Ahora, yo digo: si lo que me gusta o no del otro es lo que interpreto, la lectura consciente o inconsciente de lo que hace/dice/piensa, y esa interpretación depende de mi, de mi historia, mis circunstancias, mi propio modo de estar y ser, de "leer", con sus limitaciones y sus libertades, sus desbordes y sus amputaciones...hasta qué punto es posible una relación con un otro que no sea, en realidad, un reflejo de mi relación conmigo mismo?.
Y si te miro desde mis carencias o mi generosidad, si te miro desde mi subjetividad y no desde tu ser vos mismo, por qué tenemos la estúpida pretensión de que el otro es algo que nosotros podemos ver y juzgar, conocer e interpretar sin duda?. Por qué nos enojamos o admiramos, por qué amamos o defenestramos si, al final de cuentas, nada de lo que el otro es realmente puede ser dilucidado como algo en si mismo, sino en relación a nosotros, en diálogo directo con nuestras propias, parciales, imperfectas interpretaciones del mundo y de los mundos? . Por qué será que, con todo, nos seguimos empeñando en "tener razón "?
—¿Estabas, pues, tan triste el día de las 43 veces? El Principito no respondió. Antoine de Saint-Exupèry
miércoles, 4 de noviembre de 2015
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario