jueves, 10 de diciembre de 2015

Me quedo quieta, casi ausente. Curiosamente, es cuando más presente estoy: cuando el nervio del Silencio me centellea dentro y no puedo mas que mirarlo, sentirlo. Hay una dimensión que se abre, entonces, y dentro todo es oscuridad y acecho de tigres poderosos, totémicos. Las cosas se vuelven cosas, todo es extraño, de pronto. Hay algo rondándolo todo, yo lo siento. Algo que se mueve sigiloso, exacto, como un cetáceo inmenso en la profunda oscuridad de la noche y el océano:  sólo el sonido del agua lo delata. Sólo la quietud lo revela.
Entonces vos, que no estás, me preguntás divertido "en qué piensas?", y yo despierto o me vuelvo a dormir, y pestañeo rápido y salgo del trance inadvertido casi sorprendida, pensando en cuánto dice de lo poco que me conocés esa pregunta que no hacés y que, sin embargo, me parece hasta cándida, hasta inocente.

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