jueves, 21 de julio de 2016

Cuantos años tenía? Y con quién lo hablaba?.
Ojalá lo recordara con exactitud; puede haber sido en dos momentos y con dos personas separados ambos binomios por 10 años...Pero hablábamos de la intimidad, en cualquier caso. Jugábamos con las palabras, ahí donde Inti, Dios sol Maya, era nuestra Verdad y un símbolo caprichoso del que hacíamos derivar la etimología inventada de la palabra "intimidad" un día cualquiera, por el puro placer de delirar.
El sol en el pecho. Lo secreto, lo luminoso, lo privado, lo cercano, lo cálido. Lo de uno, el centro, lo que posibilita los ciclos, aquéllo de cuya justa distancia depende la vida. Y de ahí -la asociación es casi inevitable- a Platón y la caverna y el Bien y así una verdad íntima que brilla sólo para uno, que marca el pulso interno de las estaciones, que que veces abrasa y a veces se nubla y sin embargo siempre centro, siempre de uno, siempre Dios-Verdad-Bien como uno y lo mismo ahí donde Dios nunca era el Dios de los teístas sino una de las formas de nombrar ese sol interno, esa Verdad propia que se sabe o se intuye más allá de lo conocido y lo ignorado, esa Verdad o esa idea de Bien (qué diver son las mayúsculas ) -que, de nuevo, nada tenía que ver ni con los teístas ni con los moralistas ni con ninguna otra cosa muerta- aunque sólo de uno o tal vez sólo porque sólo de uno...

No sé con quién era ni cuándo, pero qué bien nos lo pasábamos...

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