Me violentan los límites vulnerados
(limites privados
idiotas
autoimpuestos)
Salgo a caminar, infantil,
mascando bronca
Piso los segundos y las cabezas
arranco las pestañas con furia
Pateo tachos, portones, autobuses
mientras la sangre rauda
me calienta los muslos
fiera
(por fuera, eso si,
apenas ando por una carretera solitaria
donde las luces de los autos
iluminan un segundo mi abrigo mojado)
Me consume la rabia
Voy encendida sobre la oscuridad ardiendo
Quiero gritar y grito
Me trago todo el aire en el vahído
Escupo el dolor y el desconcierto
de tanto
Se agolpan en mi cuerpo mil imágenes La mirada fija en el pavimento
Los pasos acuchillando la brea
Loa músculos de mi espalda se retraen
para resistir el golpe
Para respirar, agotada,
levanto la cabeza,
entonces, las estrellas:
"Cuánto hace
(cuánto?)
que no miro las estrellas?"
Recuerdo, entonces
de pronto
mi lugar.
—¿Estabas, pues, tan triste el día de las 43 veces? El Principito no respondió. Antoine de Saint-Exupèry
miércoles, 11 de noviembre de 2015
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