Sin embargo también la imagen es una cosa muerta. También la imagen adquiere sentido en nosotros, en nuestra forma de mirarla, de leerla.
El objeto creado, la imagen, es o puede ser un reflejo de una lectura previa que alguien intenta exteriorizar, o una mera casualidad resultante de un estado de cosas: la bicicleta contra una pared naranja descascarada, un modo de mirar, el vuelo de un pájaro, la gota del deshielo. Pero el canal se corta ahí, en la imagen misma, en su estar en el mundo de esa manera; es luego, en la visión e interpretación de esa imagen que los otros hacen, donde el mundo repite su ciclo de creación: la imagen es lo muerto que pare la vida que se genera a través de la lectura, del golpe de la sangre que aquello genera o no.
Los mundos particulares, asi, resultan privados, inconexos. De la palabra, de la imagen, de la palabra que nombra la imagen y que es resultado de su existir conjugado con el nuestro, de ahi nace el mundo, y la soledad.
Cómo se rompe ese ciclo?debe romperse?o es sólo así, en la concatenación de las diferentes miradas que puede existir? (hay, en fin, algo que pueda ser dicho realmente, que pueda ser aprehendido de manera cabal por un otro?. O es sólo en el intento de que así sea, en la terca, sagrada tarea, que tenemos posibilidad de ser hombres?)
Si el mundo es ese mosaico, esa pintura impresionista que sólo adquiere sentido vista desde lejos, es necesario descubrir en qué punto se unen los minúsculos cuadrados, el borde de los colores, la piel, el límite: lo que, al mismo tiempo, nos separa y nos une a esos Otros...
(Pero es que hay algo más, hay algo más denso aún, esperando: de la imagen que de nosotros tienen los otros, y viceversa, puede/debe/quiere algo ser dicho?. Cuánta responsabilidad, cuánta realidad existe en élla/s?. Y si de esa interpretación nace cualquier relación normalmente, es realmente posible conectarse mediante ellas?. Es decir: no habrá que traspasar la imagen, la lectura, la interpretación, la idea, la intelección, finalmente, para poder llegar a tocar francamente a un Otro? )
—¿Estabas, pues, tan triste el día de las 43 veces? El Principito no respondió. Antoine de Saint-Exupèry
jueves, 11 de febrero de 2016
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