Le siento las costillas, de costado en la oscuridad. De a una las vigilo, curiosa. El ombligo, la leve dureza del vientre bajo la grasa; la hondonada de la cintura, la curva de la cadera. Juego un poco sobre el filo del muslo derecho.
Dormida aún, o tal vez algo más despierta, me oigo pensar "mi cuerpo es algo que un día empezó".
Pasan los años y no dejo de asombrarme.
—¿Estabas, pues, tan triste el día de las 43 veces? El Principito no respondió. Antoine de Saint-Exupèry
viernes, 16 de octubre de 2015
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