jueves, 22 de octubre de 2015

Poética del espacio

Desde que nos conocemos me decía que ese libro la hacía acordar a mi.
Ella, que es todo misterio y todo sensación; élla que siempre me habla como si yo entendiera perfectamente de cosas que no entiendo, que tiene esa generosidad inmensa de abrirse para mi y dejarme hablarle también de cosas que pareciera que entiendo perfectamente pero que tampoco entiendo. Élla, que me abraza celeste lago y nos vuelve barquitos de vaivén musical en la cocina de su casa; que se encuentra conmigo en la región donde no hay palabras.
Me dijo que me lo iba a regalar(toda la gente que es conmovedoramente importante para mi me ha regalado un libro, pienso de pronto), y lo hizo: lo buscamos juntas la última vez que estuvimos juntas (y ella lloraba porque yo me iba, y yo me iba en sus lágrimas, me hacía agua ahí, en el latido dolorosamente dulce y luminoso de la sorpresa y el amor ), porque no lo encontraba.
Lo leo hoy, a 11000km y más de un año de distancia. Y me siento traidora y sabia cuando lo cierro cada vez que termino de leer un poco y pienso, siento, que no me importa mucho lo que dice, que el regalo no son las palabras ni las sensaciones que suscita, sino su recuerdo, los subrayados que hizo y los papelitos que dejó entre las hojas; saber que sus ojos anduvieron estos los mismos renglones, que su aliento tocó las mismas páginas que ahora toca el mío, y sobre todo, la dedicatoria:"Para un corazón como el mío", puso.
Me siento latir nuestros corazones, mientras lo leo.

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