Demasiado que decir
y nada alcanza.
La derrota asumida
sin artificios.
El dolor que inmoviliza
-el nervio contraído, duro
pierde su natural movimiento
y se vuelve carne abyecta, muerte de piedra;
se cierra ante el golpe-
La maravilla que rebalsa.
El asombro.
La paz que no necesita
justificarse (o sea, la Paz).
El absurdo cuando atenaza el aire
de tan hondo.
(En cambio el orgullo, ese gavilán ciego,
no genera silencio sino
que mastica palabras de arena)
El silencio: ese rizoma
—¿Estabas, pues, tan triste el día de las 43 veces? El Principito no respondió. Antoine de Saint-Exupèry
domingo, 29 de noviembre de 2015
Botánica del silencio
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