domingo, 26 de julio de 2015

El beso, el sexo, son las formas más comunes en que la lírica entra en el mundo de los hombres adultos. Ese abandono a la fuerza de la sangre, ese rendimiento a la pulsión es una forma de danza en el río de la Naturaleza al que tan ferozmente nos resistimos en la mal llamada madurez (estar listo, como las frutas, para la Vida -es decir, haber pasado por las estaciones, haberse nutrido, haberse entregado al tiempo y lograr hacer algo de provecho, algo que pueda contribuir al ciclo vital renunciando a todo aquello que nos llevó todo nuestro propio ciclo vital-, "estar listos" en ese sentido debe ser lo que menos estamos la mayoría de los seres humanos).
Es volver a ser agua, a ser tigre, a ser viento entre las plumas de la gaviota. Es bailar, fluyendo, con los ojos cerrados.
Es perderse, en fin, para encontrarse con esa parte nuestra más prístina, más primaria, que enconsertamos todo el tiempo para vivir eso que llamamos vida, ese baile coreográfico y muerto en que convertimos la mayoría de los momentos, tan dolorosamente lejano a la fuente primaria del asombro de dejarse sencillamente ser.




No hay comentarios: