domingo, 19 de junio de 2016

Casi siempre estoy llegando tarde y mientras espero para cruzar la calle un coche pasa ráudo y me empapa de agua marrón; quedo quieta en el cordón de la vereda, sin entender.
Pero otras veces le pido a élla antes de cerrar -después de un día de esos que conviene olvidar- que ponga el temporizador del móvil para que suene en un minuto, y ella, intrigada, lo pone. Entonces yo pongo música en el móvil y bailamos, con la cafetería cerrada, después de once horas de vértigo y 200 personas entre 4, un minuto exacto. Y seguimos trabajando.



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