De pronto todo el mundo sabe que escribo. No sé cómo. Se los dije?. No, yo no. Bueno, qué más da; es una novedad.
Todos saben, pero nadie sabe qué.
Todos saben y resulta gracioso que se imaginen algo a través de eso; lo mismo que por verme andar con la cámara me digan cuando viene más o menos al caso "tu que eres fotógrafa... ". Es curiosa la gente.
Y como todos saben, todos me hablan en algún momento de algo relacionado. Él el otro día, mientras hablábamos de las diferencias entre escribir en digital y en tinta, me pidió que leyera un blog para darle mi opinión. No me dijo de quién es, y no importa. Pero es curioso. Es curioso porque yo, en lugar de entender más con los años, cada vez entiendo menos.
Pero igual entro al blog; no para darle mi opinión (de qué? Para qué? ) sino porque me da curiosidad lo que quiere mostrarme. Así que entro y sí, la muchacha en cuestión escribe muy bien; una prosa muy clara, cristalina. La foto de la cabecera me encanta. Es casi periodístico el asunto, lo cual me produce admiración (soy perfectamente incapaz de ser clara, maciza, coherente, sobre todo el escribir ) pero no me mueve un pelo ("Y por qué tendría que emocionarme? -me pregunto, inevitablemente Yo-...porque sí, joder, porque es lo que a mi me sirve y punto, qué tanto?!")
Me detiene ("'me detiene': esa es la expresión ") la sensación de público. Ese ser hacia afuera, ese ser para los otros, de algún modo.
Ese, el escollo más grande que tuve que saltar cuando era chica; ese por el que dejé de escribir; ese con el que seguiré rompiéndome la crisma hasta que lo haga saltar en mil pedazos.
Encontrar la textura de la propia voz aunque nadie la escuche, aunque nadie jamas la lea; aunque la lea todo el mundo; aunque la lea los que nos conocen o creen conocernos, los que no nos conocen o querrían hacerlo. Acariciar las plumas del pájaro mojado lentamente; arrullarlo para que no tenga miedo mientras su corazón diminuto late en nuestras palmas como si fuera a salirse de su pecho, y que sólo exista él; su breve pulso de sangre.
Luchar a cada segundo con la mirada propia y la del otro. "Una lucha. Escribir es una lucha contra la vanidad de escribir."
Y saber, sobre todo saber y no olvidar, que tampoco eso importa. Y saber que nos equivocaremos. Y nos traicionaremos. Y no.
Y seguir.
—¿Estabas, pues, tan triste el día de las 43 veces? El Principito no respondió. Antoine de Saint-Exupèry
jueves, 9 de junio de 2016
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario