Y cuando por lo que ahora es la carne de mi pantorrilla derecha
(que miro con curiosidad de pronto, cruzada
sobre mi muslo izquierdo,
como si la viera por primera vez)
trepen gusanos blancos, diminutos, ciegos
nada podrá quitarme la quietud de esta tarde de lluvia
el martillo muerto del segundero del reloj
el aire que ahora respiro y que entonces también será
-como decía Borges de la lluvia-
algo que sucede en el pasado
el libro abierto sobre la mesa y la luz
sobre la calma y el silencio
Este secreto, éste, ahora
será mío por siempre
cuando nadie haya ya para medirlo
(Y esa, la del Pretérito perfecto -perfecto pretérito, tan angular, tan exacto-, es la única eternidad
que nos está permitida)
—¿Estabas, pues, tan triste el día de las 43 veces? El Principito no respondió. Antoine de Saint-Exupèry
lunes, 19 de octubre de 2015
Eternidad
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