Oblígame a gritar al fin mi verdadero nombre
J . Cortázar
"Hasta eso te debo. La puta que te parió ...hasta eso."
Lo miro ir y venir dentro de la jarra; dar vueltas y vueltas en su mundo de plástico transparente. Hace cuatro días que paso a su lado cada diez minutos, y no lo había notado. Lo veo moverse de pronto, dorado y rojizo como un sol que muere, detrás del humo del cigarro.
Lo miro ir y venir dentro de la jarra; dar vueltas y vueltas en su mundo de plástico transparente. Hace cuatro días que paso a su lado cada diez minutos, y no lo había notado. Lo veo moverse de pronto, dorado y rojizo como un sol que muere, detrás del humo del cigarro.
Está dentro de la jarra de una licuadora. Esa es su pecera, su casa, su hábitat. Tan esta casa. Tan exactamente ésta casa.
Y pienso que antes hubiera sido una sensación oscura, incómoda la que me hubiera embargado.
Y pienso que antes hubiera sido una sensación oscura, incómoda la que me hubiera embargado.
Entonces lo pienso: "hasta eso te debo". Porque sólo después de que lo más maravilloso se convirtiera en lo más terrible podría yo mirar al pez con este delicioso espanto, con esta sonrisa simbólica, con esta sensación de resumen, de muerte viva, de Realidad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario