Me vence el cansancio. Me acuesto fotofóbica, queriendo huír de no sé dónde. Por alguna razón que no alcanzo a precisar, lloro antes de irme en sueños.
Entonces lo veo: el bosque a cuyos pies duermo esta ahi, es el mismo. La misma es también esta noche. Pero yo, que estoy en la cama, estoy descalza en el borde del bosque, dándole la espalda a la Yo que duerme en la cabaña, enfrentando la espesa oscuridad del bosque, esperando. Esperando algo, no se qué -la Yo que duerme lo ignora -, pero esperando. En unos momentos asoma desde la sombra, lento, fluído, el refucilo leve de la espuma. Despacio, musical, mansamente, las olas van acariciando los arboles en la oscuridad, hasta que me mojan los pies en ese saludo nuestro que el mar y yo recreamos desde siempre. Miro mis pies mojados.
Sospecho que la Yo que duerme sonríe en sueños
—¿Estabas, pues, tan triste el día de las 43 veces? El Principito no respondió. Antoine de Saint-Exupèry
martes, 29 de diciembre de 2015
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario