Un amigo que me dice "me encanta oírte reír". Y yo que entiendo. Entiendo.
Me vuelve en un relámpago aquella sorpresa, aquél asombro que me provocaba el deleite de oírte reír: cada vez que te reías me crecía en el pecho un gozo, un disfrute tan primario, tan nuevo, cada vez, como la primera vez que se ve el amanecer. Y me asombraba siempre sentir aquello, ser consciente de esa sensación, de la alegría plena que me embargaba entonces .
Qué hermoso haber estado ahí, haber presenciado tu risa. Qué hermoso el que sea hermoso haberlo hecho.
—¿Estabas, pues, tan triste el día de las 43 veces? El Principito no respondió. Antoine de Saint-Exupèry
domingo, 8 de noviembre de 2015
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