lunes, 13 de junio de 2016

Ella se va cuando empieza la canción; me dice burlona "tú quédate bailando". Le saco el parlante por la ventana. Se ríe mientras baja la escalera.
Yo me pongo el parlante en el pecho y bailo, bailo, bailo. La vibración de la música me atraviesa. Bailo y me olvido de todo; doy vueltas en medias por el suelo de madera y sonrío y me río y cuando, agotada, luminosa, el corazón parece que se me va a salir del pecho, paro.
Paro y me agradezco no haber muerto del todo; paro y le agradezco a la Vida que la música todavía me lleve a esa región donde puedo no pensar, dónde sólo soy pulsión,  soy viento, Soy.

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