jueves, 1 de octubre de 2015

En una linea de tiempo, cada momento, cada cada gesto, cada punto es una puerta. Se abandona la bidimensionalidad y se cae ciegamente en una profundidad atestada de símbolos y significados y raíces y reveses. El hombrecito bidimensional camina de canto sobre cada punto del gráfico y desaparece a cada instante embebido, imbuido; partícula que se hunde en el vértice profundo, perpendicular del gráfico, hacia dentro del gráfico, hacia dentro de la forma de mirar, de oler un libro, de mover la mano derecha al pronunciar la palabra "eclosión " o sentir el peso de una pluma caída.
Por eso es difícil andar y hablar y decir. Por eso: me caigo y salgo, cada vez, de las dimensiones insospechadas de cada cosa; me obnubila la profunda oscuridad, la cuna, la matriz de los puntos.

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