Demasiado que decir
y nada alcanza.
La derrota asumida
sin artificios.
El dolor que inmoviliza
-el nervio contraído, duro
pierde su natural movimiento
y se vuelve carne abyecta, muerte de piedra;
se cierra ante el golpe-
La maravilla que rebalsa.
El asombro.
La paz que no necesita
justificarse (o sea, la Paz).
El absurdo cuando atenaza el aire
de tan hondo.
(En cambio el orgullo, ese gavilán ciego,
no genera silencio sino
que mastica palabras de arena)
El silencio: ese rizoma
—¿Estabas, pues, tan triste el día de las 43 veces? El Principito no respondió. Antoine de Saint-Exupèry
domingo, 29 de noviembre de 2015
Botánica del silencio
sábado, 28 de noviembre de 2015
Quieta y silente, con el asombro del recién nacido, miro momentos pasados que se reproducen en las paredes del círculo (si me atraviesa la fulgurante oscuridad del centro para recrearlos, lo ignoro, pero es posible)
Entonces es sólo ternura lo que me embarga. Cada momento, cada dolor, cada mano abierta, cada herida, cada sonrisa limpia, cada abrazo-crisálida son fragmentos irrepetibles del aire vivo, son tibieza de sol de otoño, son cuentos conmovedores que se leen por la noche, antes de dormir, y nos abren la maravilla y el espanto del mundo, la trémula, sobrecogedora sensación de ser esto que se es, aunque no se sepa qué es exactamente.
A veces quisiera que exista dios, para (con todo) agradecerle el extraño regalo.
viernes, 27 de noviembre de 2015
Regla de la ironía
Alucinante la Regla de la Ironía que atraviesa- cuando no así, de otro modo mas sutil- ese doble movimiento: ahora que los objetos culturales (digamos, groseramente) son abundante, obscenamente asequibles para un inmenso número de personas; ahora que es fácil acceder a las grietas fabulosas desde donde pueden atisbarse la genealogía, la raíz, la textura profunda de las formas de ver y mirar y pensar que confeccionan el mundo en que somos hombres...los hombres nos quedamos con la rama y no con el fruto: somos la sociedad de lo fácil; es a lo fácil, a lo sin esfuerzo, a lo pasivo, a lo superficial a lo que entregamos toda nuestra sangre, nuestra sed, nuestra voluntad. Ahora que todo esta ahi, todo es inútil.
Generaciones muertas en busca de agua y cuando finalmente logran liberar el caudal, los sobrevivientes se deleitan en ensalzar la guerra como máxima conquista.
La creación, vuelvo a pensar, sólo tiene sentido en el movimiento de ser creada. Nada hay que sirva para un fin, porque los fines no obedecen nunca a la intención primaria del creador.
Sólo en la presencia en el momento mismo, en el movimiento mismo, tiene sentido algo: el único trabajo realmente valedero de que somos capaces es hacer algo por el algo mismo, por el placer de ajustar la acción a la idea, de engendrar un correlato fisico de una emoción/visión/idea, y no como medio para otra cosa...
Y porque Berger dice en "Modos de ver" que la introducción de la cámara y el sonido en lo estático de una pintura cambia el significado de la misma (porque se zambulle en la linea de agua que divide la cultura de la cosa y explora la intervención de la reproducción tecnológica como algo digno de analizar en la percepción actual del arte clásico ) es que yo puedo pensar que los dos o tres segundos en que tu mano (enorme, suave, poderosa) posándose en mi cabeza (y la sensación de sorpresa y de quietud que me produjo aquel gesto) no son más que modos en que mi memoria se entretiene en resignificar gestos pretéritos, en ejercitar su sino.
Entonces puedo recrearme una mañana de viernes, casi como un ejercicio tecnológico, en el peso de tu mano, en el modo en que mis rulos cedieron a su peso, en la suavidad del tacto, en el golpecito cobarde con que rompiste aquel breve, lírico silencio antes de irte, en la idea de que el silencio no existió, ni existió el tacto ni la intención de tocarme. Puedo zambullirme también yo en el movimiento de la cámara, de la imaginación o de la memoria, como un modo de señalar al mismo tiempo una porción del mundo que no Es, sino que hacemos que Sea, y el modo en que eso nos dice, nos señala a nosotros mismos. Puedo desarticular, desectructurar el discurso y mirarlo con asombro y deleite, con intriga y asco.
Lo que no puedo, curiosamente, es dejar de sentir el peso de tu mano en mi cabeza.
jueves, 26 de noviembre de 2015
El agua es negra pero refulge suavemente, con brillo y ondulación de seda. Estoy en el bote, que es pequeño y opaco. Una vela también negra, apenas hinchada con una brisa leve, casi una canción, lo empuja hacia la oscuridad. Sólo se ven los bordes de la gran arcada de piedra; una cueva natural.
Estoy sentada de espaldas a ella, en el bote, quieta, mirándome. Tengo el pelo largo, larguísimo, y suelto. Las manos sobre el regazo se dejan deslizar suavemente en la corriente.
Hay algo de despedida y de cosa inevitable en el gesto de los ojos.
No me muevo. La costa no me sostiene; soy un fantasma que se mira irse. No tengo siquiera el impulso de moverme.
Pero tengo miedo, dentro, de no saber -o no poder- volver.
martes, 24 de noviembre de 2015
No se escriben los libros. Nunca se escriben.
Sacrílego me pareció, desde que tengo memoria, ver la letra manuscrita azul o negra o roja con que una mano anónima había socavado la serena quietud, el sagrado misterio de una página impresa.
No tiene mucho sentido, si me pongo a pensarlo: de hecho me emocionan las huellas humanas sobre lo que pretende ser fijo, estático. Me gusta esa humanizacón de un "objeto"(que cosa horrible e injusta para decir de un libro!), esa apropiación; ese modo de ensuciar de vida algo. Me enternece desde siempre ese breve - ingenuo, incluso- gesto de rebeldía y obstinado -insensato, incluso- coraje, si se quiere, de dejar presente el aire que respiramos sobre la inmensidad del tiempo que nos olvida, sobre la rueda incesante que nos aplasta.
Sin embargo, los libros, no. Los libros no se escriben. De donde habré sacado semejante dictamen, tan férreo?. Lo ignoro.
Los libros no se escriben, a menos que sea con lápiz.
Siempre amé las letras hechas del tizne inocente del grafito; muchos años escribí con ellas (y lo lamenté luego, muchos años después, al ver que el tiempo, de nuevo, había adelantado su trabajo allí, borrándolas. Tipo eficiente y despiadado, el tiempo). Con lápiz es la única forma en que se puede escribir un libro (lo demás es destrozarlo, humillarlo). Pero ni siquiera asi he subrayado libros.
Me parecía poner una flor de plástico como ofrenda; dictamen poderoso que nunca pude romper alegremente sin sentir que estaba muy mal aquello, por alguna poderosa, oscura razón. Ni siquiera con lápiz.
Me encuentro de pronto con un poema que hace muchos años que no leo (parece que todo pasó hace muchos años, de repente). Me sorprenden los versos viejos; sonrío en la nostalgia y la sorpresa, como si al doblar una esquina en una ciudad al otro lado del mundo nos encontráramos con el patio de la casa en que crecimos.
Entonces lo veo, y veo en mi cabeza la imagen del subrayado con tinta azul. El único subrayado que hice en mi vida.
No llegaba a los 18 años, creo. Era, y en un sentido sigue siendo, mi biblia personal, aquel libro. Era un templo, un recinto sagrado, una noche privada en que crece la semilla. Estaba manchado de café y tenia hojas y flores secas en las entrañas y mugre de los dedos que lo agarraban en cualquier momento y mi aliento y mis lágrimas y mi asombro y todo ahi, entre las páginas.
Estaba lleno de mi; era yo.
Así se lo di a él. Fue mi forma de regalarme algo valiosísimo.
Él lo tiene ahora, y lo tendrá hasta que el tiempo, ese fuego, se lo coma y se lleve todo.
Pero el subrayado es mío, y me doy cuenta de pronto, con ese asombro que siempre me provocan las cosas que de repente cobran o parecen cobrar un sentido oculto, secreto, fraguado lenta e inadvertidamente por mil circunstancias, que habla de la niebla. Encontrar ese subrayado y ese poema ahora que vivo en la niebla, literal y metafóricamente .
El subrayado, el único que hice en mi vida, lo único por lo que entonces me pareció que valía la pena pecar tan horrible, grandiosamente, decía:
Ojalá que la espera
no desgaste mis sueños
Sigo entendiendo, después de tanto, qué me quise decir
viernes, 20 de noviembre de 2015
Hablar de vos y hablar
como si hablar dijera algo
como si hubiera algo qué decir
como si decir fuera hablar
como si pudiera decirse
algo
del algodón o la fiebre
Hablar con símbolos e imágenes
hablar a trastabilladas y aliento
Hablar y ovillarse y oscurecerse
en la nube negra que se deshilacha
de eso que no ha sido
(que no podía ni debía ni quería ser)
y que
sin embargo
sigue ahí clavado
como una estalactita de hielo
en el lomo negro de la tierra deshabitada
Cambiaria todas las palabras que te nombran
por el silencio de mirarte y saber
(Mirarte y saber
cambiaría todas las palabras que te nombran)
Y es que a veces creo que no soy más que un algo lanceado por muchas varas de distintos tonos y materiales pero que sigue en pie, y la tarea no es otra que la de tomar las lanzas que me atraviesan y mirarlas curiosamente: sentir con las manos calientes, erguida, la rugosidad o la suavidad, la dureza, la condición de flexible o no, ver la herida que me provoca en la carne, jugar con el agua que se escurre de ella, sentir incluso el leve chispazo de dolor con curiosidad al moverla apenas. No hay un sentido distinto que ése, no puede haberlo; no importaría si lo hubiera, tampoco.
Soy apenas eso: un algo que las circunstancias yerguen, el resultado imposible de sus entrecruzamientos (está la temporalidad y el lenguaje que pare las ideas y las cosas que se interpretan; está un modo de sentir y hacer y mirar que es a la vez maleable y caótico; hay una historia y un entramado de actos y libros y gentes y sensaciones y lunas sobre los ríos que no son de ninguna otra manera mas que en ese enfrentamiento frente al Algo atravesado por las lanzas y sólo así ). Soy el asombro, y la búsqueda de ver qué hay en esa distancia ínfima que separa la herida de la lanza, la sangre del agua, la mirada del ojo.
lunes, 16 de noviembre de 2015
Las palabras son el pincel que sostiene el pintor de "El retrato oval" de Poe: si fuéramos capaces de pronunciar lo sagrado (pienso en la Kabalah: de nuevo la religión como modo de describir el mundo, desde mi no-creencia y mi poca originalidad, de manera simbólica ), haríamos a las palabras fuente de Vida. (Imaginar entonces el poder demiúrgico del habla, pensar que "en el principio fue el Verbo", en el dios cristiano que crea la luz diciendo "hágase la luz". Sonreír con la manera que tiene mi mente de decantar algunas cosas que lleva años pensando como si fueran nuevas y, con todo, sorprenderse de pensarlas: "las religiones no son más que elaboradas y tal vez inadvertidas formas de describir el potencial humano")
Tal vez lo inaprensible sea, así, condición necesaria. Lo mismo que la búsqueda. Somos el Sentido que buscamos; somos lo inefable y, al mismo tiempo, la búsqueda por decirnos. Centro y periferia, límite y contenido, vacío creador y borde que contiene y mira hacia si mismo.
Tal vez sólo en esa tensión tengamos posibilidad de ser hombres.
domingo, 15 de noviembre de 2015
Teoría de cuerdas
Me seduce la idea. Me divierte como si me robara un caramelo y me río secreta, como siempre, cada vez que se me cruza por la cabeza mientras viajo en autobús, cocino patatas o me enjuago el pelo.
Once dimensiones, membranas invisibles, mundos invadvertidos y superpuestos: todo teoría, dicen algunos; ciencia ficción y no ciencia, dicen otros. A mi me da un poco igual, me confieso. Yo apenas me entretengo imaginando que los sueños, las cosas que imagino, las conversaciones que tengo con nadie, los abrazos que le doy muy lentamente podrían ser algo que tenga entidad real en otra realidad que no advierto.
Y si fueran manifestaciones de otras dimensiones?y si eso que "vemos" en los sueños (despiertos y dormidos) fuera real en otro lugar y se colara en esta dimensión a través de vibraciones sutiles y etéreas que, torpes, apenas identificamos con actividad cerebral residual?
(y si hubiera un lugar donde, al contrario que aquí, vivo más de lo que imagino?)
sábado, 14 de noviembre de 2015
Cosas que pasan
Está el fino polvillo
dorado
en mi pelo
de otro sol de otro dia
-uno más -
que se va
Yo pienso
por alguna razón
en tus manos
Las palabras son los límites de las cosas. Hablar, escribir, es bosquejar los bordes de lo que no puede ser
dicho, pero que surge, en fin, de los bordes que son las palabras.
jueves, 12 de noviembre de 2015
Baja por la pendiente caudaloso, potente, de repente libre, abiertas las compuertas, desbordado el dique; se precipita como mil caballos salvajes, majestuosos.
En el lecho seco lo espero, brava, desafiante, protegida con mi magnífico escudo: la hoja de papel en que escribí, con férrea convicción, todas mis racionales razones razonadas.
Tejo versos que nunca has de leer
concentrada
(nunca me creo del todo
la imposibilidad de mis fantasias
por muy ridículas que sean
-a menos que sean tan grandes
como mis miedos: entonces, sí,
por mucho que me crea
la posibilidad de que sean ciertas-)
Lamo lento las palabras
les olfateo las manos
para ver de dónde vienen
(sólo las que huelen a tormenta,
a tierra negra, húmeda,
a alcalino aire nocturno
pueden entrar)
Y las trenzo divertida
de maneras en que jamás
se tejería una trenza
Le miro los colores
Le toco, leve, las hebras
(también las trenzas
necesitan calor de mano que cosecha,
suave palpitar de sangre)
Y las cuelgo del cuello de la imagen
de todo lo que ignoro
de todo lo que todavía
porfiada
testaruda
irracionalmente
sigo viendo en el espacio vacio.
miércoles, 11 de noviembre de 2015
Me violentan los límites vulnerados
(limites privados
idiotas
autoimpuestos)
Salgo a caminar, infantil,
mascando bronca
Piso los segundos y las cabezas
arranco las pestañas con furia
Pateo tachos, portones, autobuses
mientras la sangre rauda
me calienta los muslos
fiera
(por fuera, eso si,
apenas ando por una carretera solitaria
donde las luces de los autos
iluminan un segundo mi abrigo mojado)
Me consume la rabia
Voy encendida sobre la oscuridad ardiendo
Quiero gritar y grito
Me trago todo el aire en el vahído
Escupo el dolor y el desconcierto
de tanto
Se agolpan en mi cuerpo mil imágenes La mirada fija en el pavimento
Los pasos acuchillando la brea
Loa músculos de mi espalda se retraen
para resistir el golpe
Para respirar, agotada,
levanto la cabeza,
entonces, las estrellas:
"Cuánto hace
(cuánto?)
que no miro las estrellas?"
Recuerdo, entonces
de pronto
mi lugar.
A la mierda con Freud
El misterio no me sale como estrategia, sino como estancia; no puedo utilizar lo que me funda.
La desnudez es siempre bella; no he sabido desencantarme de lo crudo del cuerpo ni de la palabra.
Me aburre jugar al escondite mucho tiempo: demasiado hay para des-cubrir en lo expuesto como para perder tiempo en los vericueto vacíos del ocultamiento voluntario. Déjenme de joder con el protocolo de la seducción: podrán tejer todos los tableros de ajedrez que quieran, pero nada me atrae más que lo vivo de una Vida
Me aburren las poses: lo que debe ser sutil, lo que debe ser seductor, lo que debe ser suave, lo que debe ser cualquier cosa.
Me canso del secreto: prefiero hundirme en el perfume del gesto abierto; bucear en la luz, siempre honda
Quiero el peligro de lo real. Quiero tus ojos fijos anunciándote, aunque no sepas qué . Quiero que tengas el valor de decir "yo quiero" sin la pretensión de obtener siquiera, sólo por el derecho y la valentía de quererlo, por ser testimonio de un estar en el mundo; por respeto a mi, a mi derecho a saber y elegir. Quiero la boca que se humedece de la alegría de decir su verdad, sea cual sea, como la espuma de la sidra. Quiero beber de ese manantial.
No sé tener miedo de lo que quiero durante mucho tiempo. No sé decir sí si es no, tampoco. Sí sé decir no sé, en cambio. Me parece mucho más sano.
Desconozco las bondades de la famosa histeria femenina. Ya bastante tengo con mis neurosis diarias como para incursionar en campos nuevos.
Que no está bien?. Sea.
Que los asusta?. Sea.
Que les gusta recrear la primigenia sensación de cazador y presa?. Sea.
Que me dejen de joder, entonces.
Me aburre tener que ser otra distinta de la que soy
Creo que la realidad es fractal.
Mirando el movimiento del agua me asalta la idea de que algo nos hermana; soy lo mismo que todo lo que vive pero a diferente escala, con distintas ondulaciones o manifestaciones.
El Mundo contiene el germen de todo lo posible y yo, que estoy en el Mundo, sigo el mismo patrón.
Si pudiera dibujar mi esquema vital, mis posibilidades, mis razones, mi modo de estar en el mundo y de ser esto que soy y no otra cosa, y pudiera a su vez bosquejar el modo en que un diente de león se yergue hacia el cielo y se mueve con el viento y deglute la luz y muere...los esquemas coincidirían, pienso de pronto. Lo que es el Mundo puede atisbarse en mis manos, en el calor que desprende mi cuerpo, en el mecanismo mediante el cual el veneno de la serpiente mata al ratón, la fruta madura en el árbol o un pensamiento se proyecta en una acción.
Es lo mismo. Todo es lo mismo aunque no sepamos por qué ni cómo; aunque en la práctica de la vida diaria todo sea distinto y yo tenga una voluntad y una consciencia y algo que llamamos libertad dentro de ciertos límites (lo tendrán también las otras cosas del mundo, entonces?).
Y si no fuéramos más que espejos situados en diferentes momentos del espacio?y si todo lo vivo reflejara el mismo esquema?. Qué sería aquello que reflejamos?qué es lo que Es?
lunes, 9 de noviembre de 2015
Ese modo que tiene de volverlo todo un paisaje onírico, de mojarme levemente sin que me entere hasta que salgo de élla: eso me gusta de la niebla. La sensación de que convierte la realidad en un sueño difuso, que borra los bordes, que humedece el aire, lo hace palpable y que se ajusta, así, mucho más a eso que yo percibo todo el tiempo.
domingo, 8 de noviembre de 2015
Un amigo que me dice "me encanta oírte reír". Y yo que entiendo. Entiendo.
Me vuelve en un relámpago aquella sorpresa, aquél asombro que me provocaba el deleite de oírte reír: cada vez que te reías me crecía en el pecho un gozo, un disfrute tan primario, tan nuevo, cada vez, como la primera vez que se ve el amanecer. Y me asombraba siempre sentir aquello, ser consciente de esa sensación, de la alegría plena que me embargaba entonces .
Qué hermoso haber estado ahí, haber presenciado tu risa. Qué hermoso el que sea hermoso haberlo hecho.
viernes, 6 de noviembre de 2015
A veces me olvido de lo que sé. Entonces creo, o me hago creer, que te elegía a vos, cada vez. Trato de ponerme el disfraz del altruismo, de la bondad gratuita, pero me queda grande, enorme; me falsean los cierres, me hunde la carne el tiro e intento caminar pero me enredo en lo que sobra y caigo.
A veces me olvido, y trato. Pero no es cierto: era a mi a quien elegía. A mi, porque estar con vos era, siempre, lo que me hacia mejor a mi.
Somos egoístas, siempre, y a dios gracias: todo lo hacemos, en última instancia, en beneficio propio. Incluso eso que llaman amor, incluso cualquier "sacrificio" en su nombre o en nombre de cualquier cosa.
Así, sucede sencilla y dolorosamente que esa vez, la última, elegirme...ya no te incluía.
jueves, 5 de noviembre de 2015
Símbolo
La piel desnuda
frente a vos
-por ejemplo-
no es más que la consecuencia
el correlato
de la otra desnudez
miércoles, 4 de noviembre de 2015
Sentarse y respirar
como un hecho atómico
Escuchar
Sentirse la sangre
(Dentro, fuera:
el aire que mueve las hojas
que miro por la ventana
y que también vos respirás
me llena el pecho)
Ver desprenderse
de ese hecho
todo el mundo
(ahi donde no soy
mas que una palabra
que señala
-pero no nombra-
lo Inmenso)
Ahora, yo digo: si lo que me gusta o no del otro es lo que interpreto, la lectura consciente o inconsciente de lo que hace/dice/piensa, y esa interpretación depende de mi, de mi historia, mis circunstancias, mi propio modo de estar y ser, de "leer", con sus limitaciones y sus libertades, sus desbordes y sus amputaciones...hasta qué punto es posible una relación con un otro que no sea, en realidad, un reflejo de mi relación conmigo mismo?.
Y si te miro desde mis carencias o mi generosidad, si te miro desde mi subjetividad y no desde tu ser vos mismo, por qué tenemos la estúpida pretensión de que el otro es algo que nosotros podemos ver y juzgar, conocer e interpretar sin duda?. Por qué nos enojamos o admiramos, por qué amamos o defenestramos si, al final de cuentas, nada de lo que el otro es realmente puede ser dilucidado como algo en si mismo, sino en relación a nosotros, en diálogo directo con nuestras propias, parciales, imperfectas interpretaciones del mundo y de los mundos? . Por qué será que, con todo, nos seguimos empeñando en "tener razón "?
martes, 3 de noviembre de 2015
Me sumerge el peso, pero muy lentamente. Como si la zambullida fuera un desmayo, me hundo. Me hundo lento y consciente, pero dormida, abandonada. El descenso es un destino y me abandono al movimiento como si el agua, algo en su seno profundo, me llamara, me atrayera hacia si.
Me dejo ir con desidia, con levedad de lluvia. Con confianza en lo que ignoro, con necedad, con abulia.
El mundo desde abajo adquiere la irrealidad de los sueños. Pestañeo.
Las burbujas de aire se escapan de mi cuerpo. Me anega el estómago, me inunda la nariz. El agua me llena los pulmones, y espero. Quieta, temeraria, espero algo, no se qué. Algo que sabré del otro lado de los minutos y del agua, de la quietud y de la muerte.
Espero, pero nada pasa.
Entonces me doy cuenta de que puedo respirar. Allí, en el fondo, también puedo respirar.
Sigo quieta, mirando todo.