lunes, 13 de junio de 2016

En esos días de silicio, inevitablemente imbécil, en los que me abandono con el oscuro disfrute del no esfuerzo a la lástima propia, consciente del movimiento que por ello se vuelve inexplicablemente doloroso ("será la vieja  costumbre del regodeo cristiano en la culpa", me digo socarronamente a veces, por si la lástima no alcanza y tuviera que recurrir al cilicio), lo pienso.
"De dónde lo saqué? . Es que no aprendí nada?. De dónde se me ocurrió a mi que podía tener ese tipo de relación con un otro?de dónde???."
Luego me río (me sonrío, mejor dicho: una mitad de la boca se arquea extrañamente y resoplo por la nariz un segundo) tristemente de mi soberbia y me voy a dormir, confundida, pensando en lo buena sádica que sería si se me diera por ahí. Debería plantearmelo seriamente.

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