En esos días de silicio, inevitablemente imbécil, en los que me abandono con el oscuro disfrute del no esfuerzo a la lástima propia, consciente del movimiento que por ello se vuelve inexplicablemente doloroso ("será la vieja costumbre del regodeo cristiano en la culpa", me digo socarronamente a veces, por si la lástima no alcanza y tuviera que recurrir al cilicio), lo pienso.
"De dónde lo saqué? . Es que no aprendí nada?. De dónde se me ocurrió a mi que podía tener ese tipo de relación con un otro?de dónde???."
Luego me río (me sonrío, mejor dicho: una mitad de la boca se arquea extrañamente y resoplo por la nariz un segundo) tristemente de mi soberbia y me voy a dormir, confundida, pensando en lo buena sádica que sería si se me diera por ahí. Debería plantearmelo seriamente.
—¿Estabas, pues, tan triste el día de las 43 veces? El Principito no respondió. Antoine de Saint-Exupèry
lunes, 13 de junio de 2016
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