jueves, 14 de julio de 2016

Pasa ya muy pocas, realmente muy pocas veces. Pero a veces pasa.
Incluso pasa a un nivel casi subconsciente; en muchos momentos no me doy cuenta de estarlo pensando siquiera. Pero otros sí, como hoy.
Es un fenómeno extraño, como si tuviera varios niveles de conciencia, compartimientos estancos donde alguna que fui sigue intacta y ante determinada situación o sensación responde como si pasara en aquel momento. Como si las que he sido hubieran quedado atascadas en el pasado y desde ahí siguieran viviendo este presente que le es ajeno en lugar de convertirse, como creo que sucede, de a poco en esto que soy en este preciso momento.
Me acuerdo que hasta hace muy poco me pasaba lo mismo con mi padre: tenía que recordar, forzarme a recordar que no estaba, que no iba a volver a hablar con él, que no iba a llegar el domingo cuando me encontraba pensando que le iba a contar tal o cuál cosa o cómo estaría o si tendría mucho trabajo ese día.
Con vos me pasaba mucho, a cada rato, al principio. Queria contarte, quería llamarte para contarte las pequeñas victorias que en otro momento te hubieran puesto tan feliz. Luego me pasó cada vez menos.  Y últimamente, nada.
Tal vez por eso me sorprenda ahora mientras subo la escalera después de tomar mate al sol con una compañera y estar muy a gusto y reírme y acariciar a su perra de mil modos y disfrutar realmente.  Me sorprenda encontrarme pensando en algún lugar -que no es el primer plano del pensamiento- que quisiera contártelo para que te pongas contento. El que eras antes se hubiera puesto contento: él se ponía contento cuando yo disfrutaba.
Sin embargo él, como mi padre, ya no existe.
"Tendré que contentarme yo con mi alegría", me digo de pronto.
Es un buen plan.

No hay comentarios: