jueves, 23 de julio de 2015

Me magnetizan los hechos, la asepsia de lo físico,  lo materializado, la crudeza de lo objetivo, la belleza formal.
Me hipnotiza lo sutil, lo abstracto; el incorpóreo que sostiene de alguna manera todo lo demás, que lo significa, que lo atraviesa. El hálito vital que descascara las planchas de hierro.
Me mueve lo oculto, lo insospechado, lo errante; la sensación de que lo esencial queda siempre del otro lado del intelecto, del otro lado del golpe de la sangre.
Vago entre la ciencia y la poesía, entre la lógica y el arte. No tiernamente dualista sino jodidamente congregada; incapaz de quedarme quieta en un punto de vista.
Acaso no sea más que la frontera misma donde esos dos territorios se confunden, se muerden; la lanza del beduino de Wordsworth, o su camello.




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