viernes, 31 de julio de 2015

Cuando era chica, en mi barrio de casas bajas y viejas, los viejos eran españoles o italianos. Hablaban todos así, raro. Un raro que a mi me parecía muy normal, claro.
Después supe qué era eso de "no ser de acá". Después vivieron las historias, la lapa de la nostalgia incrustada en la mirada pese al mate y gritar los goles de Argentina.
Subida al péndulo del tiempo se me pierde la mirada en esta inmensidad verde, en esta húmeda inmensidad gallega, de piedra y silencio, de rocío y sol vedado. Llevo en mi las cancioncillas y el anhelo que de pequeña guardara, maravillada (de chica, recuerdo, me daba bronca no ser más grande para tener más recuerdos, porque los niños -pensaba - no tienen nostalgia, y yo quería tener nostalgia de cosas. No, si ya de chica era rara). Lo suelto aquí y quiero pensar, quiero, que la mirada que supo mirar aquellos ojos que andaban estos verdes en todos los gestos puede devolver algo, puede celebrar un regreso. Que puedo, de alguna manera, hacerlos volver en mi mirada.




No hay comentarios: