domingo, 13 de diciembre de 2015

Cuando mi hijo nació sanó, no pregunté por qué.  Por qué tenía tanta suerte?. Qué había hecho para merecer este hijo perfecto, está vida perfecta?. Pero cuando enfermó, pueden apostar que pregunté por qué!. Exigí saber por qué!. Por qué me pasaba esto?

Dialogo de la película "Despertares"


Me siento a tomar mate, dormida aún.  El radiador me calienta las piernas y el aire; fuera, el viento ruge como hace tiempo no lo sentía, y el pino que la ventana me ofrece se mece dócil, entregado, propio.
Hace frío.  Mucho frío.
Escucho una canción venida de algún lugar de la memoria; una canción en portugués que me habla sobre todo de élla, que es quien me la dio a conocer hace ya años. 
En unos minutos tengo que vestirme e ir a trabajar. Me resisto, me enojo.   Quiero quedarme escondida mirando el pino. Quiero sentir el agua caliente que me lleva a casa pasar lenta por mi garganta y quedarme quieta y mirar, nada más. 
La canción dice
" Penso que cumprir a vida
Seja simplesmente
Compreender a marcha
E ir tocando em frente "

De pronto recuerdo un poema, no se de quién, que habla del sabor de las fresas, y de que uno nunca se pregunta por el sabor de las fresas, sino que lo disfruta (el viento le echa encima al pino un manto de bruma). Y recuerdo Despertares, esa cita que fue la que más me gustó cuando la vi. Y pienso en el mate, y en el calor de mis piernas y en el pino que miro y en el amor que me trae la música y en la ropa que visto y en las manos que, aunque no me toquen ahora, existen. Todo refulge, de pronto.
La fresa. La marcha. Cada segundo. Sentir. Despertar. El regalo.

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