viernes, 3 de julio de 2015

No sé dónde, pero he de llegar. 
Usaré las palabras como bastones,  como peldaños, como mapas que no indican el camino por hacer si no el hecho, el andado.
A fuerza de desnudarlas y de empujarlas ahí, al centro mismo de la luz, he de desaparecerlas, desintegrarlas. Se irá con ellas el sentido y las máscaras,  cuando la piel se les deshidrate de tanto mirarlas,  cuando mueran,  por fin, para abonar la oscuridad.  La oscuridad de la que surgen,  la oscuridad a la que quieren volver,  todo el tiempo (los hombres, tierra que anda, venimos del polvo. Las palabras, aire que anda, vienen de la oscuridad). 
Hacia allí las llevaré;  las escupiré de a una, lentamente, pariéndolas, acaso, en medio del silencio. 
Luego,  la oscuridad. Hasta que todas sean dichas. Hasta que sean finalmente sólo aire.
Entonces,  será luz. 
Entonces seré yo, finalmente,  quien desaparezca.

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