martes, 27 de octubre de 2015

Que eso sí lo iba a extrañar: el espacio que yo era para jugar con las palabras. Que eso que le había dado no lo había tenido nunca antes y sabía que no volvería a tenerlo.
Con los ojos hechos agua me lo dijo, ese día.  Con las manos rojas y el fuego quemando el cuerpo.
Yo lloraba. El me dijo -enfatizado el gesto, entrecerrando los ojos-  "estás preciosa". Sentí que me clavaba una daga muy filosa, plateada, brillante, limpia.
Las palabras. Las palabras que nos unieron, las palabras que nos separaron. Las palabras que anduvimos y abrimos y miramos.
Las palabras que se volvieron bloques de cemento sin inscripciones legibles. Las palabras que te cerraban el paso, que te impedían ver. Las palabras...
Yo extrañaba tu aire. Tu modo de mirar. Tu olor. Tus gestos. Tu forma de darte. Tu confianza. Tu voz.
Tu voz: no tus palabras.

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