La lanza del sonido te atraviesa. Te deshacés como un fantasma como el humo.
Detrás de tu imagen, la mía me mira fijo, desafiante. También a ella la atravieso, vibrante y vivo el sonido en mi mano, con los ojos cerrados. Y a la imagen detrás. Y a la que le sigue.
La sucesión parece infinita; la tarea, eterna. En unos segundos, sin embargo, todas las imágenes se evaporan, una detrás de otra, apenas tocadas por el vertiginoso, certero ritmo de la lanza que sostengo voraz, traspirada, urgida por el aire. A velocidad de alas translúcidas, pasan, las atravieso, desaparecen.
La habitación se aquieta de golpe. Una enorme puerta de madera maciza, noble, rotunda, labrada con figuras de humo y terminada en un enorme arco que se pierde en la más oscura penumbra, se yergue frente a mi.
No he de poder abrirla ahora. Lo sé. La lanza se esfuma también de mis manos. El silencio, como la oscuridad son agua que se derrama lenta.
Paso los dedos con suma delicadeza, con infinita curiosidad por los arabescos de la madera oscura, fragante. "Esto era..."
No podré abrirla. No ahora. Pero aquí me sentaré a poder hacerlo. Aquí.
Hasta que lo logre.
Urdo lentamente las vocales de mi nombre.
Detrás de tu imagen, la mía me mira fijo, desafiante. También a ella la atravieso, vibrante y vivo el sonido en mi mano, con los ojos cerrados. Y a la imagen detrás. Y a la que le sigue.
La sucesión parece infinita; la tarea, eterna. En unos segundos, sin embargo, todas las imágenes se evaporan, una detrás de otra, apenas tocadas por el vertiginoso, certero ritmo de la lanza que sostengo voraz, traspirada, urgida por el aire. A velocidad de alas translúcidas, pasan, las atravieso, desaparecen.
La habitación se aquieta de golpe. Una enorme puerta de madera maciza, noble, rotunda, labrada con figuras de humo y terminada en un enorme arco que se pierde en la más oscura penumbra, se yergue frente a mi.
No he de poder abrirla ahora. Lo sé. La lanza se esfuma también de mis manos. El silencio, como la oscuridad son agua que se derrama lenta.
Paso los dedos con suma delicadeza, con infinita curiosidad por los arabescos de la madera oscura, fragante. "Esto era..."
No podré abrirla. No ahora. Pero aquí me sentaré a poder hacerlo. Aquí.
Hasta que lo logre.
Urdo lentamente las vocales de mi nombre.
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