Me recuesto en la enorme mesa de piedra con los brazos levantados, las palmas al sol. Me recuesto y oigo los pájaros que pasan y los insectos que vuelan.
Me recuesto y sonrío porque no me quité las gafas y qué importa; no quiero moverme, quiero quedarme quieta en este calor y deglutir lento la luz y el sonido del agua y esta serenidad tan verde, tan pan.
Me recuesto en la enorme mesa de piedra, casi un altar en medio de la montaña y el verano, y pienso de pronto lo bueno que sería sentir tu mano abrirse paso suavemente por entre la piel que me asoma entre la camiseta y el pantalón después de soltar el libro que leés muy concentrado al lado mío, sentirla llegar a mi cintura tibia y ver con los ojos cerrados cómo la luz se eclipsa con la sombra de tu cabeza cuando me besás los labios calientes de sol. Un beso apenas: una constancia, una bienvenida, una humilde celebración. Y luego seguir leyendo. "Sería bueno, sí".
Me recuesto y sonrío porque no me quité las gafas y qué importa; no quiero moverme, quiero quedarme quieta en este calor y deglutir lento la luz y el sonido del agua y esta serenidad tan verde, tan pan.
Me recuesto en la enorme mesa de piedra, casi un altar en medio de la montaña y el verano, y pienso de pronto lo bueno que sería sentir tu mano abrirse paso suavemente por entre la piel que me asoma entre la camiseta y el pantalón después de soltar el libro que leés muy concentrado al lado mío, sentirla llegar a mi cintura tibia y ver con los ojos cerrados cómo la luz se eclipsa con la sombra de tu cabeza cuando me besás los labios calientes de sol. Un beso apenas: una constancia, una bienvenida, una humilde celebración. Y luego seguir leyendo. "Sería bueno, sí".
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