Si la miro mucho, muy detenidamente, se vuelve una hoja. La miro como miro una hoja venosa, rugosa, canalosa; ajena. Verde no es. Pero está fuera, es aparte, otra cosa. Le sigo los pliegues y por un breve segundo me sorprendo al encontrar un dedo o un lunar. Las nervaduras, las líneas, los surcos llenos de piel muerta o agua o nada me entretienen mientras espero que me llamen para firmar un contrato, fumo en la estación de autobuses o pienso, como ahora, cuántas cosas diría esta piel que llamo mía por alguna razón, si fuera un mapa, o un altavoz o un pájaro.
—¿Estabas, pues, tan triste el día de las 43 veces? El Principito no respondió. Antoine de Saint-Exupèry
miércoles, 1 de julio de 2015
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