—¿Estabas, pues, tan triste el día de las 43 veces? El Principito no respondió. Antoine de Saint-Exupèry
viernes, 31 de julio de 2015
Después supe qué era eso de "no ser de acá". Después vivieron las historias, la lapa de la nostalgia incrustada en la mirada pese al mate y gritar los goles de Argentina.
jueves, 30 de julio de 2015
Detrás de tu imagen, la mía me mira fijo, desafiante. También a ella la atravieso, vibrante y vivo el sonido en mi mano, con los ojos cerrados. Y a la imagen detrás. Y a la que le sigue.
La sucesión parece infinita; la tarea, eterna. En unos segundos, sin embargo, todas las imágenes se evaporan, una detrás de otra, apenas tocadas por el vertiginoso, certero ritmo de la lanza que sostengo voraz, traspirada, urgida por el aire. A velocidad de alas translúcidas, pasan, las atravieso, desaparecen.
La habitación se aquieta de golpe. Una enorme puerta de madera maciza, noble, rotunda, labrada con figuras de humo y terminada en un enorme arco que se pierde en la más oscura penumbra, se yergue frente a mi.
No he de poder abrirla ahora. Lo sé. La lanza se esfuma también de mis manos. El silencio, como la oscuridad son agua que se derrama lenta.
Paso los dedos con suma delicadeza, con infinita curiosidad por los arabescos de la madera oscura, fragante. "Esto era..."
No podré abrirla. No ahora. Pero aquí me sentaré a poder hacerlo. Aquí.
Hasta que lo logre.
Urdo lentamente las vocales de mi nombre.
miércoles, 29 de julio de 2015
Manifestaciones
sospechas, ideas, tentativas;
posibles
futuros
lejanos
Banderas, mástiles, espadas;
orillas, cuencas, ese barro;
la órbita que describe la parábola
Tallos, pétalos, corolas;
cristales refractarios y oblicuos;
la piel, el calor, la risa;
lentas espirales de humo:
la médula que da sentido a todo
habita sus muchas manifestaciones
Compostela
Las paredes del techo, de la galería superior donde en otra época dormían los hombres que hacia aquí peregrinaban, ahora caladas, rebotan desde hace tiempo las voces que aquí llegaban ahogadas de llanto o pena, de maravilla o espanto, de dolor y suerte.
Veo los ecos remotos vibrar el aire; veo las caras fugaces y sucias superponerse y desaparecer, como un río rápido que a la vez está inmóvil de alguna manera, como si fuera circular.
Pero sobre todo, sobre las que ahora susurran en italiano, en alemán, en el melódico francés, veo las voces. Y los aromas: el rancio olor humano, olor de camino andado, olor de carne rota por el roce y la humedad se encuentra como las olas lo hacen en el punto donde dos océanos se encuentran, con el olor del perfume químico, azahares, madreselvas, jazmines, rosas, que los ahora congregados entre estas paredes se echan encima para tapar, para distanciar el tiempo. El tiempo.
El tiempo no es más que Ahora, una interminable serie de ahoras superpuestos.
Yo, fantasmagórica, apenas testigo, como siempre, hago equilibrio en el punto donde se encuentran dos cosas que no existen.
lunes, 27 de julio de 2015
Mis gustos ni mis ascos
Mis pensamientos ni mi cuerpo
Mis relaciones ni mi soledad
Tal vez sea lo que percibe todo eso
Lo que lo interpreta
Un centro puro de percepción.
El resto no son más que modos de hacer física esa percepción.
Así, lo que percibo es interpretado dentro de los limites de lo que pienso. Lo que pienso se limita por lo que he aprendido. Lo aprendido a su vez pasa por el inevitable tamiz doble de la emoción y la práctica (aprehendemos realmente aquello que nos asegura de algún modo la supervivencia). Es de ese doble juego de donde nacen las decisiones, las prácticas cotidianas, ese falso concepto de una identidad. Una vez creado, el mecanismo se repite y se recrea incesantemente.
Todo se conecta, se entrelaza, se superpone.
Pero qué es ese centro puro de percepción, esa raíz encarnada, en si misma?
Ha de ser realmente importante: si cambio lo que percibo, cambia también lo que soy en el Mundo.
Pienso en la lluvia. La lluvia moja todas las cosas. Incluso las cosas que de su humedad se salvan tienen que ver con ella.
Pienso en el amor. El amor atraviesa todas las cosas. Incluso las cosas que parecen carecer de él están atravesadas por su lluvia, por su sol, por su intención, por su voluntad.
Como si el amor fuera lluvia suspendida
Como si el amor fuera la luz del sol
Y la sombra
Y la sequedad
Y todo lo demás:
La voluntad misma de la Vida.
domingo, 26 de julio de 2015
Aspiración
Vivir cerca del mar. Y si hay eucaliptos o pinos fragantes, mejor. En un pueblo pequeño, sereno, pero cercano (a una hora, digamos) a alguna ciudad donde poder ir al cine, al teatro, a exposiciones, a conciertos; a esas otras expresiones de la Vida.
Un gato mimoso que se acurruque en mi falda y me busque silenciosamente con sus pasitos pequeños por las habitaciones de la casa si paso muchas horas leyendo y no me encuentra.
Un trabajo que me permita vivir, en el buen sentido de la palabra.
Un amor hondo, maduro, compañero con quien compartir silencios y vinos, palabras y visiones, desconcierto y armonías; el abrazo fulgurante en medio de la oscuridad de la noche. Alguien con quien pueda sentirme tan cómoda como me siento estando sola; alguien con quien no me sienta sola.
Es volver a ser agua, a ser tigre, a ser viento entre las plumas de la gaviota. Es bailar, fluyendo, con los ojos cerrados.
Es perderse, en fin, para encontrarse con esa parte nuestra más prístina, más primaria, que enconsertamos todo el tiempo para vivir eso que llamamos vida, ese baile coreográfico y muerto en que convertimos la mayoría de los momentos, tan dolorosamente lejano a la fuente primaria del asombro de dejarse sencillamente ser.
Si lo que cambia es la percepción, pero la percepción depende del sujeto, lo que cambia es el sujeto.
Si lo que el sujeto percibe depende del modo en que interpreta, "lee" lo percibido, lo importante es la interpretación, el significado privado que se da a cada cosa del mundo en ese momento. Entonces cabe preguntar: qué constituye esa interpretación ?. Cómo llega a ser ella misma?. Es posible (aparte de solipsista) que EN el significado plural de cada cosa para cada individuo en cada momento resida finalmente la Lluvia o la Muerte o el Amor?.
Y si así fuera, por qué gastamos tanto tiempo en las palabras usándolas para algo distinto que explicarse a si mismas, para algo diferente que decir, cada vez, qué decimos con las palabras que decimos?.
(Puede decirse algo con las palabras?. Puede decirse sin ellas?. Existe acaso una intelección intuitiva de aquello que engendra a las palabras y lo hemos olvidado?...
El placer, como siempre, me encuentra en las pequeñas cosas, las cotidianas, miradas (sentidas) en su centro.
Una noche más. Una noche.
Cuánto tiempo pasa entre mis manos. Cuánto me escurro entre las manos del tiempo.
viernes, 24 de julio de 2015
Toda mi pasión, mis gustos, mis horrores, mis calmas, mis ideas, mi carne, mis disfraces, mis juegos, mis recuerdos, mis amores, mis desprecio, mis dolores serán quemados en la hoguera del Tiempo. Las cenizas de esto que soy sin remedio servirán tal vez para abonar insospechadamente la tierra en que otras manos (tan existentes entonces como las mías ahora) labrarán, paciencientes, inocentes, inexorablemente momentáneas, el circulo infinito de la Vida.
No la quise.
La destripé tantas veces
frente a tus ojos de agua.
Por qué me hiciste conjurarla?
Por qué?.
Ahora que es reina y es desdicha, ahora,
ya no puedo matarla.
Se yergue en cada piedra,
en el huerto
Te acosa en los acordes
de guitarra
Me ofrenda a mi recuerdos muertos;
deja a mis pies mil palomas destrozadas
Yo le escupo las manos y ella ríe
Yo le arranco los ojos y ella canta
Quise salvarte de élla
(cuánto quise!)
Quise salvarme, salvándote
de su daga.
Pero ya nada hay que hacer,
todo está hecho.
Se pasea la regente en nuestra casa
Bastarda los colores que elegimos
Pisotea las palabras que aguardaban
lenta la hora del crepúsculo
cuando el fuego y la noche nos juntaban.
No habrá ya más memoria que el olvido
y la suave, amarga hiel
que de Élla emana.
jueves, 23 de julio de 2015
es tan poco común
que te dirán que estás loca
que aún lo amas
que nunca debiste irte
que el error, la juventud, la falta de criterio,
la paciencia, lo evidente, la maldita
fuerza del orgullo abierto
No lo saben. Y no lo sabrán nunca
Porque el amor que yo construyo
a sangre y fuego
a raíz y agua
es otra cosa.
Es algo distinto que la agonía
de depender del otro y sus estados
Es algo más grande que la idolatría
de rezar a sus manos mis rosarios.
Era eso. Lo fue. No supe evitarlo.
Pero no es eso lo que quiero. Ni el amor.
El amor es otra cosa
o es nada.
Y yo prefiero la nada, antes que eso.
Por eso amo.
Ese punto exacto es la paradoja en que existimos y a la vez desaparecemos.
Tal vez Pitágoras o Kafka lo sabían. Tal vez por eso lo no escrito por uno y lo destinado al fuego por el otro (pero salvado, en fin, por otro hombre) los revelan genuinamente al mundo: porque no han querido atarse a las palabras, y es esa trascendencia la que les otorga entidad.
Me hipnotiza lo sutil, lo abstracto; el incorpóreo que sostiene de alguna manera todo lo demás, que lo significa, que lo atraviesa. El hálito vital que descascara las planchas de hierro.
Me mueve lo oculto, lo insospechado, lo errante; la sensación de que lo esencial queda siempre del otro lado del intelecto, del otro lado del golpe de la sangre.
Vago entre la ciencia y la poesía, entre la lógica y el arte. No tiernamente dualista sino jodidamente congregada; incapaz de quedarme quieta en un punto de vista.
Acaso no sea más que la frontera misma donde esos dos territorios se confunden, se muerden; la lanza del beduino de Wordsworth, o su camello.
martes, 21 de julio de 2015
La comunicación primaria, el tacto, sucede en silencio, en secreto, en el aire.
En los centímetros que separan una piel de la mía cabe el mundo, y el mundo desaparece al tocarnos. El mundo se hace de agua y nos moja, se hace de aire y lo respiramos lento y hondo, en el tacto.
Soy la Vida que me recorre
que me atraviesa
que me habita.
Soy la fuerza que yergue los árboles
y engorda las raíces bajo la tierra
Soy lo que hace fluir el agua
y lo que la pudre
lo que hace nacer a los potrillos
vivos y muertos
Los ciclos, las estrellas
el movimiento de los cometas
la imparable expansión del universo
y el leve surco en el aire del girasol
Las serpientes luminosas de los relámpagos apuñalan la tierra.
El aire es denso y fresco, algodón mojado con olor a azahar que ondea oscuramente violeta y me atraviesa.
Viva en el centro del caos
Viva
Respiro por fin
casi por vez primera.
Existe el mundo. Existe.
lunes, 20 de julio de 2015
Se desprende lento, como la piel muerta. Sin ruido. Apenas un crujido inaudible, prácticamente inexistente sigue al movimiento, al descascararse de las carcazas translúcidas.
Las sillas, la luna, el sofá, el aire, mi pecho, las estrellas, los girasoles, los aspersores, el verde del pasto, los tenedores, las puertas, las uñas de los pies, las tazas de café y el café y el aroma: todo se desdibuja. Todo queda en carne viva, desnudo, crudo.
Camino sobre ríos de sangre, con todo, vivos. Sobre la carne abierta y caliente de las cosas que laten dormidas, anestesiadas. Despacio, muy despacio.
A veces tengo miedo de que la realidad se despierte y me engulla de furia.
jueves, 16 de julio de 2015
Hablar de las cosas del mundo
como si se dijera realmente algo
como si las palabras, los fonemas, las voces,
las silabas, los colores, el aliento
pudieran atrapar al monstruo esquivo
puro, feroz, descomunal
que habita dentro o del otro lado
fuera de si o de la luz
Tocar la cancioncita de la palabra
Orfeo y Cerbero y dormirse
descender entonces al infierno
y a veces, muchas
quedarse ahí.
Yo quiero apuñalar al Can
quiero comerme la cítara
y vomitar silencio azul
Ríos de silencio donde las voces
no mienten palabras
donde el sentido
no se crea a si mismo
donde la corriente lírica me lleve
hacia una orilla donde por fin
por fin
descansar de las palabras.
miércoles, 15 de julio de 2015
De pronto recuerdo una charla que tuvimos cuando todavía éramos nosotros. Hablábamos del miedo, de la amenaza física.
Yo te decía que en alguna otra vida debía de haber muerto a traición, por la espalda, porque cuando tenía miedo lo que necesitaba era tener la espalda cubierta; que algo o alguien ocupara el espacio entre mis omóplatos (ese punto, sobre todo) para sentirme segura. De frente puedo con todo; es lo otro, lo escondido, lo esquivo, lo agazapado lo que me aterra.
Vos me decías que tu posición en esos momentos era cruzar los brazos sobre el pecho, que era ahí donde te sentías protegido de alguna manera.
Recuerdo que me llamara poderosamente la atención la imagen, porque nunca me había encontrado en esa posición. Me era ajena, intrigante, llamativa.
martes, 14 de julio de 2015
Aquí sentí un dia, mirando de su mano el fulgor del sol en el lago del Retiro, que cada cosa estaba en su lugar; que eso era el Ahora absoluto y yo estaba viva en él.
Aquí cultivé patatas, hice leña, conocí la flor del almendro y lloré la muerte de mi padre.
Aquí duermo con un niño que me pide que lo abrace para no tener pesadillas.
Aquí descubrí los mil vibrantes matices de la palabra "distancia".
Aquí me echan de los trabajos, me dicen que no tengo derechos porque no soy de aquí, me celebran, me abrazan, me cobijan, me ayudan.
Aquí fumo tabaco de pipa, tomo vino tinto y aprendo a comer pescado y azafrán.
Aquí me abrazo a mi hermano, descubro que tengo una gran capacidad de adaptación y de equivocación.
Aquí miro el cielo y desconozco las constelaciones. Sólo la estrella polar, buena, me habla con enigmas de la Cruz del sur.
Aquí perdí lo que aquí me trajo, y busco aquí lo que aquí me hace seguir.
Aquí digo "aquí ", y "coger" y "pues" y los amigos se ríen cuando me escuchan.
Aquí las piedras de siglos me encuentran por las calles y me devuelven la maravilla y el horror de lo efímero.
Aquí me senté en el broquel de un pozo de agua que mojaba la sed de los pastores y su ganado.
Aquí deseo con violencia nueva y desconcertante la piel de un hombre fuera de todo plan y toda historia.
Aquí me proponen cuidar caballos, abrir bares, vender cupones o hacer socios para una ONG. Aquí miento que soy camarera y trabajo de ello rompiendo platos y miedos.
Aquí entiendo "Mediterráneo" y "Vientos del pueblo"; la Alhambra que Borges oyó. La añoranza de los viejos de mi barrio por Galicia.
Aquí soy. De momento. Aunque siga sin saber qué exactamente.
sábado, 11 de julio de 2015
Tapiz
Ocurre sobre todo con la incidencia de la luz. (Me vuelvo monotemática, pero me da igual. Acaso la recurrencia no sea otra cosa que la necesidad de las cosas por ser dichas de alguna manera; la voluntad ciega de lo inabarcable por ser parido -dado a luz- rompiéndonos de cierta forma o de forma cierta).
De pronto un halo de luz se refleja sobre el piso debajo de una puerta cerrada, se cuela por las hendijas de una persiana a medio abrir, hace iridiscente el aire que sobrevuela un sucio charco de agua, enciende fulgores encima de un cristal particular de un edificio inmenso con cientos de cristales y yo espero. Espero siempre un segundo, siempre, mirando fijo y fino y fiel. Espero porque desde que me conozco tengo esta sensación de que en algún momento el suelo, la ventana, el charco, la luz se van a abrir lentamente, se va a deshilachar la realidad comida por un fuego subterráneo lento, implacable. Se van a abrir las hebras de cada pequeña cosa y finalmente se sabrá que nada existe; que la realidad es apenas una trama consensuada.
jueves, 9 de julio de 2015
Así, la intención es el único recinto de la verdad. Pero sólo si tenemos la capacidad de conocerlas realmente, la valentía de des-cubrirles la matriz.
Nos dejamos amigos compartidos
La alegría de saberte haciendo un diccionario
-cual joven Kazantzaki-
a base de Gracián
Los nombres, los aromas, la utilidad
de plantas antes desconocidas
Nos dejamos las risas de las palabras
el ejercicio de la etimología
Las discusiones fraternas
o no tanto
sobre Borges, Machado o Galeano
Los versos de Manrique
la música de Quevedo
Los abrazos en el fuego
Las pasionarias que florecen por primera vez en cinco años
Ponchos, relojes de sol y Pavarotti
La siesta entre paredes de piedra
La cocina como terapia
meditación, laboratorio y arte
El té inventado a base de hojas
cultivadas por nuestras manos
Los cuerpos avivando el aire
de cada rincón de nuestra casa
La cicatriz de mi tobillo
que cuidaste con esmero
El reflejo del monte en el agua
desde la piragua
La mirada que te esperaba
fuera del quirófano
marcando el camino de vuelta
El mundo dentro
de un charco de lluvia
La marca en la sangre
La piel en el alma
El amor que no alcanza pero existe
y se revela en tantas
-pequeñas, ínfimas, cotidianas-
huellas
lunes, 6 de julio de 2015
Los vitrales del medioevo: la luz humana, luz de colores, contra la luz divina, luz pura de sol que el el ojo humano no puede soportar mirar directamente sin destruirse a si mismo. Iluminar lo oscuro, lo lúgubre de una estancia sagrada en algún sentido, con el resultado de un trabajo (sangre que pulsa, sudor, tiempo, fuerza mecánica) en que se transforma lo insoportablemente puro, la matriz, lo que posibilita la vida (y desde un aspecto mas bien platónico, el Bien supremo; lo inasible a menos que sea representado). Elegir ese modo y no otro; llegar a lo puro a través de su representación.
Inevitablemente, pienso en la palabra.
sábado, 4 de julio de 2015
"Nos contagiamos de la vida de lo que nos rodea", pienso de pronto mientras fumo despacio en la oscuridad y el papel sisea suave a mi costado cuando subo y bajo el brazo derecho para acercar el cigarrillo a mi boca y ver la brasa encenderse, brillar contra las sombras difuminadas de la calle y la cortina corrida.
Si estuvieras aquí, por ejemplo, mi mano estaría sosteniendo mi cabeza un poco ladeada, como casi siempre que escucho atentamente y las palabras del otro se rompen en secreto, huevos pequeños que paren sentidos y colores, desparramando luz y acaso eso inasible que brilla en la mirada. Movería las manos, me enrollaría un mechón de pelo (maldita costumbre que nunca puedo abandonar); latiría sonoramente en la piel y el aire. Habría una electricidad distinta, otro calor ondeando la quietud transparente de esta hora inútil y extraña, parida por tantas otras.
En cambio está el cenicero de metal y el papel y el sonido del motor de la heladera llenando la noche en esta casa ajena y la parsimonia blanda de los cristales y una sensación de que hay algo más, Algo, mirándome desde las paredes como si fuera una palabra o un silencio o una pregunta. Algo que me mira con curiosidad, con honda intriga, ladeando la cabeza un poco mientras el humo y la sonrisa apenas visible y el tiempo, todo el tiempo, a la vez que los azulejos y el olor de los platos sucios sobre la mesada.
viernes, 3 de julio de 2015
No sé dónde, pero he de llegar.
Usaré las palabras como bastones, como peldaños, como mapas que no indican el camino por hacer si no el hecho, el andado.
A fuerza de desnudarlas y de empujarlas ahí, al centro mismo de la luz, he de desaparecerlas, desintegrarlas. Se irá con ellas el sentido y las máscaras, cuando la piel se les deshidrate de tanto mirarlas, cuando mueran, por fin, para abonar la oscuridad. La oscuridad de la que surgen, la oscuridad a la que quieren volver, todo el tiempo (los hombres, tierra que anda, venimos del polvo. Las palabras, aire que anda, vienen de la oscuridad).
Hacia allí las llevaré; las escupiré de a una, lentamente, pariéndolas, acaso, en medio del silencio.
Luego, la oscuridad. Hasta que todas sean dichas. Hasta que sean finalmente sólo aire.
Entonces, será luz.
Entonces seré yo, finalmente, quien desaparezca.
No haber probado lo triste de la carne, animada siempre por el amor y la alegría del encuentro. No haber sabido desencantarme de la vida, sabiendo a cada paso que es mía la herida. No tener acaso dónde esconder la pena, dónde tirar la toalla, dónde meter la responsabilidad en un hueco más exacto, más justo, más idóneo que el de mis pupilas, el del aire que respiro, el de las manos que hacen o no.
jueves, 2 de julio de 2015
Desde chica la tengo. Es la única pesadilla recurrente de la que nunca pude escapar: el mundo está lleno de zombies. Todos están muertos, todos: muertos vivientes que caminan a duras penas, sangrantes, deformes, buscando a los vivos, que a veces sólo soy yo huyendo desesperada hacia algún lugar indeterminado y a veces somos un grupo cambiante de otros, desconocidos, que huyen conmigo (los ojos muy abiertos, el desconcierto en la carne, el terror en la piel), o que huyen, sencillamente.
Viene de vez en cuando; no sé precisar por qué. Pero me despierto aterrada, espantosamente asustada, y necesito bastante tiempo antes de animarme a cerrar los ojos de nuevo.
De chica, recuerdo, hasta llegué a rezarle a una estampita que me encontré en la calle. Le decía a la virgencita anónima (yo, que por entonces ni sabía ni me interesaba nada de aquello) que se llevara todos los sueños buenos si hacía falta, pero que yo no quería tener más pesadillas; no quería soñar más (no hace mucho descubrí la terrible elocuencia que ese pedido implica en mi vida en general).
Anoche volví a tenerla. Estábamos en el patio de una fábrica abandonada, lúgubre, enorme. No sé cómo llegué allí; sólo éso recuerdo. Por todos lados aparecían, cercándome, espeluznantemente lentos. De pronto, como en otro de los sueños que tenía de pequeña, me di cuenta de que podía flotar. No volar, sino flotar.
Justo antes de que una mano raída, sucia, rota me atrapara (abierta la boca deforme, babeante, desencajada), me levanté en el aire, con el alivio y la urgencia del pavor. Flotaba lento, paralela a los cristales rotos del viejo galpón que alguna vez había estado lleno de vida, casi alcanzando la oscuridad de la noche sobre mi, cuando me giré para verlos debajo, en un gesto que quería ser la confirmación, la inesperada certeza, el fin del miedo, por fin. Era la primera vez que flotaba. Pensé -recuerdo pensar- que sería también la llave, la respuesta, el último peldaño, la última vez.
Me giré casi feliz, pletórica, desbordante. Los vi elevarse lento y, sin emoción, empezar a despegarse también éllos del suelo.
Prístino
Ecléctico
Lánguido
Aséptico
Fósforo
Mágico
que llena de luz
La cándida
Lúcida
Pérfida
Lógica
Única
Alforja
de mi inquietud
No porque la lógica no tenga razones, sino porque no alcanzan, porque no lo agotan todo. Por eso hay que bailar. Hay que dejarse habitar por el latido de la sangre; atávica penetración, electricidad primaria que se comunica con las vibraciones del aire y despierta la carne absorta, la carne abyecta, la carne.
Bailar como amar. Bailar como escribir. Bailar como modo de entrar en ese otro mundo del otro lado de las cosas.
De qué vale la belleza sin voz
La belleza sin hálito
La belleza sin alma?
De qué la piedra sin tibieza,
la vitrina,
lo inaninamado?
De qué vale, al final,
(por mucho que la obra incompleta
y los románticos
y el puto misticismo
del ojo que mira y crea)
De qué estos ojos que la gente mira
por la calle
o estos pezones rosados
o la piel tensa
o la mentada, aburrida, inmeritoria juventud?
De qué vale, en fin,
la Venus de Milo sin brazos
que le permitan abrazar;
ser, por fin, fuera de si
ex-presarse, desencarcelarse
de si misma;
salir triunfal, etérea,
palpitante
en busca del Otro?
miércoles, 1 de julio de 2015
No es la que busqué durante años entre las letras escritas. Ni es el reflejo de la de otros. Ni el mero resultado del cigarro o la disposición de las cuerdas vocales.
Cuál es mi voz?, me escucho preguntarme en la oscuridad, antes de dormir.
Mi voz es la que sigo buscando. Mi voz es lo que en su búsqueda voy siendo.
Mi voz, la única voz verdadera, es la que se escucha cuando hablo (digo, pienso, escribo, amo) sin miedo.
Y si el otro es uno?. Le respondo lenta.
Entonces la paz es la aceptación de uno mismo, me dice como quien le dice a un niño un dia de lluvia que mañana habrá viento, seguro, para remontar el barrilete
-Ah, debe ser por eso...
Nos quedamos en silencio, viendo pasar los coches de colores y la gente que nos mira
Si la miro mucho, muy detenidamente, se vuelve una hoja. La miro como miro una hoja venosa, rugosa, canalosa; ajena. Verde no es. Pero está fuera, es aparte, otra cosa. Le sigo los pliegues y por un breve segundo me sorprendo al encontrar un dedo o un lunar. Las nervaduras, las líneas, los surcos llenos de piel muerta o agua o nada me entretienen mientras espero que me llamen para firmar un contrato, fumo en la estación de autobuses o pienso, como ahora, cuántas cosas diría esta piel que llamo mía por alguna razón, si fuera un mapa, o un altavoz o un pájaro.
es un insulto:
el hecho objetivo,
la realidad palpable,
el billete físico,
mi maleta negra,
mi ausencia en la casa
le quedan grande
a lo cierto:
sos vos quien me ha abandonado
con esta soledad.
El resto son meros reflejos.
Como duplica una imagen
un espejo.
Como vomita el cuerpo
algo que no puede
digerir.