viernes, 10 de junio de 2016

Me encantan esos brevísimos, ínfimos signos que anuncian otro estado de cosas, que señalan un pasaje también mínimo, pero cierto; un más allá.
Como que en un momento dado yo diga lo mismo -exactamente lo mismo, en el mismo tono, con la misma expresión y en el mismo ámbito- que hace dos meses atrás,  y ella ahora se ría aunque todos la miren sin entender por qué,  porque sabe que yo me estoy riendo aunque esté perfectamente seria.
Me encantan esas pequeñas, luminosas sutilezas que se abren con la intimidad.

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