Tejo versos que nunca has de leer
concentrada
(nunca me creo del todo
la imposibilidad de mis fantasias
por muy ridículas que sean
-a menos que sean tan grandes
como mis miedos: entonces, sí,
por mucho que me crea
la posibilidad de que sean ciertas-)
Lamo lento las palabras
les olfateo las manos
para ver de dónde vienen
(sólo las que huelen a tormenta,
a tierra negra, húmeda,
a alcalino aire nocturno
pueden entrar)
Y las trenzo divertida
de maneras en que jamás
se tejería una trenza
Le miro los colores
Le toco, leve, las hebras
(también las trenzas
necesitan calor de mano que cosecha,
suave palpitar de sangre)
Y las cuelgo del cuello de la imagen
de todo lo que ignoro
de todo lo que todavía
porfiada
testaruda
irracionalmente
sigo viendo en el espacio vacio.
—¿Estabas, pues, tan triste el día de las 43 veces? El Principito no respondió. Antoine de Saint-Exupèry
jueves, 12 de noviembre de 2015
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