su seriedad, me dice que lamenta tener sólo malas noticias, que lamenta que el aire esté tan viciado, tan denso.
Pero hablamos, y hablamos realmente. Puede uno desangrarse, desarmarse en el discurso. Y es por eso que me llama la atención lo que dice, que me parece rídiculo, injusto que lo haga: porque yo descanso. Aunque la mierda sea mierda, si no pretende ser flores, yo descanso.
Hablamos. Y hablamos realmente.
Élla, que por costumbre y por diversión, por su inefable a inmanente ironía, de vez en cuando guarda algo de católica culpa y la escupe graciosamente y riendo con teatral gesto de constriccion, muy en serio y muy burlándose de su seriedad, me dice que lamenta tener sólo malas noticias, que lamenta que el aire esté tan viciado, tan denso.
Pero hablamos, y hablamos realmente. Puede uno desangrarse, desarmarse en el discurso. Y es por eso que me llama la atención lo que dice, que me parece rídiculo, injusto que lo haga: porque yo descanso. Aunque la mierda sea mierda, si no pretende ser flores, yo descanso.
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