Aquí las gaviotas planean, dorados los pechos, contra las estelas luminosas en que las nubes se deshilachan al final del día. El agua rompe lenta y lenta viene, también, la sospecha de la noche.
Una noche más. Una noche.
Cuánto tiempo pasa entre mis manos. Cuánto me escurro entre las manos del tiempo.
Una noche más. Una noche.
Cuánto tiempo pasa entre mis manos. Cuánto me escurro entre las manos del tiempo.
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