Tomamos el café en la terraza; atardece y hay brisa y tiempo. Los veo complotar: hablan bajo y me miran fijo, medio sonriendo. Divertida, les pregunto qué pasa:
-Te vamos a convencer. No te puedes ir
-Ya te dije que no me voy a ir ya mismo. Me quedan un par de años, todavía;o, por lo menos, ese es el plan, de momento. Siguen habiendo cosas que quiero hacer aquí
-Pero para qué quieres volver?. Tienes que ser española!
Vengo en el autobús y en el sol que se levanta entre terrazas de viñedos pensando en "ser" español, ser boliviano, ser cualquier cosa. Es curioso cómo usamos el lenguaje.
Llegamos a la estación y el conductor me pregunta si abro yo el portaequipajes o baja él a abrirlo:
-Si me explica cómo, ya lo hago yo
-Qué eres, argentina o qué? (La maldita "y" me vende)
-O qué, le respondo antes de pensarlo.
—¿Estabas, pues, tan triste el día de las 43 veces? El Principito no respondió. Antoine de Saint-Exupèry
jueves, 21 de julio de 2016
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