jueves, 7 de julio de 2016

Pongo el agua para el mate y me paro en la ventana a mirar. Cúmulonimbus (el único tipo de nube que consigo recordar cómo se llama). Abejas. Abejas como si fueran millones. Zumbido de abejas que se mezclan con truenos lejanos, hondos, guturales. Me descalzo y me paro en el sol que entra por la ventana. Las nubes se mueven apenas; hay en el aire una sensación de espera, de impasse. El trueno viene. También el sol. Los pájaros de pecho amarillo surcan, musicales, la ventana azul.
Todo se mueve lento sin embargo: el pasto sigue ondeando su alegre parsimonia, los perros recortados entre las margaritas. El agua del mate empieza a hacer ruido.
Y yo miro. Miro y oigo y siento. Y pienso cómo. Cómo es que conseguí olvidarme,  cómo es que me olvido tanto, tantas veces, de esta dulzura?.

No hay comentarios: