lunes, 19 de octubre de 2015

Distancia

(...)
Yo no sé cuántos soles le quedan a mi pecho,
yo sé que ha sido bueno vivir y alzo estos años
como una ofrenda ardiendo.
Por encima del toro de sombra de los días,
por encima del asco y el miedo y los espejos,
he llegado hasta aquí.


Pedro Mairal

Entre aquélla y ésta están
La niña que huye a los gritos del mar
pero se ríe a carcajadas bajo la canilla
La que termina en el hospital
porque se mete una flor y una tuerca en la nariz
La que vuela tres metros por la gracia
de un caballo que la espanta cual mosca
La que pesca renacuajos con las manos y las primas
en el arroyito de al lado de su casa en Moreno
La que despierta a mamá porque tiene pesadillas
y la mandan rezar para dormirse
(cosa que jamás funcionó )
La que sueña o ve al diablo
ahorcado en el árbol de la colina
La que no quiere entrar a casa porque ha llovido
y hay un sapo enorme en la puerta
La que en el jardín de infantes
le planta una rueda en la cabeza al niño más bravo
por defender al noviecito
La que maravilla a los maestros
La que se gana el apodo de "saltarina"
en el almacén de los tanos de abajo de casa
La que se imagina que cuando uno baja del colectivo
el cartel del "mire atrás al bajar" está ahi
porque sale un muñequito a saludarnos, cuando bajamos
La que descubre el dolor del Otro
cuando la mejor amiga no la elije
La que se agarra a piñas con los varones
La que se despierta en un coche hecho cama en la ruta,
al lado de los hermanos,
y se queda quieta mirando las estrellas
y sintiendo el calor de los cuerpos
La que no sale del mar más que para comer y dormir
La que descubre los libros como una forma de estar
en otro lado
La que se da cuenta de que no puede ser monja
porque le gustan mucho los varones
La que en secreto pesca sin carnada
para no lastimar a los peces
La que mira durante quince minutos el atardecer violeta sobre el Paraná,
para grabarlo en la mente porque es demasiado hermoso
La que da su primer beso porque la desafían
La que compara el crecimiento de vello púbico con las amigas
encerradas en el baño del colegio
La que sale despacio de casa, se sienta en un charco de lluvia y descubre la maravilla del agua que cae
La que se roba una sidra con las primas  el dia de navidad
porque quiere saber de qué va eso
La que traiciona por primera vez
por vergüenza
La que nunca se lleva una materia
La que discute con los profesores
La que se enamora de un chico que parece que si pero no
y parece que no pero si
La que le lee a las amigas, en los recreos, lo que escribe
La que nunca dio un beso "de verdad"
La que piensa una tarde, cruzando un puente,
que si la gente se diera cuenta de lo grande que es Dios
(entonces, con mayúscula ) todo seria distinto
La que va a misionar y descubre el peso de las cosas
La que piensa otra tarde, en casa, que si los Manuscritos de los sabios de Sion era un libro falso, por qué no habría de serlo la biblia
La que va por primera vez a España y descubre la consistencia de las cosas
La que se enoja porque si sale con un escote los tipos parecen hienas hambrientas
La que termina el colegio y no sabe qué hacer sin esa máscara
La que se pasa dos años encerrada en casa, escondiéndose de la vida
La que se maravilla de la vida de los otros
en la facultad de Filosofía,
pero también se siente intrusa allí
La que ve romperse en mil pedazos el mundo
por primera vez
La que decide una noche, en una ventana de Santiago de Compostela,
que si ha de volver a Buenos Aires,
no ha de volver a la vida que dejó
La que empieza a trabajar y se entera de que puede
La que saluda a los 30 compañeros con un abrazo
La que aprende y sirve y sabe, con sorpresa
La que se baja del colectivo durante una semana una parada antes
para pasar por la puerta de la casa de la amiga,
sin ir y sin saber por qué
La que se entera de que a la semana la amiga se pega un tiro
La que se va al mar sola, pensando en la muerte
La que se toma el tren todos los días mirando las vías , pensando en lo fácil que sería
La que escribe en el trabajo en los post its y termina el dia con el bolsillo lleno de papelitos de colores
La que discute con los jefes
La que cambia de trabajo y recuerda aquello del "tiempo interno" en la literatura
La que entiende por qué la gente que trabaja en el centro es tan infeliz
La que, por azar y una cuenta de correo, conoce sin saberlo a la gente que trazará su porvenir
La que se da cuenta de que, al final, no estaba loca: sólo le faltaba con quien ser cuerdo
La que reconoce en un abrazo en la puerta de un cine,
un hogar desde siempre y para siempre
La que siente que un golpecito en el pecho cambia la película de blanco y negro a technicolor la primera vez que él está dentro suyo
La que decide que no puede querer a medias, y lo dice sentada en un banco verde
La que a fuerza de palabras, crece el alma
La que ve romperse el mundo en mil pedazos
por segunda vez
La que descubre en el Retiro que, con todo, las cosas tienen sentido si está de su mano
La que fracasa en su intento de que lo que es haya sido
y nada más
La que habla
La que llega a la cima
La que se despide de todo
La que es bienvenida
La que ama como no sabía que se podía
La que monta en piragua, planta patatas, busca setas, toca castillos milenarios, llora de felicidad, hace leña, fotos en charcos de agua, orbita otras manos frente al fuego, se siente benditamente hembra, cuida, pinta vitrales, corta escalones,  rellena formularios de hospitales, llora en los ascensores para que él no la vea, se desespera
La que se entera que su padre ha muerto a 60km de cualquier abrazo conocido
La que decide quedarse porque él todavía está aquí, y es aquí donde sirvo para algo
La que sufre como no sabía que se podía
La que se va
La que camina a ciegas
La que hoy, a sus 33 años,
mira la lluvia tras un cristal en Galicia y piensa:
Gracias




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