No haber probado lo triste de la carne, animada siempre por el amor y la alegría del encuentro. No haber sabido desencantarme de la vida, sabiendo a cada paso que es mía la herida. No tener acaso dónde esconder la pena, dónde tirar la toalla, dónde meter la responsabilidad en un hueco más exacto, más justo, más idóneo que el de mis pupilas, el del aire que respiro, el de las manos que hacen o no.
—¿Estabas, pues, tan triste el día de las 43 veces? El Principito no respondió. Antoine de Saint-Exupèry
viernes, 3 de julio de 2015
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