Entro de la terraza; de los viejos y sus cubatas y sus chistes que no me hacen reír y no me río: les dejo lo que piden y me voy en medio de la conversación que intentan tener conmigo. No sé cómo tengo trabajo todavía, a veces.
Entro y él me pide un café, y me quedo quieta mirándolo. La confianza nos mueve (el otro día me dijo:"yo te conozco", y a veces me parece que tiene algo de razón); me pregunta, sonriendo maliciosamente, qué me pasa.
-Pasa que yo a veces me pregunto: por qué no nací ameba, me querés decir?.
—¿Estabas, pues, tan triste el día de las 43 veces? El Principito no respondió. Antoine de Saint-Exupèry
lunes, 18 de julio de 2016
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