domingo, 26 de julio de 2015

No lo busco y sin embargo él me encuentra: hay el vino tinto que me paladea la lengua, la llovizna leve que me moja los ojos, la niebla densa que me cubre las manos, el mar inmenso que me llena el aire de ecos antiguos y sal. Está el aceite de oliva que hace bullir las patatas, el aroma de la carne y la risa de los otros que esperan la comida que preparo suave mientras Norah Jones arrulla su propia voz entre el vapor y el aroma del orégano.
El placer, como siempre, me encuentra en las pequeñas cosas, las cotidianas, miradas (sentidas) en su centro.




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