Hablar es hablarse
Julio Cortázar, en Los Reyes
Puedo jugar el juego secreto donde te hablo. No sos, no soy, y sin embargo las paredes se difuminan y algo existe; está la voz, caracol mudo, y algo puede ser dicho desde el delirio y la fiebre.
Me enfermo, me rompo, pero no puedo evitar la seducción de la danza que las palabras me susurran, el hechizo rojo en que la pulsión me arrastra, me rompe en mil pedazos. Debe ser dicho el conjuro que desde una región que ignoro me brota a borbotones; debe cortarse la cuerda que me latiguea la lengua desde adentro y saldrán entonces las palabras como en un ritual de magia negra en su propia, críptica cadencia.
Creo el monstruo que me devora; lo formo con cada silaba caliente y abierta. En humo que me ciega, canto, y es dulce el sonido que despertará a la bestia que beberá de mi sangre.
Me enfermo, me rompo, pero no puedo evitar la seducción de la danza que las palabras me susurran, el hechizo rojo en que la pulsión me arrastra, me rompe en mil pedazos. Debe ser dicho el conjuro que desde una región que ignoro me brota a borbotones; debe cortarse la cuerda que me latiguea la lengua desde adentro y saldrán entonces las palabras como en un ritual de magia negra en su propia, críptica cadencia.
Creo el monstruo que me devora; lo formo con cada silaba caliente y abierta. En humo que me ciega, canto, y es dulce el sonido que despertará a la bestia que beberá de mi sangre.
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