Desde que nos conocemos me decía que ese libro la hacía acordar a mi.
Ella, que es todo misterio y todo sensación; élla que siempre me habla como si yo entendiera perfectamente de cosas que no entiendo, que tiene esa generosidad inmensa de abrirse para mi y dejarme hablarle también de cosas que pareciera que entiendo perfectamente pero que tampoco entiendo. Élla, que me abraza celeste lago y nos vuelve barquitos de vaivén musical en la cocina de su casa; que se encuentra conmigo en la región donde no hay palabras.
Me dijo que me lo iba a regalar(toda la gente que es conmovedoramente importante para mi me ha regalado un libro, pienso de pronto), y lo hizo: lo buscamos juntas la última vez que estuvimos juntas (y ella lloraba porque yo me iba, y yo me iba en sus lágrimas, me hacía agua ahí, en el latido dolorosamente dulce y luminoso de la sorpresa y el amor ), porque no lo encontraba.
Lo leo hoy, a 11000km y más de un año de distancia. Y me siento traidora y sabia cuando lo cierro cada vez que termino de leer un poco y pienso, siento, que no me importa mucho lo que dice, que el regalo no son las palabras ni las sensaciones que suscita, sino su recuerdo, los subrayados que hizo y los papelitos que dejó entre las hojas; saber que sus ojos anduvieron estos los mismos renglones, que su aliento tocó las mismas páginas que ahora toca el mío, y sobre todo, la dedicatoria:"Para un corazón como el mío", puso.
Me siento latir nuestros corazones, mientras lo leo.
—¿Estabas, pues, tan triste el día de las 43 veces? El Principito no respondió. Antoine de Saint-Exupèry
jueves, 22 de octubre de 2015
Poética del espacio
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