No porque la lógica no tenga razones, sino porque no alcanzan, porque no lo agotan todo. Por eso hay que bailar. Hay que dejarse habitar por el latido de la sangre; atávica penetración, electricidad primaria que se comunica con las vibraciones del aire y despierta la carne absorta, la carne abyecta, la carne.
Bailar como amar. Bailar como escribir. Bailar como modo de entrar en ese otro mundo del otro lado de las cosas.
—¿Estabas, pues, tan triste el día de las 43 veces? El Principito no respondió. Antoine de Saint-Exupèry
jueves, 2 de julio de 2015
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