Circulo con las agujas el reloj. Doy vueltas en espiral, laberíntica, y a veces voy tan concentrada en el camino que llego a algún lado.
Quieta y silente, con el asombro del recién nacido, miro momentos pasados que se reproducen en las paredes del círculo (si me atraviesa la fulgurante oscuridad del centro para recrearlos, lo ignoro, pero es posible)
Entonces es sólo ternura lo que me embarga. Cada momento, cada dolor, cada mano abierta, cada herida, cada sonrisa limpia, cada abrazo-crisálida son fragmentos irrepetibles del aire vivo, son tibieza de sol de otoño, son cuentos conmovedores que se leen por la noche, antes de dormir, y nos abren la maravilla y el espanto del mundo, la trémula, sobrecogedora sensación de ser esto que se es, aunque no se sepa qué es exactamente.
A veces quisiera que exista dios, para (con todo) agradecerle el extraño regalo.
Quieta y silente, con el asombro del recién nacido, miro momentos pasados que se reproducen en las paredes del círculo (si me atraviesa la fulgurante oscuridad del centro para recrearlos, lo ignoro, pero es posible)
Entonces es sólo ternura lo que me embarga. Cada momento, cada dolor, cada mano abierta, cada herida, cada sonrisa limpia, cada abrazo-crisálida son fragmentos irrepetibles del aire vivo, son tibieza de sol de otoño, son cuentos conmovedores que se leen por la noche, antes de dormir, y nos abren la maravilla y el espanto del mundo, la trémula, sobrecogedora sensación de ser esto que se es, aunque no se sepa qué es exactamente.
A veces quisiera que exista dios, para (con todo) agradecerle el extraño regalo.
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