Yo sé que debería ser coherente, creéme. Sé que conviene, para vivir, que hayan causas y consecuencias conectadas lógicamente como un hilo plateado, de hierro, por el que poder andar los futuros. Sé que es necesaria la linealidad en cualquiera de sus formas; que la sed es buena si hay con qué saciarla. Que las personas y los sentidos y los caprichos y las ganas y un modo de hacer y etcétera.
Pero a veces, sabés?, me aburro también de eso. Me cansa que las cosas no sean así, espontáneamente, porque sí.
Y entonces estoy mirando mis pies descalzos contra los listones de madera de la pared (los tengo levantados, estuve muchas horas de pie) y me parecen de pronto hermosos, gráciles, frágiles, conmovedoramente blancos, y pienso que me gustaría ver tus manos ahí, acariciándolos leves, como una oruga que pasea, como una pluma.
—¿Estabas, pues, tan triste el día de las 43 veces? El Principito no respondió. Antoine de Saint-Exupèry
domingo, 17 de julio de 2016
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