Baja por la pendiente caudaloso, potente, de repente libre, abiertas las compuertas, desbordado el dique; se precipita como mil caballos salvajes, majestuosos.
En el lecho seco lo espero, brava, desafiante, protegida con mi magnífico escudo: la hoja de papel en que escribí, con férrea convicción, todas mis racionales razones razonadas.
—¿Estabas, pues, tan triste el día de las 43 veces? El Principito no respondió. Antoine de Saint-Exupèry
jueves, 12 de noviembre de 2015
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